Antoinette: 28 meses

 El sueño de la Mariposa – 莊周夢蝶
“昔者莊周夢為蝴蝶,栩栩然蝴蝶也,自喻適志與,不知周也。俄然覺,則蘧蘧然周也。不知周之夢為蝴蝶與,蝴蝶之夢為周與?周與蝴蝶則必有分矣。此之謂物化”  Zhuangzi – Filósofo chino. 
“Zhuangzi dreamed he was a butterfly” (莊周夢蝶) “Once Zhuangzi dreamt he was a butterfly, a butterfly flitting and fluttering around, happy with himself and doing as he pleased. He didn’t know he was Zhuangzi. Suddenly he woke up and there he was, solid and unmistakable Zhuangzi. But he didn’t know if he was Zhuangzi who had dreamt he was a butterfly, or a butterfly dreaming he was Zhuangzi. Between Zhuangzi and a butterfly there must be some distinction! This is called the Transformation of Things. (Burton Watson)

Watson le llama la transformación de las cosas, pero yo prefiero los argumentos de Borges en su ensayo “Una nueva refutación del tiempo”: Zhuangzi soñó que era una mariposa, y al despertar no sabía si era Zhuangzi que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa que estaba soñando que era Zhuangzi. Si nos atenemos a la doctrina idealista resulta evidente que mientras Zhuangzi soñó que era una mariposa existían para él la serie de los estados mentales constitutivos del sueño únicamente, y en los cuales él era una mariposa. La fijación del sueño de Zhuangzi en el período feudal de la China, o de cualquier suceso en determinada cronología, dirá Borges, resulta arbitraria; ella no aparece referenciada en las percepciones del sueño. En otro pasaje del mismo texto Borges abunda en la idea: «El universo, la suma de todos los hechos, es una colección no menos ideal que la de todos los caballos con que Shakespeare soñó -¿ uno, muchos, ninguno ?- entre 1592 y 1594». Porque nuestra vida diurna, como la de los sueños, consta de percepciones, lo que es válido para la última lo es también para la primera. Ergo, las cronologías, el tiempo, no son más que una construcción del hombre, en última instancia una ficción, y lo único real sería el instante.

En el instante que tomé la foto con la cámara de BW, Antoinette tenía 28 meses y estaba profundamente sumida en su sueño, el sueño de los niños, el sueño de la inocencia. El sueño que les hace parecer que todo es posible, todo es tan pero tan real: los monstruos, San Nicolás, Papá Noel. Todo está mezclado, la realidad y los sueños, y a la vez olvidan las cosas superficiales y las cosas importantes se les graban a fuego en algún lugar que todavía el ser humano no pudo materializar. Pero supongamos que es el alma. 

Llevamos varios días durmiendo mal, con los horarios cambiados, algo pasa, no sabemos que. Se despierta llorando, yo la consuelo, dejamos el velador prendido, se vuelve a dormir. Se despierta a cualquier hora y quiere dormir en horarios extraños. 

Fuimos a una de las fiestas de la escuela y ella bailó y jugó con los chicos hasta el cansancio, la fiesta terminó, ella lo entendió perfectamente, entonces se despidió de todos y como si supiera perfectamente a donde iba nos dijo adiós con la mano e intentó irse. Le resultó gracioso que la detuviera, y entre mimos le puse su chaqueta y la amarré en su coche donde va metida en el polar. 

No puedo pensar en el tiempo, cada día es tan intenso, cada instante es tan intenso, que pierdo la noción del tiempo. Ella es otra persona y eso lo entiendo perfectamente, pero ella es la persona que más me duele. Las dos estamos sumidas en una simbiosis que no sé hasta que punto es sana. 

Me lo ha dicho muchas veces Li, me lo ha dicho muchas veces BW, minutos antes de abrir la puerta cuando llego a casa, ella camina hacia la puerta y me llama, en su medio chino “mamma mamma”. Y yo cuando me voy acercando a casa, puedo sentir que me llama y me desespero. ¿Será esto el apego? 

Leyendo a Watson encontré el poema de Zhuangzi, y entonces me acordé que lo había leído en el ensayo de Borges. Y para mi, leer ese poema, es como describir a Antoinette. A esa personita que todo el día va de acá para allá, y que desde que nació me hizo perder la noción del tiempo. Entonces cuando volví de trabajar, y me la encontré con alas de mariposa -que le había regalado L. para navidad-, no pude evitar recordad el poema, recordar a Borges, y pensar que la vida era ese instante, tan acertado como lo explica Borges, y … there is no time, just this instant. Antoinette no es como yo, es diferente, ella no es realista, ella es feliz en su burbuja, y aunque sé que es parte de su inocencia, porque aún es tan chiquita, tengo el presentimiento que ella será así toda su vida. Y eso me alivia, porque mi realismo y mi oscuridad nunca me permiten disfrutar y entonces solo el hecho de pensar que Antoinette si va a disfrutar mucho de todo -o quizás es simplemente mi deseo- me alienta a pensar que todo va a estar bien, independientemente de que yo esté o no. 

Porque cuando miro estas fotos, siento una curiosidad enorme por saber que piensa, tengo ganas de meterme en su mundo y ver como es, que colores tiene, que olores hay … 

 Pintando con acuarelas
Cuando el arte traspasa el papel
Navidad
Con la música a todas partes
Antoinette es muy especial para mi, pero también es muy especial para muchas personas, y yo quiero estar ahí para protegerla, porque su sueño es demasiado bonito. 
Y entonces vuelvo a leer el ensayo de Borges y lo comparto (Porque Borges era ciego, pero podía ver mucho más que los ojos con la vista más perfecta): “Admitido el argumento idealista, entiendo que es posible —tal vez, inevitable— ir más lejos. Para Berkeley, el tiempo es “la sucesión de ideas que fluye uniformemente y de la que todos los seres participan” (Principles of Human Knowledge, 98); para Hume, “una sucesión de momentos indivisibles” (Treatise of Human Nature, I, 2, 3). Sin embargo, negadas la materia y el espíritu, que son continuidades, negado también el espacio, no sé con qué derecho retendremos esa continuidad que es el tiempo. Fuera de cada percepción (actual o conjetural) no existe la ma­teria; fuera de cada estado mental no existe el espíritu; tampoco el tiempo existirá fuera de cada instante presente. Elijamos un momento de máxima simplicidad: verbigracia, el del sueño de Chuang “Tzu (Herbert Allen Giles: Chuang Tzu, 1889). Éste, hará unos veinticuatro siglos, soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mari­posa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. No con­sideremos el despertar, consideremos el momento del sueño; o uno de los momentos. “Soñé que era una mariposa que andaba por el aire y que nada sabía de Chuang Tzu”, dice el antiguo texto. Nunca sabremos si Chuang Tzu vio un jardín sobre el que le parecía volar o un móvil triángulo amarillo, que sin duda era él, pero nos consta que la imagen fue subjetiva, aunque la suministró la memoria. La doctrina del paralelismo psicofísico juzgará que a esa imagen debió de corresponder algún cambio en el sistema nervioso del soñador; según Berkeley, no existía en aquel momento el cuerpo de Chuang Tzu, ni el negro dormi­torio en que soñaba, salvo como una percepción en la mente divina. Hume simplifica aun más lo ocurrida. Según él, no existía en aquel momento el espíritu de Chuang Tzu; sólo existían los colores del sueño y la certidumbre de ser una mariposa. Existía como término momentáneo de la “colección o conjunto de per­cepciones” que fue, unos cuatro siglos antes de Cristo, la mente de Chuang Tzu; existían como término n de una infinita serie temporal, entre n — I y n + I. No hay otra realidad, para el idea­lismo, que la de los procesos mentales; agregar a la mariposa que se percibe una mariposa objetiva le parece una vana duplicación; agregar a los procesos un yo le parece no menos exorbitante. Juzga que hubo un soñar, un percibir, pero no un soñador ni siquiera un sueño; juzga que hablar de objetos y de sujetos es incurrir en una impura mitología. Ahora bien, si cada estado psíquico es suficiente, si vincularlo a una circunstancia o a un yo es una ilícita y ociosa adición, ¿con qué derecho le impondre­mos después, un lugar en el tiempo? Chuang Tzu soñó que era una mariposa y durante aquel sueño no era Chuang Tzu, era una mariposa. ¿Cómo, abolidos el espacio y el yo, vincularemos esos instantes a los del despertar y a la época feudal de la historia china? Ello no quiere decir que nunca sabremos, siquiera de manera aproximativa, la fecha de aquel sueño; quiere decir que la fijación cronológica de un suceso, de cualquier suceso del orbe, es ajena a él, y exterior. En la China, el sueño de Chuang Tzu es proverbial; imaginemos que de sus casi infinitos lectores, uno sueña que es una mariposa y luego que es Chuang Tzu. Imaginemos que, por un azar no imposible, este sueño repite puntualmente el que soñó el maestro. Postulada esa igualdad, cabe preguntar: Esos instantes que coinciden ¿no son el mismo? ¿No basta un solo término repetido para desbaratar y confundir la historia del mundo, para denunciar que no hay tal historia?

      Negar el tiempo es dos negaciones: negar la sucesión de los términos de una serie, negar el sincronismo de los términos de dos series. En efecto, si cada término es absoluto, sus relaciones se reducen a la conciencia de que esas relaciones existen. Un estado precede a otro si se sabe anterior; un estado de G es contemporáneo de un estado de H si se sabe contemporáneo. Contra­riamente a lo declarado por Schopenhauer[2] en su tabla de verdades fundamentales (Welt als Wille and Vorstellung, II, 4), cada fracción de tiempo no llena simultáneamente el espacio entero, el tiempo no es ubicuo. (Claro está que, a esta altura del argu­mento, ya no existe el espacio.)
      Meinong, en su teoría de la aprehensión, admite la de objetos imaginarios: la cuarta dimensión, digamos, o la estatua sensible de Condillac o el animal hipotético de Lotze o la raíz cuadrada de — I. Si las razones que he indicado son válidas, a ese orbe ne­buloso pertenecen también la materia, el yo, el mundo externo, la historia universal, nuestras vidas.
      Por lo demás, la frase negación del tiempo es ambigua. Puede significar la eternidad de Platón o de Boecio y también los dile­mas de Sexto Empírico. Éste (Adversus mathematicos, XI, 197) niega el pasado, que ya fue, y el futuro, que no es aún, y arguye que el presente es divisible o indivisible. No es indivisible, pues en tal caso no tendría principio que lo vinculara al pasado ni fin que lo vinculara al futuro, ni siquiera medio, porque no tiene medio lo que carece de principio y de fin; tampoco es divisible, pues en tal caso constaría de una parte que fue y de otra que no es. Ergo, no existe, pero como tampoco existen el pasado y el porvenir, el tiempo no existe. F. H. Bradley redescubre y mejora esa perplejidad. Observa (Appearance and Reality, IV) que si el ahora es divisible en otros ahoras, no es menos complicado que el tiempo, y si es indivisible, el tiempo es una mera relación entre cosas intemporales. Tales razonamientos, como se ve, niegan las partes para luego negar el todo; yo rechazo el todo para exaltar cada una de las partes. Por la dialéctica de Berkeley y de Hume he arribado al dictamen de Schopenhauer: “La forma de la apa­rición de la voluntad es sólo el presente, no el pasado ni el por­venir; éstos no existen más que para el concepto y por el enca­denamiento de la conciencia, sometida al principio de razón. Nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro: el pre­sente es la forma de toda vida, es una posesión que ningún mal puede arrebatarle… El tiempo es como un círculo que girara infinitamente: el arco que desciende es el pasado, el que asciende es el porvenir; arriba, hay un punto indivisible que toca la tan­gente y es el ahora. Inmóvil como la tangente, ese inextenso punto marca el contacto del objeto, cuya forma es el tiempo, con el sujeto, que carece de forma, porque no pertenece a lo co­nocible y es previa condición del conocimiento” (Welt als Wille und Vorstellung, I, 54). Un tratado budista del siglo V, el Visud­dhimagga (Camino de la Pureza), ilustra la misma doctrina con la misma figura: “En rigor, la vida de un ser dura lo que una idea. Como una rueda de carruaje, al rodar, toca la tierra en un solo punto, dura la vida lo que dura una sola idea” (Radhakrish­man: Indian Philosophy, I, 373). Otros textos budístas dicen que el mundo se aniquila y resurge seis mil quinientos millones de veces por día y que todo hombre es una ilusión, vertiginosamente obrada por una serie de hombres momentáneos y solos. “El hombre de un momento pretérito —nos advierte el Camino de la pureza— ha vivido, pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del momento presente vive, pero no ha vivido ni vivirá” (obra citada, I, 407), dictamen que podemos comparar con éste de Plu­tarco (De E apud Delphos, 18): “El hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana.”

      And yet, and yet…
 Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espan­toso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El ‘mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciada­mente, soy Borges.”        

File:Zhuangzi-Butterfly-Dream.jpg
foto tomada de Google

Happy Holidays:)

¿Será la edad? Un día me encontré explicándole a mis alumnos la palabra “carnaval”, su origen en el vocablo latín “carnevale”. La prohibición de comer carne en la cuaresma, ante la atenta y curiosa mirada de mis estudiantes. Y en vez de usar la palabra religión usé las palabras “tradiciones cristianas”. Y un día me empecé a volver “diplomática”, a tratar de explicar las cosas sin herir susceptibilidades. Pero solo con mis alumnos, que conste.

Mis alumnos y yo, no hemos celebrado navidad como otros años, les expliqué que en mi casa solo a mi me gusta la idea de navidad, porque BW es ateo. Y Antoinette no entiende mucho todavía. No hemos comprado regalos, aunque Antoinette si ha recibido regalos que le han hecho otras personas.

En la clase de hoy, nos hemos globalizado, y nos hemos vuelto más tolerantes. Ya no hablamos de razas, sino de etnias. Esta humanidad de la que tanto nos quejamos, ha hecho muchas cosas malas, pero también trata de hacer muchas cosas buenas.

Ojalá hubiera un mundo más tolerante con las diferencias! Ojalá pudiéramos ser mas respetuosos de las diferencias!

Porque como cualquier día de semana, hoy 25 de diciembre, yo me pasé toda la mañana dando clases:) Pero estaba tranquila, porque Antoinette estaba en casa con BW, y estaba segura que se lo estaban pasando en grande:)

Nos prometimos que a partir de hoy, vamos a hacer un proceso de perdonar y limpiar profundamente, lo que se dice: zanjar cuestiones:) Ellos también tienen esta costumbre que comienza unos diez días antes del año nuevo chino, cuando hacen una limpieza profunda en sus casas.

Nos reímos mucho!

Y no, no hemos celebrado navidad como otros años, con comida y música, hemos celebrado una navidad muy simple, pero muy profunda! Hemos hablado sobre el carnaval y las caretas que llevamos puestas, y hemos hablado de la necesidad de hacer catarsis.

Trabajar con jóvenes/adolescentes es la tarea más gratificante que pude haber hecho en mi vida. No hay nada que me complazca más!

Hemos hablado sobre ser incomprendidos, no escuchados, ridiculizados, presionados, etc. Y hemos hablado sobre esas cosas que nos hacen más fuertes, más resistentes y más perseverantes. Hemos hablado en español, y ese es el mejor regalo que me han podido dar: confiar en mi, para que les enseñe, para que comparta con ellos mis conocimientos.

Navidad no es nieve, un señor mayor vestido de rojo “consumismo”, no nos engañemos. Navidad es ese calor que nos cobija y nos hace sentir amados.

Este año nuestro arbolito fue más especial aún porque pusimos un par de kois rojos, esos pecesitos que en la mitología china simbolizan longevidad, resistencia y persistencia. Porque son muchas las veces que sentimos que nuestra vida es una carrera de obstáculos:)

Feliz Navidad! Feliz equinoccio de invierno! Feliz Hanuca! O lo que corresponda según tus creencias:)

Feliz Dongzhi! 冬至快乐!

En China hoy se celebra el solsticio de invierno, más conocido en estas tierras como el Festival del Dongzhi. Es una fiesta muy importante, sobre todo en el sur de China, donde las familias se reúnen y suelen degustar unos deliciosos “tangyuan” (汤圆), una bolas dulces hechas de arroz glutinoso que suelen estar rellenas con una pasta de sésamo. Se sirven en un cuenco con una sopa -dulce-, y suelen acompañarse con flores de guihua (桂花). También es una buena ocasión para beber abundante vino de arroz.

foto tomada de aquí
Según las creencias chinas este festival es tan antiguo como la filosofía del yin y el yang, y como a partir de hoy iremos teniendo un poco más de luz a diario, entienden que iremos recibiendo más energía positiva, de ahí la importancia de que la familia esté reunida. 
En el norte de China, las familias que decidan festejarlo tendrán como plato principal unos deliciosos dumplings. Y parece que en diferentes regiones y pueblos, hay diferentes platos. M. me comentaba que en su pueblo, en la provincia de Anhui, el menú especial para las familias que se reúnen a celebrar el Dongzhi es una sopa de arroz y calabazas. 
También se harán ofrendas a los antepasados y a los Dioses, muchos visitarán los templos, y como a partir de hoy se considerarán un año mayores, se entiende que hay que comportarse mejor que el año anterior:)

BW llega mañana, así que para celebrar hemos invitado a M. -que siempre nos acompaña- para cenar juntas y compartir, esperando/deseando que el próximo año esté lleno de momentos lindos en compañía de nuestro seres queridos:)

Y como bien dice Bea hoy en su precioso blog, “Your beliefs don’t make you a better person, your behaviors does”, esperamos que un año mayores podamos estar a la altura de las circunstancias con las personas que nos rodean.

Bea es de esas personas que inspiran, que después de leer una de sus entradas te deja con el corazón calentito. Tiene una hija preciosa de la edad de la mía, y cada vez que ella comparte algo, te hace ver el mundo de otra manera. Hoy tiene una entrada muy especial sobre la navidad que no pueden dejar de leer!!!:)  Pasen y visiten su blog Con botas de agua🙂 Nosotras nos vamos a preparar para la cena de Dongzhi!!! 

Muffins de arándanos rojos ácidos

Hoy fue un día raro, tenía un presentimiento sobre el trabajo de BW, una idea rara que se me cruzó por la cabeza. No salimos en todo el día y no tenía ganas de pensar, ni de hacerme la cabeza, ya bastante tengo con el tema “colegio”. 
Aproveché que Antoinette dormía la siesta y me puse a ordenar algunas cosas en la cocina. Entre restos de cosas encontré una bolsa abierta de arándonos rojos ácidos deshidratados. Se me ocurrió que podría hacer unos muffins con ellos y cuando mi hija se despertó, después de darle la merienda, me puse manos a la obra. 
La receta es muy sencilla, es una receta básica, que saca siempre de apuros y en vez de arándanos podría llevar cualquier otro tipo de frutos:) 
Cuando los muffins estuvieron listos, los puse en la rejilla a enfriar y les saqué una foto con el teléfono para mandársela a BW, a él le encanta comerse las cosas calientes, y si bien cuando recién nos conocimos esto me ponía de mal humor, ya me acostumbré. 
Me responde el mensaje, y mezclando temas como siempre, me da una noticia “bomba” sobre su trabajo (noticia positiva por cierto, bueno, no se hasta que punto positiva, pero supongo que él está muy contento). 
Yo me quedo tranquila porque al menos no fue toda la sarta de tonterías que se me pasaron por la cabeza, y para festejar me como todos los muffins. 
Fin del cuento! 

Mo Yan: el Cuentacuentos:)

File:MoYan Hamburg 2008.jpg
Poco sabía sobre escritores contemporáneos chinos, y cuando me dispuse a leer, el primer libro que cayó en mis manos fue “The Garlic Ballads” (Las baladas del ajo), aunque era una versión traducida al inglés, esta novela me pareció increíblemente familiar.  
Un pueblo en la provincia de Shandong: Gaomi. Un pueblo remoto, que a medida que transcurría la novela, se hacía tan cercano. Y entonces entendí que este relato era del género realismo mágico, y podría haber sido un libro escrito por Gabriel García Márquez o la misma Isabel Allende. Me pareció un libro mágico, que aunque hablara de aquella realidad china, no dejaba de ser atrapante, por la trama y los personajes en sí, tan reales. 
Ahora muchas personas conocen a Mo Yan porque ha ganado el Premio Nobel de Literatura, pero la primera vez que se los nombré a mis alumnos, no sabían quien era. Recuerdo que volví a mi casa y busqué información sobre este escritor en chino y se las llevé a la clase, curiosa de que no conocieran su seudónimo y que con su nombre real y más información supieran de quien les hablaba. Pero no. Nadie sabía quien era Mo Yan. 
Y yo, aunque nunca en mi vida lo había visto, sentía que lo conocía de toda la vida. 
La primera vez que ví un reportaje suyo, entendí que teníamos en común el campo. Esa cosa de pueblo. Y me gustó mucho más y empecé a buscar más libros suyos para leer. 
Y justo ayer, después de haber terminado de leer “Big Breasts & Wide Hips” (Grandes pechos & amplias caderas, según la traducción del traductor Yi Fan Li, yo me quedé pensando en mi modesta traducción, y es la que me viene a la mente cada vez que pienso en esta lectura tan reciente “Pechos grandes & Caderas anchas”.), leyendo una publicación de ZaiChina, encontré el discurso que a continuación se transcribe:  

“Estimados miembros de la Academia, señoras y señores:
Gracias a la televisión y a internet puede que ustedes hayan conocido mi pueblo
natal, el distrito Dongbei de Gaomi, que está muy lejos de aquí. A lo mejor puede que
hayan visto también a mi padre, un señor de noventa años, o a mis hermanos, mi esposa,
mi hija y mi nieta, una señorita de dieciséis meses. Sin embargo, en este momento tan
glorioso, solo echo de menos a una persona, y es a mi madre. A ella no podremos verla
más. Cuando la noticia de que yo había conseguido el Premio Nobel se extendió por
China, mucha gente me felicitó, pero ella no lo podrá hacer nunca.
Mi madre nació en el año 1922 y falleció en 1994. Sus cenizas estaban enterradas
en un huerto de melocotoneros al este de mi pueblo. El año pasado, debido a la
construcción de una vía ferroviaria que iba a pasar por ese lugar, no tuvimos más
remedio que trasladar su tumba hacia otro lugar más alejado del pueblo. Cuando la
desenterramos, me di cuenta de que la caja de cenizas se había descompuesto y que
éstas se habían convertido en parte de la tierra. Sólo pudimos sacar un poco de barro
como recuerdo para ponerlo en la nueva tumba. A partir de aquel momento, sentí que
mi madre era parte de la tierra y cuando me pongo de pie sobre ella para contar cuentos,
sé que mi madre está escuchándome.
Soy el último hijo que tuvo mi madre.
Uno de los primeros recuerdos que tengo es el de aquella vez que llevé la única
botella térmica que teníamos para coger agua caliente en el comedor público. Como
estaba hambriento y sin fuerza, no pude soportar el peso de la botella y la rompí. Como
tenía mucho miedo, me escondí en una pila de paja sin atreverme a salir el resto del día.
Al anochecer, oí a mi madre llamándome por mi apodo familiar. Salí de allí esperando
que me regañara o me pegara; sin embargo, mi madre no lo hizo, y por el contrario
acarició mi cabeza y dejó escapar un largo suspiro.
El recuerdo más amargo que tengo es el del día en que fui a acompañar a mi
madre a recoger unas espigas de trigo caídas en el campo que pertenecía a la
comunidad. Cuando vino el guardia del campo, todos los demás se escaparon corriendo
a toda velocidad, pero mi madre apenas podía correr con sus dos pies vendados. Fue
capturada por aquel guardia que era muy alto y fuerte y le dio a mi madre una bofetada
en la cara. Ella no pudo aguantar el golpe y cayó al suelo. El guardia nos quitó las
espigas recogidas y se marchó silbando sin preocuparse de nosotros. Mi madre sangraba
por la boca mientras seguía sentada en el suelo y en su cara apareció una desesperación
que jamás olvidaría en toda mi vida. Muchos años después, cuando el joven guardia del
campo se había convertido en un anciano y las canas habían sustituido completamente
su cabello negro, me encontré con él en el mercado. Quise lanzarme hacia él para 2
pegarle como venganza, pero mi madre me lo impidió y cogiendo mi mano me dijo con
calma: “Hijo, aquel señor que me pegó y este señor mayor no son el mismo”.
Un recuerdo imborrable que tengo es el de un mediodía en la fiesta de Medio
Otoño. Habíamos superado muchas dificultades para poder cocer unos raviolis; a cada
uno sólo le tocó un cuenco pequeño. Cuando estábamos a punto de empezar, un viejo
mendigo se acercó a nuestra casa. Cogí un bol con varias tiras de boniato seco para
dárselo, pero sin embargo se volvió enfadado y dijo: “Soy un señor mayor. Vosotros os
coméis los raviolis y a mí en cambio me dejáis un poco de batata seca, qué corazón tan
frío tenéis”. Sus palabras me irritaron y me defendí: “Tan solo podemos comer raviolis
unas pocas veces al año. A cada uno nos tocan unos pocos, apenas pueden llenar la
mitad de mi estómago. La batata seca es lo único que nos queda, si no la quieres, ¡vete
ya!”. Madre me criticó. Luego levantó su medio bol de raviolis y se los dio todos al
señor.
El recuerdo que más arrepentimiento me ha causado es el del día que acompañé a
mi madre a vender coles chinas. Por accidente, cobré diez céntimos de más a un señor
mayor. Sumé todo el dinero y fui a la escuela. Cuando la clase terminó y volví a casa, vi
a mi madre, una mujer que casi no lloraba, llorando con mucha tristeza. Las lágrimas le
habían empapado la cara. Mi madre no me regañó sino que dejó escapar suavemente
unas palabras: “Hijo, qué vergüenza me has ocasionado”.
Durante mi infancia, mi madre se contagió de una enfermedad pulmonar. El
hambre, la enfermedad y el cansancio arrastraron a toda la familia hacia el fondo de un
abismo oscuro de desesperación. Cada día tenía más claro un terrible presentimiento,
me parecía que mi madre podría suicidarse en cualquier momento. Siempre que volvía a
casa del trabajo, al entrar por la puerta gritaba el nombre de mi madre en voz alta. Si me
respondía, podía acabar tranquilamente ese día; en caso contrario, me ponía muy
nervioso, buscaba por todas partes a mi madre, incluso iba a la habitación lateral y al
molino para buscar algún rastro de ella. Hubo una vez que después de recorrer todos los
lugares posibles, no pude encontrar a mi madre así que me quedé sentado en el patio y
me eché a llorar con todas mis fuerzas. Justo en ese momento, vi a lo lejos a mi madre
que volvía con un haz de leña. Me expresó el disgusto que le causaba mi llanto y aun
así, no le pude explicar lo preocupado que estaba por ella. Madre percibió el secreto de
mi corazón y dijo: “Hijo, no te preocupes, aunque se me haya despojado de cualquier
alegría en la vida, si no ha llegado el momento no iré al otro mundo”.
Soy genéticamente feo desde que nací, muchas personas de mi pueblo me
gastaban bromas en mi cara; unos malvados compañeros de clase incluso me pegaron
por esa razón. Un día cuando volví a casa, me eché a llorar con mucha tristeza y Madre
dijo: “Hijo, no eres feo. Eres un chico normalito, ¿cómo puedes decir que eres feo?
Además, si sigues siendo un joven de buen corazón y sigues haciendo cosas buenas, 3
aunque fueras feo de verdad, te convertirías en un chico guapo”. Cuando me mudé a la
ciudad, unas personas que habían recibido una buena educación hacían chistes tontos
sobre mi cara, a veces a mis espaldas o incluso delante de mí. En aquellos momentos,
las palabras de mi madre regresaban a mi cabeza, me tranquilizaban y me daba cuenta
de que era yo el que tenía que pedirles perdón.
Mi madre era analfabeta, por eso respetaba extraordinariamente a las personas con
educación. La vida estaba llena de dificultades, no se podían garantizar las tres comidas
regulares del día, pero siempre que le pedía que me comprara algún libro o algo de
papelería, me lo compraba. Mi madre era una persona trabajadora, odiaba a los jóvenes
perezosos, pero siempre que dedicaba mucho tiempo a leer libros y me olvidaba de
trabajar, mi madre me lo perdonaba.
Una vez vino un cuentacuentos a nuestro mercado. Yo me escaqueé de los
trabajos que me había asignado mi madre y fui allí en secreto a escuchar los cuentos. Mi
madre me criticó por ello. Por la noche, cuando mi madre se disponía a confeccionar las
chaquetas de invierno bajo la débil luz de la lámpara de aceite, no pude controlarme y
recité los cuentos que había aprendido durante el día. Al principio, ella no tenía ganas
de escuchar ni una palabra porque le parecía que ser cuentacuentos no era una profesión
normal y que los cuentacuentos eran personas charlatanas y unos farsantes; además, los
cuentos que contaban no versaban sobre cosas buenas. No obstante, poco a poco le
fueron atrayendo los cuentos que le recitaba. Más adelante, cada vez que se celebraba la
feria, mi madre no me asignaba ninguna tarea; me había dado un permiso implícito para
ir a escuchar los cuentos. Para recompensar su gratitud y también para presumir de mi
buena memoria, le recitaba con todo detalle todos los cuentos que había escuchado
durante el día.
Al poco tiempo, no me satisfacía recitarle los cuentos de los cuentacuentos tal
cual, así que me inventaba detalles durante mi relato. Con el propósito de que le
gustaran a mi madre, creaba unos nuevos párrafos e incluso modificaba el final del
cuento. La audiencia no se limitó solo a mi madre, sino que mi hermana, mis tías y mi
abuela también formaron parte. Hubo veces en que después de escuchar el cuento, mi
madre expresaba sus preocupaciones. Parecía que se estaba dirigiendo a mí pero
también podría ser que estuviera hablando consigo misma: “Hijo mío, ¿que vas a hacer
en el futuro?, ¿quieres ganarte la vida contando cuentos?”.
Entendí la preocupación que tenía mi madre porque en mi pueblo un chico
hablador no estaba bien visto, a veces podía traer problemas, para sí mismo e incluso
para la familia. En mi relato 牛 (Toro) el chico que es rechazado por su pueblo por
hablar demasiado es parte de la historia de mi pubertad. Madre me recordaba
frecuentemente que hablara un poco menos porque esperaba que pudiera ser un chico 4
tranquilo, generoso y callado. Sin embargo, yo había demostrado tener una enorme
competencia lingüística y una gran disposición para hablar, lo que resultaba ser
tremendamente peligroso. Pero mi capacidad para recitar los cuentos le producían
mucha alegría a mi madre. ¡Qué gran dilema tenía ella!
Como dice un refrán chino: Es fácil cambiar de dinastía, es difícil modificar la
personalidad y aunque mis padres me habían educado con mucho cuidado, no
consiguieron cambiar el hecho de que a mí me gustara hablar. Esto le había dado un
sentido irónico a mi nombre Mo Yan que significa “no hables”.
No pude terminar el colegio y tuve que abandonarlo porque, cuando era niño, mi
estado de salud era muy delicado; no podía hacer muchos esfuerzos sino tan solo
apacentar el rebaño que teníamos en un prado abandonado. Cuando guiaba a los bóvidos
hacia el prado y pasábamos por la puerta de mi escuela, veía a mis compañeros de clase
jugando y estudiando y me sentía muy solo y desdichado. A partir de aquel momento
tuve conciencia del dolor que se le puede ocasionar a una persona, incluso a un niño,
cuando se le aparta de la comunidad en la que vive.
En el prado solté al ganado y lo dejé pacer por su cuenta. Bajo el cielo de un color
azul tan intenso que parecía un océano inacabable, en ese prado verde tan vasto que no
se veían sus límites en ninguna dirección, no había nadie excepto yo y no se podía oír a
nadie excepto el piar de los pájaros. Me sentía muy aislado, muy solo, como si mi
espíritu se hubiese escapado y sólo me quedara un cuerpo vacío. A veces me tumbaba
en el prado viendo las nubes que flotaban vagamente y muchas imágenes irreales y sin
sentido venían a mi cabeza. En mi pueblo se difundían unos cuentos sobre los zorros
milenarios que podían convertirse en mujeres hermosas. Por eso imaginaba que a lo
mejor una de esas hermosas mujeres en la que se había convertido un zorro vendría y
me acompañaría mientras cuidaba al ganado, pero ella nunca apareció. Sin embargo
hubo una vez que vi un zorro de un llamativo color rojo saltando del arbusto que tenía
frente a mí. Me caí al suelo a causa del susto. Enseguida desapareció, pero yo me quedé
allí sentado y temblando durante bastante tiempo. A veces me sentaba en cuclillas al
lado de un toro para observar sus ojos de color azul celeste y mi reflejo en su ojo. A
veces imitaba el piar de los pájaros e intentaba comunicarme con ellos; a veces le
confiaba los secretos de mi corazón a un árbol. Sin embargo, los pájaros no me hicieron
caso, ni los árboles. Muchos años después, cuando me hice escritor, incluí en mis
novelas todas las fantasías que tenía durante mi pubertad. Mucha gente elogió mi
capacidad de imaginación. Unos aficionados a la literatura me preguntaron el secreto
para tener tanta. Entonces sólo pude contestarles con una amarga sonrisa.
Como lo que dice nuestro sabio antepasado Laozi: “En la felicidad es donde se
esconde la desgracia; en la desgracia es donde habita la felicidad”. Durante mi
adolescencia padecí bastantes sufrimientos, como tener que abandonar el colegio, la 5
hambruna, la soledad y la falta de libros. Sin embargo, hice lo que hizo Congwen Shen,
un gran escritor de la generación anterior: leer lo antes posible sobre la sociedad y la
vida que conjuntamente forman un gran libro invisible. Lo que les comentaba al
principio de ir al mercado a escuchar cuentos es la primera página del libro de mi vida.
Después de abandonar el colegio, me exilié entre los adultos y empecé un largo
periodo de leer con las orejas. Hace doscientos años, en mi provincia natal, vivía un
cuentacuentos que era un genio: El señor Songling Pu. Muchos de mi pueblo, incluido
yo mismo, somos sus herederos. En el campo de la comunidad, en la granja de la
brigada de producción, en la cama de mis abuelos, en el tembloroso carro tirado por el
buey, había escuchado muchos cuentos sobre fantasmas y duendes, muchas leyendas
históricas, anécdotas interesantes que estaban estrechamente vinculadas con la
naturaleza local y la historia familiar, y me habían producido una clara sensación de
realidad.
Nunca pude imaginar que algún día en el futuro estas cosas me servirían como
material para mis obras. En aquella época sólo era un chico a quien le fascinaban los
cuentos y las palabras que se usaban para contarlos. En aquella época era,
definitivamente, un chico teísta. Creía que todas las cosas tenían su espíritu. Cuando me
encontraba con un árbol alto y grande, tenía ganas de expresarle mis respetos. Cuando
veía un pájaro, me preocupaba por cuándo se convertiría en un ser humano. Cuando
veía a un desconocido, dudaba si sería un espíritu de animal metido en un cuerpo
humano. Cada noche cuando volvía a casa desde la oficina de la brigada de producción,
me sobrevenía un miedo enorme. Para expulsar ese miedo cantaba en voz alta mientras
corría a casa. En aquella época estaba entrando en la adolescencia, mi voz estaba
cambiando, y las horrorosas canciones interpretadas por mi voz ronca eran una tortura
para mis vecinos del pueblo.
Durante los veintiún años que viví en mi pueblo natal, el viaje más largo que
realicé fue una excursión en tren a Qingtao. En aquel viaje, casi me pierdo entre los
grandes trozos de madera de una serrería. Cuando mi madre me preguntó sobre el
paisaje de Qingtao, le contesté que por desgracia allí no había nada excepto grandes
trozos de madera. Pero gracias a este viaje a Qingtao, tuve muy claro que debía salir de
mi pueblo natal y ver el mundo de fuera.
En febrero de 1976 cumplí todos los requisitos del reclutamiento militar, me llevé
los cuatro volúmenes de la Breve historia de China que mi madre me había comprado
con el dinero de unas joyas suyas que vendió, salí del distrito Dongbei de Gaomi, un
lugar plagado de todos mis sentimientos, tanto positivos como negativos, y empecé una
importante época de mi vida. Tengo que confesar que si no hubiera sido por los grandes
progresos y el desarrollo de la sociedad china durante estos treinta años, por la apertura
y la reforma, no existiría un escritor como yo.  6
Debido al aburrimiento de la vida militar, entré en una nueva oleada literaria y en
la apertura de pensamiento de los años 80 del siglo pasado. Pero entonces, no era más
que un chico a quien le gustaba escuchar cuentos y recitar lo que había escuchado, así
que decidí empezar a contar cuentos con el bolígrafo. Sin embargo al principio este
camino fue muy difícil porque no me daba cuenta de que mi experiencia de vivir en el
campo durante más de veinte años era una riqueza. Pensaba que la literatura era anotar
las cosas buenas y recordar a personas notables, creía que era simplemente describir a
los héroes y modelos sociales, así que aunque publiqué algunas obras, no tenían mucha
calidad.
En el otoño de 1984 aprobé el examen de ingreso y me incorporé a la Facultad de
Literatura de la Academia de Artes del EPL (Ejército Popular de Liberación). Gracias a
las indicaciones y a la ayuda de mi apreciado profesor, el famoso escritor Huaizhong
Xu, conseguí elaborar algunos relatos y novelas cortas, tales como秋水 (El agua otoñal),
枯河 (Río seco), 透明的红萝卜 (El rábano rojo invisible), Sorgo rojo, etc. En El agua
otoñal, apareció por primera vez el nombre de mi pueblo natal: El distrito Dongbei de
Gaomi, y a partir de ese momento, me sentí un campesino vagabundo que por fin ha
encontrado el campo que buscaba, un escritor perdido que ha encontrado su propia
fuente de inspiración. Tengo que confesar que en el proceso de creación del distrito
Dongbei de Gaomi en mis obras, William Faulkner, el escritor estadounidense, y García
Márquez, el escritor colombiano, me han inspirado mucho. Entonces no había leído sus
obras minuciosamente, pero su espíritu creador y su generosidad me animaron mucho.
Me hicieron entender que cada escritor debía tener una especialidad. Una persona tiene
que ser modesta en su día a día, sin embargo, debe ser altiva y decidida en su
producción literaria. Durante dos años seguí los pasos de estos dos maestros, pero luego
me di cuenta de que tenía que alejarme de ellos. Esto lo expresé en un artículo: “Estos
dos maestros son como dos hornos al rojo vivo y yo como un trozo de hielo, por lo que
si me acercase mucho a ellos me evaporaría”. A mi juicio, la influencia que se recibe de
otro escritor se debe a la semejanza espiritual que escondemos en el fondo del corazón,
como lo que se dice en China: dos espíritus similares se entienden enseguida. Por tanto,
aunque no les hubiera leído muy atentamente, con solo unas páginas podía entender lo
que habían hecho, podía entender cómo lo habían hecho y a continuación me quedaba
claro lo que debía hacer y la forma de hacerlo.
Lo que hice fue muy sencillo: contar mis cuentos a mi manera. Mi manera es la
misma de los cuentacuentos del mercado de mi pueblo, a quienes conocía muy bien; es
también la manera de mis abuelos y los ancianos de mi pueblo natal. Sinceramente,
cuando cuento mis cuentos, no puedo imaginar quiénes serán mis lectores. A lo mejor,
es alguien como mi madre, o alguien como yo. Mis cuentos son mis experiencias del
pasado, como por ejemplo lo es, en Río seco, aquel chico al que pegan de manera 7
horrible; en (El rábano rojo invisible) lo es aquel chico que no habla nada desde el
principio hasta el final de la obra. Igual que a él, mi padre una vez me pegó
terriblemente debido a un error que cometí. Y yo también tuve que encargarme de un
fuelle durante la construcción de un puente. Por supuesto, cuanto más singulares sean
las experiencias personales, más se incluirán en las novelas, pero las novelas deben ser
imaginarias y fabulosas, no pueden incluir experiencias sin más. Muchos amigos míos
me han dicho que El rábano rojo invisible es mi mejor novela. Respecto a esta opinión,
no la contradigo, tampoco la admito, pero, de todas formas El rábano rojo invisible es
la más emblemática de mis obras y destaca por su profundo significado. Ese chico de
piel oscura que tiene una capacidad incomparable para aguantar toda clase de
sufrimientos y otra capacidad sobresaliente para percibir los pequeños cambios de la
vida es el espíritu de esta novela. Aunque he creado muchos personajes después de este,
ninguno puede compararse con él porque prácticamente es el entero reflejo de mi
espíritu. O mejor dicho, entre todos los personajes creados por el mismo escritor
siempre habrá uno superior a los demás; este chico callado es de ese tipo, que no habla
nada pero que es capaz de dirigir al resto de personajes y observar las maravillosas
actuaciones de los demás en un escenario como el distrito Dongbei de Gaomi.
Las experiencias personales son limitadas. Cuando se acabaron esos cuentos no
me quedó más remedio que contar los de otras personas. Los cuentos de mis parientes y
vecinos, los cuentos de los antepasados que me contaron los ancianos de mi pueblo,
llegaron a mi cabeza como si fueran soldados que se reúnen al oír una orden. Se
metieron dentro de mí con la esperanza de ser escritos por mi mano. Mis abuelos
paternos, mis padres, mis hermanos mayores, mis tíos, mi esposa y mi hija han
aparecido como personajes en mis novelas. Por supuesto, les hice unos cambios
literarios para que tuvieran más significado y se convirtieran en verdaderas figuras
poéticas.
En mi última novela Rana, aparece la figura de mi tía. Como consecuencia del
Premio Nobel, muchos periodistas han ido a su casa para entrevistarla. Al principio,
tuvo mucha paciencia para contestar las preguntas, pero después no pudo aguantar más
las molestias y se escondió en casa de su hijo, que está en la capital de nuestro distrito.
Mi tía fue mi verdadero modelo cuando elaboraba esa novela; sin embargo, este
personaje literario difiere mucho de mi tía. El carácter del personaje es muy fuerte,
como si fuera un miembro de la mafia, y mi tía en cambio es muy simpática y alegre,
una perfecta esposa y una madre encantadora. Mi verdadera tía ha tenido una vida muy
feliz hasta ahora, pero mi tía literaria, cuando envejeció, padecía insomnio consecuencia
de una profunda herida psíquica y vestía una toga negra todos los días como si fuera un
fantasma que estuviera vagando en la noche. Tengo que agradecerle a mi verdadera tía
su tolerancia porque no se enfadó después de saber que la había descrito de aquella 8
forma; también aprecio mucho su inteligencia porque ha sabido entender la compleja
relación que existe entre los personajes literarios y las personas reales.
Cuando falleció mi madre, me ahogó el dolor y decidí escribir un libro sobre su
vida. Me refiero a Grandes pechos amplias caderas. Como la conocía de toda la vida y
estaba lleno de sentimientos hacia ella, terminé el primer borrador de esta novela de
quinientas mil palabras en tan solo ochenta y tres días.
En Grandes pechos amplias caderas me he atrevido a usar los detalles que
conocía sobre su vida; no obstante, respecto a su experiencia amorosa, he inventado una
parte y también he acumulado las experiencias de las madres de su edad del distrito
Dongbei de Gaomi. En la dedicatoria de este libro puse la siguiente frase: “Al alma de
mi madre”, sin embargo, esta obra en realidad está dedicada a todas las madres de este
mundo. Esta es una de mis ambiciones, como la de querer abstraerme de China y de este
mundo y minimizarlos en el distrito Dongbei de Gaomi.
Los escritores tienen diferentes maneras de inspirarse, y mis libros también surgen
de diferentes fuentes de inspiración. Algunos de mis libros se inspiraron en mis sueños,
tal como ocurre en el El rábano rojo invisible, otros se inspiraron en la realidad, como
por ejemplo sucede en Las baladas del ajo. Sea cuál sea el origen de la inspiración, las
experiencias personales son imprescindibles y consisten en una parte muy importante,
capaz de dotar a la obra de su singularidad literaria. Las obras pueden tener diferentes
personajes bien perfilados con sus propias características, mostrarnos sus brillantes
palabras y contar con una estructura sobresaliente. Querría hablar un poco más de Las
baladas del ajo. En esta novela he diseñado un personaje muy importante: un
cuentacuentos. Pero he usado el nombre verdadero de un amigo mío que en la realidad
es un cuentacuentos también, así que tengo que pedirle perdón. Por supuesto, lo que
hace en la novela es inventado. Me ha pasado muchas veces este fenómeno en mis
obras: cuando comenzaba a escribir una novela quería usar nombres reales para
transmitir una sensación de realidad, y sin embargo, cuando acababa la novela ya me
resultaba imposible cambiar esos nombres. Muchas veces, las personas reales cuyos
nombres se habían utilizado en mis obras buscaron a mi padre para quejarse. Mi padre
no sólo les pidió perdón a ellos, sino que también les tranquilizó y les explicó diciendo:
«La primera frase que aparece en Sorgo rojo sobre su padre es “Mi padre es hijo de un
malvado bandido. Si yo no le hice caso, ¿por qué os tiene que molestar a vosotros?”».
Cuando escribí las novelas del tipo de Las baladas del ajo, es decir, las novelas
realistas, el mayor problema que se me presentó no era que tuviera miedo de
enfrentarme a las oscuridades sociales y criticarlas, sino cómo controlar la pasión
ardiente y la furia para no desviarme hacia la política ni alejarme de la literatura. No
quiero escribir una crónica de los acontecimientos sociales. Un novelista es parte de la
sociedad, por lo que es natural que tenga sus propias opiniones e ideas; sin embargo, 9
cuando está escribiendo debe ser justo, debe respetar a todos los personajes igual que
respeta a las personas reales. Siempre y cuando se cumpla este requisito, la literatura
puede nacer de la realidad e incluso superarla, puede preocuparse por la política pero
estar por encima de ella.
Los largos y difíciles periodos de tiempo que he vivido me han dado una profunda
comprensión de la humanidad. Sé qué es la verdadera valentía y qué es la auténtica
misericordia. Entiendo que en el corazón del ser humano existe un espacio que no se
puede definir por bondad ni por maldad; es un espacio grisáceo que le da a un escritor la
gran posibilidad de elaborar una obra majestuosa. Siempre y cuando haya elegido
correctamente y descrito vívidamente este espacio grisáceo e incierto, su obra podrá
tener calidad, superar el límite de la política, y ser verdadera literatura.
El hecho de hablar sobre mis obras sin parar me incomoda mucho, pero mi vida y
mis novelas son las dos caras de una misma moneda, y si no hablara de mis obras, no
sabría de qué otra cosa más les podría hablar aquí. Así que, permítanme seguir.
Respecto a mis primeras novelas, dado que era un cuentacuentos moderno, decidí
camuflarme en ellas. Pero, a partir del 檀香刑 (El suplicio del sándalo), decidí cambiar
mi estilo. Si describimos mi estilo anterior como el de un cuentacuentos que no piensa
en los lectores, a partir de este libro me imaginé que estaba en una plaza contando
cuentos ante un público con palabras impresionantes. Esto es clásico en la elaboración
de las novelas y también es clásico de las novelas chinas. Aprendí los estilos de las
novelas modernas de Occidente, también usé diferentes estilos narrativos, pero al final,
recurrí a la tradición. Por supuesto, la vuelta a la tradición no es solo eso. El suplicio del
sándalo y las siguientes novelas son una combinación de las tradiciones chinas y las
técnicas narrativas occidentales. Las novelas innovadoras son productos de este tipo. No
sólo combiné la tradición y la técnica sino también la narración y otras artes folclóricas.
Por ejemplo, El suplicio del sándalo fue un intento de combinar la novela con la ópera
local, igual que sucede en mis primeras novelas, que también se han nutrido de las
bellas artes, la música e incluso de la acrobacia.
Por último, permítanme presentarles otra obra mía, La vida y la muerte me están
desgastando. El título de este libro está inspirado en unos versos budistas. Según me
han dicho, la traducción de este título ha causado problemas, no muy grandes pero sí
considerables, a los traductores de diferentes países. No soy un especialista en budismo
y mi entendimiento sobre los versos budistas es superficial, pero la razón por la que
elegí este título para mi novela fue por la admiración que siento hacia los pensamientos
budistas. Uno de los puntos básicos de este pensamiento es la verdadera comprensión
del universo. Desde el punto de vista de los budistas, muchos de los conflictos humanos
son insignificantes. A los budistas el mundo actual les parece muy sombrío. Por 10
supuesto, no quería escribir este libro como si fuese un sermón; lo que escribí hablaba
sobre el destino y las emociones del ser humano, así como de los límites que tiene, la
tolerancia, los esfuerzos y sacrificios que se requieren para lograr el objetivo personal y
alcanzar la felicidad. El personaje de cara azulada que luchaba contra la corriente
histórica era el verdadero protagonista en mi corazón. La persona real a la que
corresponde este personaje fue un campesino que vivía en un pueblo vecino al nuestro.
En mi pubertad, le veía pasando con frecuencia por la puerta de mi casa y empujando un
carro de madera que emitía un leve y extraño sonido. Un burro cojo tiraba de aquel
carro y la persona que guiaba al animal era su esposa, que tenía los pies vendados. Ese
grupo de trabajo tan extraordinario en la sociedad de aquella época resultaba muy raro y
muy inapropiado. A los ojos de unos niños como nosotros, eran unos seres ridículos que
iban contra el progreso histórico; incluso les arrojamos piedras para expresar nuestro
desacuerdo con ellos. Muchos años después, cuando empecé a escribir cuentos sobre
ellos, este personaje de cara azulada, esta imagen, apareció en mi mente. Sabía que tarde
o temprano escribiría un libro sobre él, que compartiría sus cuentos con todo el mundo;
sin embargo, no fue hasta 2005, cuando estaba visitando un templo budista y admirando
los murales que representaban la leyenda de Las seis etapas de la gran rueda del karma,
que llegué a entender cuál era la manera más adecuada de contar sus cuentos.
Haber conseguido el Premio Nobel de Literatura ha supuesto muchas paradojas.
Al principio pensaba que yo era el protagonista de esas contradicciones; sin embargo,
poco a poco me di cuenta de que era otra persona diferente que no tenía ninguna
relación conmigo. Me convertí en espectador de un drama mientras veía al resto
actuando en el mismo escenario. Había visto que al protagonista, ganador de un premio,
le ofrecían flores, pero además también le tiraban piedras y agua sucia. Temía que no
pudiera aguantarlo. No obstante, huyó de las flores y las piedras, se limpió las manchas
de agua sucia y salió tranquilamente a dar un discurso al público.
Dado que soy escritor, la mejor manera de comunicar al público es escribir. Todo
lo que tengo que decir está en mis obras. Las palabras que salen de la boca se las lleva el
viento, sin embargo las que están escritas quedarán para la historia. Espero que ustedes
puedan leer pacientemente mis obras, aunque por supuesto no tengo ningún derecho a
obligarles a leerlas. Y si ya las han leído, no puedo obligarles a cambiar la opinión que
tengan de ellas porque en este mundo no existe un escritor que pueda satisfacer a todos
los lectores, sobre todo, en una época como la que estamos viviendo ahora.
No quería comentar nada más, pero teniendo en cuenta el momento y el lugar
siento que debo hacerlo, así que les hablaré de la única manera que sé.
Soy un cuentacuentos y sigo queriendo contarles cuentos. 11
En los años 60 del siglo pasado, cuando estaba en el tercer curso del colegio, la
escuela organizó una visita a una exposición sobre el sufrimiento. Teníamos que llorar
según las órdenes de nuestro profesor. Para mostrar al profesor lo obediente que era no
quise secarme las lágrimas de la cara. Al mismo tiempo, vi a unos compañeros de clase
mojarse a escondidas los dedos en la boca y pintarse dos líneas de lágrimas en la cara.
Por último, entre todos los que estaban llorando, ya fuera de verdad o de manera
hipócrita, descubrí que había un compañero que no tenía ni una lágrima en su cara y que
ni siquiera se tapaba el rostro con las manos para simular tristeza, sino que tenía los ojos
bien abiertos y un gesto de sorpresa, como si no entendiera. Más tarde, denuncié este
suceso al profesor y por esta razón nuestro colegio decidió ponerle oficialmente un
punto negativo y una advertencia. Muchos años después, cuando le confesé a mi
profesor la pesadumbre que me causaba este acontecimiento, me consoló diciendo que
más de una docena de alumnos fueron a quejarse también. Este compañero falleció hace
unos diez años, pero cada vez que recuerdo esta anécdota, me siento muy apenado.
Aprendí una gran lección con este asunto: aunque todo el mundo llore, debemos
permitir que haya personas que no quieran llorar. Y como hay otras que fingen sus
lágrimas entonces debemos sentir una especial simpatía hacia los que no lloran.
Tengo otro cuento para ustedes: Hace más de treinta años trabajaba en el ejército.
Una noche, cuando estaba leyendo un libro en la oficina, entró un viejo oficial, echó un
vistazo al asiento enfrente de mí y susurró para sí: “Bien, aquí no hay nadie”. Me
levanté inmediatamente y me atreví a gritarle: “¿No has visto que estoy aquí?”. Aquel
viejo oficial se enfureció y su cara se puso roja, yéndose avergonzado. Me sentí muy
satisfecho durante mucho tiempo, me consideraba una persona valiente; sin embargo,
después de muchos años, sentí un profundo arrepentimiento.
Permítanme contarles el último cuento que me contó mi abuelo hace muchos
años: Hubo ocho albañiles que salieron de su pueblo natal para buscar trabajo. Para
resguardarse de la tormenta que estaba a punto de caer, todos entraron en un templo en
ruinas. Los truenos se sucedían, los relámpagos iluminaban el oscuro cielo, unos
extraños sonidos penetraban por la puerta del templo y parecían los rugidos de un
dragón. Todos estaban muertos de miedo, y sus rostros se habían vuelto pálidos. Uno de
ellos comentó: “Es señal de castigo celestial. Entre nosotros debe haber alguien que ha
hecho algo malvado. ¿Quién es ese maldito? Sal ahora mismo. Sal para recibir tu
condena celestial y para no extender la mala suerte entre nosotros”. Obviamente, nadie
quería salir fuera. Otro propuso: “Como nadie de nosotros quiere salir, arrojaremos
nuestros sombreros de paja fuera y el que no vuelva significará que su dueño es la
persona de la que estamos hablando. Entonces, le pediremos que se vaya”. Todos
asintieron y lanzaron sus sombreros afuera. Solo un sombrero quedó en el exterior y los
demás volvieron dentro. Los siete albañiles querían echar del templo a la persona cuyo 12
sombrero había quedado fuera. El chico se negó a aceptar esa decisión. En ese
momento, los siete jóvenes le cogieron y le expulsaron a la fuerza. Supongo que a estas
alturas ya habrán adivinado el final del cuento: En el mismo instante en que le
expulsaron el templo se hundió y los siete chicos murieron.
Soy un cuentacuentos.
Me han dado el Premio Nobel por mis cuentos.
Después de haber sido premiado han ocurrido muchas anécdotas maravillosas que
serán parte de mis próximos cuentos y que me hacen creer en la existencia de la justicia
y la verdad.
En el futuro seguiré contando cuentos.
¡Muchas gracias por su atención!”

© FUNDACIÓN NOBEL 2012
Se concede permiso general para la publicación
en periódicos en cualquier lengua desde el 7 de
diciembre de 2012, a las 17:30 (hora sueca).
La publicación en revistas o libros requiere,
a no ser que se trate de versiones resumidas,
el consentimiento de la Fundación.
En todas las publicaciones de la conferencia
en su totalidad o en su mayor parte es obligatoria
la aparición del copyright subrayado arriba.
Mo Yan: Cuentacuentos
Discurso Nobel
7 diciembre de 2012

Traducido del chino por Yifan Li en colaboración con Cora Tiedra Garcia

Con amor y paciencia …

Que el amor y la paciencia son la base para una buena crianza, no es ningún descubrimiento. Yo no creo que nunca se me vaya a acabar el amor que siento por Antoinette, pero la paciencia … La paciencia se me agota todas las noches, y solo el sueño reparador me la devuelve en la medida junta -casi a cuenta gotas diría- para sobrevivir otro día. 

Estos días Antoinette está obsesionada con “salir de casa”,  “pasear”, “vamos” … agarra un bolso, camina hacia la puerta y comienza a tironear el picaporte. 
Volver a casa es otro tema, ella quisiera que los paseos duraran para siempre … 
Caminar, curiosear, saludar a la gente, correr, pisar charcos, detenerse a mirar una hormiga, un perro, un gato, una mosca que pasa volando … 
Sería ideal que pudiera hacer esta actividad con Li, pero tampoco quiero que Antoinette tome el hábito de querer estar en la calle … Todo necesita ser en la medida justa. 
Así que ayer sábado, después de desayunar -aunque la casa se me caía abajo del desorden- salimos a caminar y disfrutar del sol:) 
Como el paseo no le resultó suficiente, y ya era hora de almorzar, dimos una vuelta en moto, y a regañadientes volvimos a casa. Almorzamos, Antoinette durmió la siesta, y yo me puse a charlar con uno de mis amigos que hacía años que no hablábamos. El tiene un peque de la misma edad de Antoinette. 
Cuando se despertó de la siesta, yo había terminado de ordenar la ropa, así que merendamos y nos pusimos a darle los últimos toques al arbolito, pusimos un adorno en la puerta, y ella decidió quedarse “adorando” la puerta un rato. 
Como no íbamos a salir, puse una película, y preparé la mesa con papel, crayones, sellos y tapes para jugar. Se entretuvo un rato con eso y yo me puse a hacer un bizcochuelo de vainilla. Y así estrenar la batidora que me “auto-obsequié” para el día de la madre jajaja Yo soy de la vieja escuela, y he batido siempre con “tenedor”, y porque BW siempre me hacía bromas sobre mi tenedor-manía, y a fin de modernizarme un poco, había ido a Metro a hacer las compras y me tente con la batidora de Panasonic:) La verdad que mi tenedor-batido no tiene nada que envidiarle a la batidora, todo sea dicho. El bizcochuelo salió rico igual, esponjoso, livianito … al que no puedo terminar de agarrarle la mano es al horno eléctrico:( 
Mientras Antoinette se distrajo otro rato despegando y pegando stickers, me puse a colgar los cuadros, BW solo puso un perchero en la pared que está detrás de la puerta de entrada, y aunque ya solo me quedan 4 cajas de la bendita mudanza, necesito hacer espacio en los cajones para re-ordenar el resto de las cosas que todavía no tienen lugar fijo. 
Estos murales que pusimos en el comedor diario son los que le compré al fotógrafo iraní en el bazar de invierno. 
Este es el rincón de Antoinette en nuestro dormitorio:) 
La semana que BW estuvo con nosotras aproveché de ir a Ikea e invité a una amiga que nunca había ido, mi lista era diminuta: una alfombra y una matra para Antoinette. Pero ya todos saben lo que es Ikea, y me terminé comprando una máquina de coser, la fuente y campana para las tortas, algunos adornos para el arbolito, galletas y golosinas para BW y Antoinette y un largo etc. 
Así que ni bien las vacaciones de invierno comiencen, iré al mercado de telas y me sentaré a coser todas las vacaciones:) Tengo la cabeza llena de ideas:) 
La próxima semana mis alumnos estarán ocupados con algunas actividades, así que tendré más tiempo para pasear con Antoinette, espero que el tiempo nos acompañe. Diciembre está siendo bastante considerado, y nosotras ya prendimos las luces del arbolito:) 
Revisando y ordenando cosas, encontré esta foto con Antoinette. Esta foto la sacó Amelia, y fue durante la cena de fin de año. Ese día Antoinette cumplía 4 meses, recuerdo que era una de las épocas más duras del reflujo, que teníamos nuestro cuaderno donde anotábamos todo, las tomas, los cambio de pañales, y calculábamos la cantidad que había vomitado. Qué tiempos aquellos! De vez en cuando está bien recordar estas cosas, porque aunque el reflujo sigue ahí -la semana pasada se engripó y estuvimos con el reflujo a la orden del día-, pienso que ha sido una experiencia que nos ha fortalecido a los 3, aunque hubiera preferido que Antoinette no tuviera que pasar por todo esto. 
Mi bebé pequeño:)