Antoinette: 32 meses

Cuando casi tenía 2 años, julio del 2012 para ser más exactos, se largó a caminar. Desde entonces, ha caminado firme y contadas veces se cayó. Tuvo su primer chichón, por culpa del padre, el día antes de cumplir 2 años. Y esta vez, por un descuido mío, que la dejé alejarse lo suficiente como para no poder detener su caída, se tropezó, y al caer se rompió un diente. 
No lloró, y lo peor de todo fue que no me dí cuenta que se lo había partido, hasta que a la salida del supermercado, justo cuando la iba a sacar del carro de las compras, veo que le falta un pedazo de diente. Se me partió el alma, literalmente. 
La boca de Antoinette es un desastre, todo sea dicho, tiene dos frenillos enormes -que van a terminar en cirugías grandes, por eso estamos esperando que sea un poco más grande-, pero en honor a la verdad, tiene la sonrisa más hermosa del mundo. Nada ni nadie puede resistir una sonrisa de Antoinette. 
La pediatra-dentista le revisó la boca y nos dijo, que el diente solo está mellado, no roto, pero fue tan grande el escándalo que hizo, que no se lo pudo limar. Fue salir del consultorio, y ya andaba saludando a todo el mundo, como si nada hubiera pasado. 
Basta que un médico diga “No es nada…” para que BW “cierre el tema”, yo no puedo, además del millón de cosas de las que vivo pendiente en relación a Antoinette, ahora tengo una cosa más: ver que no se lastime el labio o la lengua con el diente que todavía está filoso, y que supuestamente la saliva terminará de sellar (?). 
Ya no quiere saber nada del coche, lo llevamos a todos lados, pero va y viene caminando. Por supuesto tardamos una eternidad en llegar a cualquier lado, y si en el peor de los casos se cansa, tenemos el drama y medio para sentarla y abrocharle el cinturón de seguridad. 
La próxima semana viene su Oma de visita, y con BW estamos super ansiosos de verla como reacciona. En general ella es amiga de todo el mundo, pero ella es solo Antoinette para papá y mamá, para el resto del mundo es Xiao An, y ella va pasándoles la mano, uno por uno, desde la señora que barre la calle, pasando por los policías, hasta el señor que pide monedas en la entrada de la Universidad. 
Cada vez que salimos, tengo que estar super atenta, porque siempre le convidan comida, y aunque solo come lo que el padre o yo le damos, dos por tres le ofrecen cucharadas de su propio plato/taza/cuenco. Nunca vuelve a casa con las manos vacías, siempre alguien le da algo. 
Esta tarde fuimos a la cafetería del pueblo, y a la vuelta entramos en una tiendita nueva de artesanías. La señora de la tienda le regaló un gato de porcelana que es una campanita. Curioseamos un poco, y el camino de vuelta a casa siempre se le hace penoso, ya quisiera ella que estuviéramos viajando las 24 horas del día. 
Este ha sido para Antoinette (y para nosotros, incluída Li -la señora que la cuida-), un mes muy intenso, pero de los 4, ella ha sido la que mejor afronta las cosas. Con abril se terminó la etapa de Li en nuestras vidas, nos ha dado mucha pena, pero ella decidió divorciarse y empezar una nueva vida en otra ciudad. Nos consta que se quedó un mes más viviendo aquí, por nosotras. 
Por suerte J. se cruzó en nuestro camino, y esta semana estamos haciendo la adaptación. Antoinette la conoce, porque J. trabaja en la cafetería del pueblo. Y el primer día que Antoinette se encontró con J. en la casa fue muy gracioso, porque corrió a buscar su cartera, pensando que íbamos a la cafetería. Y por supuesto se desilusionó bastante cuando J. se fue y no nos fuimos con ella. 
 En la cafetería nos pedimos un jugo de manzanas y una porción de tarta de ananá con azúcar negra. Y mientras esperábamos, practicamos un poco con las tarjetas de la terapia de habla, que no sé si funcionan muy bien, porque yo estoy segura que Antoinette reconoce casi todas, pero el problema es que no habla. 
Pero bueno, yo soy la más interesada en saber que pasa, y no voy a parar hasta encontrar el origen de todos sus males. Y hasta ese momento no voy a aceptar ningún tipo de medicación o tratamiento. La pista estaría por el lado de un problema neurológico, pero nunca pensé que fuera tan difícil de diagnosticar. 
Por lo pronto la semana próxima, volveremos a Hong Kong para seguir con el genetista y los análisis, que nunca les podré terminar de agradecer que nos hayan recibido, atendido, contenido y tratado como hasta ahora. La pediatra, se ha ocupado personalmente de conseguirnos el turno con el genetista, y hasta tuvieron la deferencia de cambiarnos el turno hasta que los del seguro recopilaran todos los datos que necesitaban para darnos el OK. 
Y seguimos en la cuenta regresiva, ya falta menos para poder estar los 3 juntos, 8 semanas y seguimos contando… 

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