Gulong Market – Xiamen

La verdad es que con las temperaturas de este verano no dan muchas ganas de salir a la calle, por eso estoy esperando ansiosamente que llegue el otoño y poder empezar a hacer un poco de turismo en nuestra nueva ciudad. 

Aunque todavía sigo sumergida en el caos de cajas-juguetes, y mientras se materializa nuestra ida a Ikea para comprar el par de muebles que faltan y terminar de ordenar, he estado viendo cosas en internet.

Finalmente encontré la dirección del Mercado de Telas y Sastres -Gulong Market-, y pacientemente esperé al día sábado para que BW cuidara a Antoinette y yo poder escaparme a comprar un par de telas, a ver si de una vez por todas desempolvo mi máquina de coser.

Grande fue mi sorpresa cuando WB me dijo: “I also want to come”.

Así que el sábado, cuando más calor no podía hacer, emprendimos viaje, la ciudad está repleta de turistas, y aunque todo es muy pintoresco, encontrar un taxi es una especie de lotería.

El mercado, para una persona como yo, es una especie de perdición. Hay de todo, desde telas hasta todo lo que uno podría encontrar en una mercería: hilos, cintas, canutillos, botones, cierres, abrojos, etc. La lista sería interminable.

En Ningbo también hay un mercado grande de telas, pero me quedaba muy lejos del pueblo. A veces se armaban grupos de mujeres extranjeras para ir de compras, pero lo hacían en el horario en que sus hijos estaban en la escuela, y era lógicamente mi horario de trabajo. Así que nunca fui.

La variedad es infinita, diferentes tipos de tela y claro, desde cosas muy muy baratas, hasta algunas piezas de tela de buena calidad, que claro, los precios son tirando a normales. Por supuesto hay que regatear, pero nada extremo.

Mi plan era comprar tela para un matel diario, otro poco de tela para arreglar unos pantalones de trabajo de BW, y ver si tenían viyellas de verano para hacer un par de cositas para Antoinette.

BW tenía un plan secreto, y llevaba un par de pantalones en la mochila, porque lo que él buscaba era un sastre, para ver si podía copiar uno de sus pantalones. Así que juntos íbamos viendo las telas, hasta que él también encontró una que le gustaba y le preguntamos al señor del puesto, si podía recomendarnos algún sastre y justo en el stand de enfrente había una familia completa trabajando.

Les dejamos la tela y el pantalón de BW y tenemos que volver a por el, el próximo fin de semana. Veremos si tenemos suerte o no. Encontrar ropa para BW es casi imposible en China, y la ropa que compra en Holanda es carísima. Si el sastre logra hacerle el pantalón tal cual, y la tela es más o menos resistente, estaría pagando por un pantalón 10 veces menos de lo que le costó el que dejamos de muestra. Así que estamos expectantes!!!

Todo lo relacionado a telas y sastres se concentra en este mercado, si algo no hay es porque no existe. Los sastres hacen desde trajes de novia hasta disfraces. Hay sastres que solo hacen trajes de hombres, otros solo camisas, y hay otros que garantizan poder copiar todo, hasta en el mínimo detalle. Hay tiendas que hacen cortinas, tapizados, almohadones, sábanas, toallas y todo lo que tenga que ver con lo textil está aquí.

Los pantalones de BW tienen 8 bolsillos, y el señor que nos atendió no estaba tan contento con esto, sobre todo porque los bolsillos internos del pantalón llevan cierre. Y BW no es una persona fácil de cambiar de ideas, y él quería su pantalón tal cual o nada.

Al final yo solo compré las telas, porque de los 3 la más interesada en las mercerías era Antoinette, y sabíamos que si estrábamos a una, iba a ser un problema. Así que quedamos en que otro día vuelvo sola, y compro los broches y la cinta al bies que necesito.

Además, si voy sola y con tiempo, puedo tomar el autobús que cuesta solo 1 RMB -0,10 centavos de euro-. Si vamos los 3, es más fácil ir en taxi, cuesta más o menos 18 RMB -1.80 Euros-, pero andamos un poco a las corridas con los horarios de comer, y el calor, y la gente a los que BW y Antoinette les llaman mucho la atención. Yo paso desapercibida.

Este será uno de esos lugares al cual volveré muchas veces, porque es un regalo al alma. Tantos colores, texturas, y el lugar es bastante especial en sí, porque es como el patio interno de un edificio, y las tiendas/puestos, están todos alineados en los pasillos o galerías. Era la siesta, pero se veía a la gente muy tranquila, distendida, tomando té, jugando al dominó chino, cortando telas, ordenando botones, me dio mucha paz. Se me llenó la cabeza de ideas 🙂

Y cuando el clima mejore, sé que Antoinette también disfrutará mucho de este lugar, porque no hay cosa que le guste más que tocar, explorar, sentir… diferentes texturas:)

Cotidiano…

Poco a poco vamos armando nuestras “rutinas”, aunque éstas, que tenemos ahora, son rutinas de verano, vacaciones, cuando uno se olvida del reloj (esto es tema para otro post), duerme a pata suelta, los desayunos son el almuerzo y las meriendas son la cena. 
Todos los días nos levantamos tarde -excepto el marido que a las 6 AM ya se fue a trabajar-, y desayunamos con tiempo, leemos las noticias, miramos dibujitos, y empezamos a organizar la cena haciendo la lista del supermercado. 
El supermercado del barrio está en la misma vereda que baja a la playa, y tiene casi todo lo que necesitamos. Las cosas que no podemos comprar ahí, las dejamos para el fin de semana cuando con BW podemos ir a Carrefour o Metro. 
Es el típico supermercado chino, que está dividido en secciones. Tiene una pequeña sección de productos importados, donde puedo comprar la pasta y conservas en aceite de oliva. En la sección carnicería, solo hay carne de cerdo, pero de diferentes razas o variedades de cerdo. Así que eso tendré que aprender, porque de las dos veces que compré cerdo para preparar la cena, la primera vez la carne estaba durísima, y la segunda -que fue ayer-, al pensar que podía ser dura, la preparé en un sukalki -una típico guiso/estofado vasco que generalmente se hace con carne de guisar- y se deshizo por completo. Igual a BW le encantó, para él todo lo que tenga carne y papas -patatas- es una fiesta. 
La sección de frutas y verduras es enorme, y hay cosas que no tengo la más mínima idea de como se preparan/cocinan. 
Todos los días vamos al supermercado a la peor hora, el mediodía, por supuesto está completamente vacío, porque debemos ser las dos únicas locas que salen a hacer las compras cuando el sol no tiene clemencia de nada. La luz es tan brillante que te hace doler los ojos. Y la única compañía que tenemos es el canto de las cigarras. 
Así que como el supermercado está desierto, miramos y tocamos todo hasta el cansancio, y luego volvemos a nuestra casita china con la compra del día hecha. 
Lo que más extraño del supermercado del pueblo -en Beilun-, es la sección panadería, porque allá podía comprar la baguette fresca todos los días, y horneaban pan fresco dos veces por día, a la mañana y a la tarde. 
Así que cuando tenga este caos un poco más ordenado, tendré que hacer pan todos los días, si queremos comer pan fresco. De lo contrario tendremos que comprar el pan en Carrefour o Metro y congelarlo. 
El tiempo pasa muy rápido, hoy hacen 2 semanas que llegamos a Xiamen. Todavía extraño mucho mi casita china del pueblo, sobre todo cuando no encuentro mis cosas. 
Antoinette sigue descubriendo cosas, ya conoce el camino a casa, sabe como manejar el ascensor, y cada vez que vamos a salir agarra su sombrero y su sombrilla. Parece que la única que se sigue despertando todos los días en Beilun soy yo 🙁

Tormentas

En menos de dos semanas, tuvimos dos tormentas. Primero el tifón Soulik degradado en depresión tropical y luego la tormenta eléctrica Cimaron, que tocó tierra en Zhangzhou el jueves por la noche y provocó que llovieran unos 200 mm en una noche. Me impresionó ver como bajaba el agua de los cerros, varios de los árboles que bordean la vereda se cayeron,  y recién hoy los volvieron a poner en su lugar.

La parte más afectada fue la más antigua de la ciudad, donde estaba todo inundado y tuvieron que rescatar a varias familias con botes. Por suerte la lluvia cesó, y poco a poco fue volviendo todo a la normalidad.

Casi a diario llueve, sale el sol, se nubla, y vuelve a llover. Me gusta el ruido de la lluvia, cuando no se azota contra los cristales de las ventanas, o cuando el viento no hace vibrar los ventanales. Verano en Xiamen, temporada de tifones, tormentas eléctricas y mucha lluvia. 

“Contigo, pan y … ajo”.

El pasado 17 de julio, BW y yo cumplico 4 años de casados. Me había olvidado completamente, y eso que siempre recuerdo que este mismo día, es el aniversario de casados de mis padres.

Por la mañana, antes de irse a trabajar me había dicho de salir a cenar o hacer algo especial para celebrar, pero la verdad es que no tenía ganas. Hasta que llegó la hora de preparar la cena, y pensé que mejor le daba la cena a Antoinette, y nos preparábamos para ir a celebrar los 3 afuera. Al final fuimos al centro de Xiamen, a un restaurante italiano que ya conocemos, y nos pedimos un poco de todo.

Cuatro años no es mucho tiempo, pero para nosotros, con todas las cosas que pasamos justos en tan poco tiempo, nos parece una eternidad. Quizás sea justamente eso, de que como es tan poco tiempo, todavía tenemos muy reciente y vivido, todo lo que nos pasó. Y sin lugar a dudas, el nacimiento de nuestra hija fue la experiencia más intensa que no solo nos hizo más fuertes, si no que además nos unió más, y nos dió esa sensación del “compromiso mutuo para siempre”. Entiéndase compromiso desde la responsabilidad y la empatía.

Lo de elegirse día a día como pareja, es otra cosa. Esto es algo mucho más fuerte, es la base sobre la cual se construye nuestra familia día a día. Porque no creo que le den muchas ganas de elegirme cuando le/les estoy gritando para que haga/n o deje/n de hacer algo. Y para que mentirles, hay días en que yo no tengo ganas de elegir a nadie, ni de que nadie me elija. Sin embargo, sé que BW está ahí, con toda la fuerza de voluntad que lo caracteriza.

BW es mi mejor amigo, con el que puedo hablar de todo y sobre todo, el que me escucha y me entiende mejor que nadie. Quizás esa es la base de nuestra pareja, y es lo que me hace pensar que puede ser para siempre.

Cuando llegamos al restaurante, y Antoinette empezó a protestar porque había que sentarse y no podía salir a correr en la vereda, él con su santa paciencia le habló hasta que se calmo.

Lo primero que trajo el mozo, ni bien nos sentamos, fue un plato con pan remojado en aceite de oliva y una cabeza de ajo. Y mientras yo también me iba calmando, mientras escuchaba su voz, y lo que decía, miré el plato y pensé … “Contigo, pan y cebolla”, como dice el refrán, claro que como lo que había era ajo, de ahí el título de esta entrada.

Nunca me terminará de asombrar el poder del amor. Esa energía que hace perfectas las cosas, de la manera que son. Sentir amor nos hace valientes, valiosos, valorados.

” 被爱给你力量,爱人给你勇气。”
– 老子 – 

“Ser amado por alguien te da fuerzas, amar a alguien profundamente te da coraje”. 
– Lao Tzu –

Mangos

En la casa de mi tía D. solía haber un árbol enorme de mangos, no eran tan grandes como estos, eran más bien pequeños, dulces, muy dulces y fibrosos. Nunca nos habían llamado la atención, de hecho M. y yo casi nunca los comíamos, eran generalmente los vecinos los que disfrutaban de ellos.

Creo que M. y yo siempre tuvimos más preferencia por los cítricos. Mis abuelos nos compraban bolsas de naranjas y mandarinas. Además de todas las naranjas y mandarinas que podíamos tomar durante las vacaciones de invierno en la casa de mi tía C. en Villa Adela. 
En mi casa reinaban los pomelos, grandes, amarillos, muy dulces. Nos hacíamos mate de pomelo, y nos sentábamos en la vereda al sol, a saciarnos de vitamina C y D. También había una planta de lima, pero no nos gustaban, eran muy amargas. Mis abuelos tenían un limonero “de todo el año”, ya que en casa el limón era un condimento más. 
En la parte de atrás de la casa teníamos una plata de banana, y en la huerta mi abuelo tenía un precioso árbol de durazno. Será por eso que la primera vez que leí el poema de la uruguaya Juana de Ibarbourou se me quedó grabado para siempre… “Viejo duraznero que florido ríes en medio del patio, dulce duraznero de graciosas flores que plantó mi mano…”. 
Las vacaciones en la casa de mi tía C., en la colonia, eran la gloria. Ella solía cocinar las milanesas y las tortillas de papas más ricas del mundo. Los domingos se levantaban temprano con mi abuela, sacaban la pastalinda y hacían tallarines caseros, con tuco de pollo. 
Durante las vacaciones de verano solíamos comer duraznos y compotas de durazno hasta hartarnos. Siempre pasábamos alguna de las fiestas con ella, ya sea navidad, año nuevo o reyes, y ella cortaba las piñas de su huerta y hacía clericó, y nos dejaba tomar a escondidas, en secreto, una copita de vino moscato. 
La tía C. tenía un horno de barro, donde cocinaba los pavos rellenos. Todo lo que hacía era riquísimo. Mi papá la adoraba. Ir a su casa era fiesta en todo sentido. 
En las vacaciones de invierno la tía D. nos dejaba cosechar sus frutillas, y nos hacía flan, tiramisú o frutillas con crema para comer a la siesta mientras jugábamos a las cartas. 
M y yo éramos las protagonistas absolutas, ya que éramos las únicas nietas-sobrinas de todos, luego mi tía C. adoptó a L., y debo decir que el amor y los mimos no se dividieron, sino que se multiplicaron. 
El tiempo pasó, la mayoría ya no está físicamente, y no pasa un día en que no piense en ellos y los extrañe. Muchas veces uno dice que quisiera darle a los hijos lo que uno nunca tuvo, pero la verdad es que en nuestro caso, me hubiera encantando que Antoinette hubiera tenido aunque sea la mitad de todo lo que M. y yo tuvimos de chicas. 
Y estos días, que los considero vacaciones, que vamos con Antoinette de acá para allá, para ver si terminamos de una vez por todas con nuestros permisos de residencia y sus etc. Pienso en que me gustaría abrir la puerta y que fuera la casa de alguno de mis tíos, o de mis abuelos. Y verlos, y reírnos un rato. Y hablar del calendario lunar, y en que tiempo es mejor sembrar los tomates. Y preguntar por las flores, y que nos llenen de besos y abrazos, como cuando M. y yo éramos chicas. 

Curiosidades del barrio… Biblioteca

Justo en la misma vereda que baja a la playa, se encuentra esta biblioteca “autoservicio”. Como se puede apreciar en la foto: había cola, y los interesados charlaban animadamente sobre la oferta literaria.

No he tenido tiempo suficiente de curiosear que hay, pero lo tengo anotado como pendiente. No es la única, he visto varias desparramadas por la ciudad. Y si hay algo que le gusta a los jóvenes chinos en general, es leer. Leen muchas novelas, las clásicas y las que se van haciendo populares. Y supongo que para las vacaciones, playa y lectura, es la combinación perfecta.

Antoinette: 35 meses

Casi 3 años! Antoinette sigue tomándose su tiempo para todo. Estos días están siendo bastante difíciles. Descubrir que hay cosas que hay que aceptar, también le está costando. Hace rato que dejé de leer temas sobre que se espera de los críos a determinada edad, sin embargo es inevitable “comparar”, y a veces cuando comparto información con otras mamás que tienen peques de la misma edad, veo que tienen un montón de cosas en común con Antoinette. Y entonces me repito mentalmente, debe ser la edad. 
Recuerdo que el pediatra nos había dicho que fuéramos viendo -comparando- a Antoinette con peques de su misma edad, que vivieran a nuestro alrededor. Esto en un principio me pareció terrible, pero poco a poco entendí cual era la idea. Y con un poco de sentido común las cosas empezaron a tomar forma. 
Todavía no tenemos los resultados de los análisis genéticos, pero sé que este será solo el primer paso, independientemente de los resultados tendremos que hacer los exámenes neurológicos también. Yo busco respuestas que quizás nunca encuentre, y me cuesta aceptar lo que hay. En ese sentido nos parecemos mucho con Antoinette. 
Ayer ella no se sentía bien, hace varios noches que apenas dormimos. Para despejarnos un poco, bajamos a la playa. El tiempo estaba raro, parecía que fuera a largarse una lluvia torrencial en cualquier momento, sin embargo era solo una llovizna muy fina pero persistente. No hacía calor, pero mientras caminábamos por la vereda que baja a la playa, donde la vegetación es abundante, la humedad era sofocante. Fue cerca del mediodía, así que la playa estaba casi desierta. A eso de las 2 de la tarde, cuando emprendimos el regreso, empezaron a llegar los vendedores de cocos y mangos. 
Verde, siempre verde… el camino que baja a la playa. 
En la otra orilla, está la compañía donde trabaja BW
Antes de llegar a la arena, hay césped, bastante bien cuidado y limpio. 
La arena está muy descuidad, sucia, llena de basura. 
Entre Xiamen y Taiwan hay muchísimas islas e islotes. 
Antoinette corrió durante un buen rato, por supuesto después no quería volver a casa. Nos habíamos llevado el coche -la carriola-, por si se dormía, pero no, prefirió jugar y jugar. Estaba fascinada con tanta agua. Y cada vez que pasaban algunos peques corriendo, ella se quería ir con ellos. 
Su necesidad de interactuar con otros críos crece día a día, siempre está tratando de invitar a otros a jugar. Así que creemos que la escuela será muy positiva para Antoinette. Estoy segura que le gustará, lo que me da un poco de miedo, es el nivel de violencia que hay en muchos peques, porque claro, les pegan y gritan bastante. Pero también entiendo que poco a poco tendremos que ir saliendo de nuestro “lugar de confort” y empezar a experimentar el mundo real. 
Lo que más le está costando a Antoinette estos días, es aceptar que el padre se va por las mañanas a trabajar. Ella entiende perfectamente lo que es ir a trabajar, porque conoce y recuerda las oficinas, tanto la del padre, como la que yo tenía en la universidad. Y sabe que es ahí donde trabajamos, y que no se pueden tocar las cosas, ni abrir los cajones, que hay que sentarse y esperar. A veces también jugamos con ella a la “oficina”, y ella se despide con su bolsa y sus llaves para ir a trabajar. Sin embargo, eso de que BW se va y no la lleva, le queda clavado como una espina. 
Por las tardes el padre vuelve, y es la gloria. Y entonces jugamos los 3, a la oficina, o nos sentamos en el sofá y ella nos prepara té, o nos sirve la comida que prepara con sus verduras de plástico. Y en algún punto volvemos al tema, de que BW se tiene que sentar acá, no no no, mejor allá. Hasta que llega la hora de los libros, y nos vamos a dormir. O a tratar de dormir un poco. 
El resto del día lo pasa bastante bien, separando las cosas por colores. Ordenando una y otra vez sus cosas. Mirando sus libros. Todavía no he podido terminar de ordenar sus juguetes, así que va jugando con las cosas que van saliendo poco a poco de las cajas. Y algunas veces se entretiene con las cosas que le gusta jugar y sabe que no son juguetes. En fin… 
Estos días los estamos viviendo con mucha intensidad. Reunificar la familia. Reunificar nuestras cosas, que aunque carecen de valor material, tienen un profundo valor afectivo para nosotros. Encontrar cada uno su espacio en nuestra nueva casita china. Antoinette lleva una semana sin chupete, y no es un detalle menor. Se fueron terminando etapas, fuimos cerrando casitas -3 en un año-, ahora comienza una nueva etapa para nosotros 3, justo unos días antes de que Antoinette cumpla 3. 

Mudanza y media…

El fin de semana fuimos a limpiar el departamento de Zhangzhou, corroborar que no nos haya quedado nada olvidado, y ayer finalmente el camión trajo todas las cosas.

El puerto de Zhangzhou tiene esa cosa de pueblo, que me gusta mucho. Y fue abrir la puerta, y oler “hogar”. Me dieron ganas de quedarme definitivamente ahí. Pero no se puede, Antoinette irá la escuela, y tener que tomar el ferry a diario sería caótico. La nueva casita nos queda a 5 minutos caminando del colegio, y además al sur de la isla, también hay aire de pueblo.

Durante el viernes -pasado-, estuvimos en alerta naranja por el tifón Soulik, que finalmente tocó tierra el sábado por la noche con vientos de 120 km/h. Aunque fue un tifón degradado a depresión tropical, en el décimo piso donde vivimos, el ruido del viento era ensordecedor.

A mi me encantan las tormentas, y a Antoinette no había forma de sacarla de la ventana del comedor diario, fascinada con el agua que se azotaba en los cristales. Reconozco que hubo una fracción de tiempo, que la cosa empezó a preocuparme, porque se había tapado el desagüe de uno de los balcones -todavía no entiendo cómo- y mientras BW lo destapaba, vivimos unos minutos de tensión viendo como el living se iba llenando de agua. Finalmente algo hizo un ruido extraño, y el agua empezó a escurrirse como por arte de magia. Aunque BW quedó completamente empapado.

La mañana del sábado fue una mañana rara, de a ratos llovía, pero se aclaraba y el sol se volvía abrazador. Es difícil imaginar que se acerca un tifón, cuando el cielo está despejado y claro. Sabíamos que Soulik ya había tocado el norte de la isla de Taiwan, y como los ferries se cancelaron, BW no tuvo que ir a trabajar.

El sábado por la noche nos fuimos a dormir con la serenata del viento, y no estábamos seguros de poder ir a cerrar el departamento de Zhangzhou el domingo.

Pero la mañana del domingo amaneció con esa calma absoluta e infinita, que prosigue a las tormentas. Y poco a poco la costanera se empezó a llenar de vendedores ambulantes, y comenzaron a aparecer los turistas chinos con sus excéntricas vestimentas.

A las chicas chinas, en general, no les gusta quemarse, ser blanco es considerado un atributo de belleza. Así que van caminando por la costa de la playa, con enormes capelinas, faldas largas y blusas de mangas largas.

Los vendedores ambulantes, venden principalmente frutas de estación. Ahora mismo hay unos mangos verdes gigantes. Pero todavía no los probé, así que no sé que tal saben. Nunca comí mangos verdes, aunque sé que en Filipinas son muy populares. Prefiero los mangos bien maduros, y también hay muchísimos y muy sabrosos en el supermercado.

Durante los primeros días en este nuevo departamento, viví una especie de bloqueo mental, gracias a un olor nauseabundo que viene de la rejilla de uno de los baños. Me cansé de tirar de todo por la rejilla y no he podido combatirlo con nada. Se me viene a la mente algo que mi papá llama “tiraje”, pero no sé bien como explicarlo. Hay algo que falla en el diseño de estos departamentos, ya que pasa lo mismo en la cocina, por el extractor de olores viene el olor a comida de los otros departamentos. Y en la casita de Ningbo despertarse a la mañana con el olor a repollo -cabbage- hervido en vinagre y ajo, no es algo que vaya a echar de menos precisamente, aunque no por eso quiere menos a mis queridos vecinos coreanos.

Y a veces siento que la hipersensibilidad de Antoinette me supera, pero en realidad lo que me supera es la hipersensibilidad de las dos. Porque mientras a la pobre el maldito olor le da arcadas, a mi me da dolor de cabeza.

Antoinette siempre me transporta a mi propia infancia, a lo bueno y a lo malo. Y se que todo esto sería mucho más fácil, si tuviera más paciencia. Por eso admiro la capacidad de aceptación de BW. Algo de lo que yo, carezco en absoluto.

Y así estaba, bloqueada. Hasta que dije basta, y fui y compré un par de cosas para cocinar una buena pasta. BW encontró un supermercado que vende las cosas que necesitamos, y tienen muy buenas frutas y verduras.

Preparé un buen tuco -salsa de tomate-, y puse a hervir unos tallarines. Ya mientras olía el sofrito del aceite de oliva, la cebolla y el laurel, el humor me iba cambiando. Y mientras la pasta se cocinaba hice una macedonia de frutas -mango, banana, manzana, nectarinas, melón, uvas coloradas, ciruelas-. Nos sentamos los tres a cenar, y por un rato me olvidé de mi enemigo que vive en el baño.

Es que si una casa está desordenada, pero uno entra y huele rico, todo parece diferente. Mientras que no importa que limpio u ordenado esté un lugar, no importa que tan cómodas sean las cosas, si lo que reina es un olor feo y penetrante, que no te permite pensar en otra cosa.

Y el olor viene de afuera, de las alcantarillas, aunque BW lo niega. Pero es que a la tarde, cuando baja la marea, el olor se hace más insoportable. Y yo a este olor lo reconozco, lo he sentido otras veces en otros lugares en Xiamen.

Así que ahora, cada vez que baja la marea, me pongo a preparar la cena.

Esta noche, Antoinette no ha dormido bien, se ha despertado varias veces llorando. Y hoy por la mañana le sentí un poco de fiebre y quizás la garganta inflamada. Pero solo quería estar en brazos, así que la consolé y le dí un poco de leche caliente hasta que se volvió a dormir.

Ahora duerme, mientras arriba los obreros no nos dan tregua con los ruidos de la obra en construcción. Ojalá terminen pronto.

Afuera de a ratos llueve, y escucho a las cigarras, esto me hace pensar que en pocos días Antoinette cumplirá 3 años. Cada vez que escucho las cigarras me acuerdo del parto, de esa madrugada eterna entre dolores, viendo como iba aclarando, mientras la partera y BW dormían profundamente.

Cuando Antoinette se siente mal, yo me siento vulnerable, siento miedo. Aunque reconozco que casi nunca se enferma, y que el hecho de saber que BW está acá -aunque ahora está en el trabajo, en Zhangzhou-, es un bálsamo que me reconforta, y me hace pensar en que todo pasa. Lo bueno y lo malo, todo, todo pasa.

Ningbo era lo conocido, era conducir dos horas y media y estar en Shanghai. ¿Cómo será Xiamen?

No tenemos pasaporte y eso también me hace sentir vulnerable. No hay cosa que me ponga de más mal humor que depender de otra persona. Hace más de una semana que entregamos los pasaportes para tener los nuevos permisos de residencia. Y recién ayer una de las secretarias del trabajo de BW nos avisó que tenemos una especie de entrevista el próximo jueves.

Yo entiendo que nuestra situación es un tanto especial, pero yo no pienso dar el brazo a torcer. Para ellos sería más fácil que salga de China y vuelva a entrar como si todo fuera nuevo. Pero yo me niego, porque si bien soy extranjera, me he mudado de ciudad no de país. Y Antoinette nunca ha salido de China. Alguien tiene que reconocer esa situación y estoy segura que solo se trata de encontrar la persona que tenga la capacidad -y las ganas- de resolver esto.

Por lo pronto mi visa vence el 20 de julio -día del amigo en Argentina-, así que quizás tenga que viajar a Hong Kong, con todos los vuelos demorados que estos días tenemos por los tifones o tormentas eléctricas propias de esta época del año. También hay la posibilidad de ir a Holanda en septiembre, pero yo no tengo ganas de ir a ningún lado. Quiero ordenar todas estas cosas, quiero que Antoinette se sienta bien, quiero que podamos disfrutar de nuestras cosas, sin que tenga que perder una hora tratando de encontrar algo.

Cuando fuimos a comprar los muebles al Ikea de Shanghai, el mueble que me gustaba para poner los libros y otras cosas, no había en stock. Nos dijeron que lo podrían tener para fines de julio. Además yo no estaba muy segura de comprar algo, porque no había visto el departamento.

Y ahora que voy tomando conciencia de las dimensiones no solo del departamento, si no de todas las cosas que hemos ido colectando, creo que tendré que comprar un par de muebles más. Por ejemplo, uno donde poner la vajilla, ya que en las cocinas chinas no hay alacenas, solo bajo mesadas. Además de que las cocinas chinas son pequeñísimas.

Aunque todo esto, me importa muy poco ahora. Solo quiero que Antoinette se sienta bien. Y ella se sentirá mejor si yo me siento bien. Y yo me sentiré un poco mejor cuando logre ordenar todo esto. Y BW siempre se siente bien. Me gustaría saber como hace.

Resumiendo: cerramos la casita de Beilun -Ningbo-, cerramos la casita de Zhangzhou, nuestros permisos de residencia están en trámite, y lo más importante: -aunque estamos como estamos- ESTAMOS LOS TRES JUNTOS. 

Zengcuo An – Xiamen

El lunes por la noche, llegamos a nuestra nueva casita china. Ya estamos instalados entre cajas y juguetes. Vivimos en una zona que se llama Zengcuo An, en el sur de la isla, en el distrito de Siming.

Desde la ventana del comedor diario, se ven el mar y los cerros. No he visto mucho aún, pero me gusta esta mezcla de casitas y edificios.

Hace muchísimo calor. Ayer fuimos al supermercado a comprar algunas cosas y la sensación era la de estar “asándose al sol”. BW dice estar ya habituado al clima tropical de la isla, yo espero que nosotras podamos hacer lo propio lo antes posible.

Me gusta nuestra casita, pero nada puede ser perfecto. Tengo una obra en construcción SOBRE MI CABEZA. Y el taladro funciona sin parar de 6 a 11 AM, y de 2 a 5 PM. Espero que terminen pronto, antes de que acaben con mis nervios.