Magdalenas de Chocolate Amargo

Esto viene de Magdalenas de Chocolate Amargo y Siete tazas de té … Y donde dice “chocolate muffins”, léase DARK CHOCOLATE MUFFINS. Así esta la cosa, que le vamos a hacer!
Durante la Dinastía Tang, hubo un poeta chino muy famoso, que se hizo más conocido por dedicar toda su vida al estudio de la Cultura del Té, que por la poesía en sí. Su nombre era Lu Tong (790 – 835), y aunque siendo muy joven se recluyó en la Montaña Shaoshi (少室山), nunca llegó a ser un oficial (aparentemente se habría negado a serlo). 

Devoto taoista, proveniente de una familia aristocrática, siempre había recibido favores del gobierno, hasta que un día fue acusado de conspiración y ejecutado. 

Sin embargo, toda su literatura es un legado para los amantes del té. Uno de sus poemas más conocidos, se titula “Qi Wan” –七碗-, traducido literalmente “Siete Cuencos”, porque en China el té se bebe es unos pequeños cuencos que reciben el mismo nombre que los recipientes que se utilizan para servir el arroz. Pero la idea refiere a “Siete tazas de té”. 

七碗诗 卢同(唐. 790~835)
一碗喉吻润,
二碗破孤闷,
三碗搜枯肠,
惟有文字五千卷,
四碗发轻汗,
平生不平事尽向毛孔散,
五碗肌骨清,
六碗通仙灵,
七碗吃不得也,
唯觉两腋习习清风生.
蓬莱山﹐在何处,玉川子乘此清风欲归去.

Siete tazas de té – Poema – Lu Tong (Dinastía Tang 790 – 835)
La primera taza de té humedece mis labios y mi garganta, 
la segunda taza de té rompe mi soledad, 
la tercera taza de té busca en los riachuelos secos de mi alma,
para encontrar las historias de los cinco mil manuscritos.
Con la cuarta el dolor de las injusticias de la vida
se evapora a través de mis poros. 
La quinta relaja mis músculos y mis huesos se tornan livianos. 
Con la sexta encuentro el camino que conduce a los ancestros inmortales.
La séptima taza, mejor no beber, si tuviera este solo sentimiento,
el viento fresco sopla a través de mis alas.
Donde está la isla de Penglai, deseo viajar en esta dulce briza y volver.

Son muchos los momentos que me abstraigo en mis quehaceres, y pienso porqué estoy aquí, cual es la razón que me trajo, y cual es la que me mantiene. Son muchos los momentos que me lleno de impotencia ante tanta impunidad. BW me pregunta porqué leo o veo tal o cual cosa, que eso no me hace bien. Pero yo necesito saber, necesito saber donde estoy parada, necesito tener contacto con la realidad que me rodea. 

Las noticias no son buenas, la impunidad está en todas partes, pero yo necesito saber donde reina. Quiero que sepa que la conozco, que sé como opera, y que aunque muera en el intento, en algún momento veré como cae de su trono banal. 

Pienso en todas esas mujeres con los pies pequeños, en los años que le llevó a esta sociedad entender que las mujeres necesitaban salir de ese aletargo al que las habían sumido. Y ahora pienso en los niños, en todos esos niños a los que día a día les aniquilan el alma. Los llenan de mandatos y de temor. 

No fue una semana buena, me costó abstraerme en cosas buenas, tenía la cabeza llena de odio y el corazón arrugado como una pasa de uva, seco. Un maestro abusó de seis niñas y les contagió una enfermedad de transmisión sexual. Las familias fueron a reclamar y la alcalde de la ciudad, no tuvo mejor idea que aconsejarles guardar silencio. Esto se puede interpretar de muchas maneras, la alcalde alegó en su defensa que lo que quiso decir estaba ligado a preservar la intimidad de las víctimas menores. Pero lo cierto es, que si las familias no hacen públicas sus miserias, si no llaman la atención de la opinión pública, no pueden despertar a Doña Justicia, que a veces más que dormida, pareciera que está  muerta. 

Todos los días pasan cosas horribles, en todo el mundo, pero cuando lo que pasa está al lado de tu puerta, y te haces el indiferente, te transformas en un cómplice necesario. Porque todo lo malo que pueden hacer, lo hacen, porque tu silencio se los permite. 

Por suerte, China también tiene cosas buenas, muchas cosas buenas. Por ejemplo su té y la literatura. Me gusta mucho la literatura de la Dinastía Tang, le llaman la Dinastía de Oro.

China me enseñó a beber su té, y se volvió mi compañía, me ayuda a curar el alma, a pensar. Litros y litros de té. Siempre con una taza de té en la mano, siempre con una taza de té a mano. 

Hoy sábado BW tenía que trabajar, pero solo mediodía. Sé que le encanta el chocolate, y tenía un poco de chocolate amargo. Así que hice unas magdalenas. 

La receta es muy simple!

Ingredientes: 

1 y 1/2 taza de harina de trigo
3/4 taza de azúcar 
1 pizca de sal
2 teaspoon (cuchara para té) de polvo de hornear (levadura química)
1/3 taza de aceite vegetal (he usado de canola) 
1/3 taza de leche entera
3 huevos
1/2 taza de chocolate amargo en polvo o rayado

Preparación:

Como no estaba de arte, usé la batidora eléctrica. Así que primero puse a batir los huevos, junto con la leche y el aceite. Y por otro lado tamicé todos los ingredientes secos (harina, azúcar, chocolate, sal y polvo de hornear). 

Agregué los ingredientes secos a la mezcla líquida, y lo dejé en la batidora a velocidad media por unos 5 minutos. 

Mientras el horno se precalentaba a 180 grados, puse los pirotines -papelitos- en los moldes de metal. Son precisamente estos moldecitos de metal, los que permiten que las magdalenas salgan perfectas!
Los moldes los compré acá en Xiamen, en el supermercado Metro, el año pasado. Y los pirotines (papelitos), los compré en Hong Kong en el Supermercado City. 
Como que no afilé las herramientas, pero me suelo obsesionar, y aunque BW diga que la perfección de las cosas, radica en la imperfección de las mismas, si las cosas no salen como las necesito, siento que me traiciono. 
Todavía me queda un largo camino por recorrer, pero creo que estos pirotines y los moldes de metal, casi se acercan a la perfección. Todavía me sigue fallando calcular la temperatura exacta del horno. Hay un punto, en que el horno se sobrecalienta, y entonces las magdalenas se rompen. 
Hay que rellenar el 75% de los pirotines con la mezcla, y tres medidas de las cucharas chinas para sopa, son exactas! 
Los horneé durante 20 minutos, y BW llegó justo para comérselos calentitos, como le gustan! Yo quería probarme uno, pero son tantas las cosas que tengo en la cabeza, que lo que único que puedo digerir estos días es té. Ni siquiera ideas puedo digerir. 
Después de poner a Antoinette a dormir, fui al supermercado. Caminé mucho, compré papel para forrar unas cajas y una cinta para llevar las llaves. Me distraje mirando rostros, expresiones… Volví a mi casa para preparar la merienda, y luego la cena… La vida se me esfuma y soy consciente de que no merece la pena estar enojado, angustiado… 
El té me aclara las dudas, me reconforta el alma, me da esperanzas. Estoy segura que voy a encontrar el espacio ideal para Antoinette. 
“Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre la energía al alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo”  Laura Esquivel, Como agua para chocolate. 

No puedo permitir que nadie humedezca la caja de cerillas de Antoinete, hasta que ella misma pueda ir por el mundo haciendo detonar uno por uno los fósforos de su cajita. 

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