Pequeña escala…

Me he propuesto hacer más cosas que me gustan a “pequeña escala”. Ratitos del día para hacer algo que me guste mucho. No puedo dedicarme un día completo para mí, no porque no tenga quien pueda cuidar a Antoinette, ya que si BW está en casa es perfecto para ella, sino porque soy yo la que no la puede dejar, y si me planteo hacer algo me agarra el ataque de culpa.

Antes quizás me hacía una taza de té antes de colapsar o desplomarme de cansancio. Ahora no, ahora me organicé varios ratitos del día para hacer algo que me de placer. Tengo varios “project in progress”: la colcha de Antoinette, un punto cruz de un diseño chino, unas telitas, ordenar mis alajeros de una forma práctica, armar mi costurero, etc.

Desayunar un jugo -zumo- de frutas, leer algo, tejer… Poco, pero bueno! Todavía no llegue al summun de disfrutar de “no hacer nada”. Pero prometo intentarlo! 

Al pan, pan!

A mi me gusta mucho cocinar, pero hay días en que no tengo ganas de estar pendiente de lo que está en la hornalla, sin perder de vista a Antointte, que desde hace un tiempo “exige” ayudarme en la cocina.

Para eso días, y como no tengo un marido muy exigente ni delicado con la comida, la opción es “pancitos”. Y entonces horneo estos pancitos que se pueden rellenar con lo que tenga a mano. Las opciones de relleno son muchas: (tipo sándwich) untados con queso, o manteca, o paté. Y en el medio una feta de lo que sea: salame, algún queso duro, jamón, etc. A BW le encantan untados con manteca de maní -cacahuete- también.

También pueden ser una opción dulce rellenos con dulce de leche, o mermeladas, o nutella! Te sacan de apuros a la hora que sea: desayuno, almuerzo, merienda o cena.

La receta es la masa básica de siempre, con las mismas medidas, solo suelo cambiar alguno de los ingredientes de vez en cuando: a veces uso aceite de oliva, otras veces uso manteca sin sal. Serían unas gloriosas marraquetas si tuviera grasa de vaca, pero nunca la he podido conseguir. Algunas veces tengo mucha suerte y consigo harina integral, y entonces hago un pan negro:)

También con la misma masa, preferentemente con manteca sin sal, y estirados con el palo de amasar, se pueden cortar unos ricos bizcochitos para el mate, el té o la leche. A BW le gustan calientes untados con manteca, porque le recuerdan a los scones de su abuela.

La receta la he publicado varias veces, pero aquí de nuevo:

Ingredientes:

3 tazas de harina de trigo
1 cucharada (tablespoon) de levadura deshidratada (instantánea)
generalmente es la medida de un sobre, entre 15 y 18 gramos aproximadamente.
1/3 taza de aceite de oliva o 40 gramos de manteca sin sal
1 taza de agua tibia
1 cucharada (tablespoon) de azúcar
1 cucharadita (teaspoon) de sal

Preparación:

El secreto del pan está en el levado, así que hay que prepararlo con tiempo, generalmente necesita mínimo una hora de levado. Y si se usa manteca, hay que sacarla con bastante tiempo de la heladera para que al momento de usarla, esté a temperatura ambiente.

Para empezar hay que tamizar las 3 tazas de harina con la sal y el azúcar, verterlos en un cuenco y  agregar la levadura deshidratada, luego agregar la manteca o el aceite, y finalmente el agua tibia. Amasar hasta conseguir una masa lisa y homogénea.

Separar en bollos, y colocarlos sobre la fuente del horno, hacerle unos tajos con un cuchillo y cubrirlos con un repasador o lienzo y dejarlo levar entre 40 y 60 minutos. Luego meterlos al horno precalentado por media hora aproximadamente.

En el caso de los bizcochos, pueden llevar harina común o integral, y salen riquísimos con manteca. Hay que estirar la masa y cortar los círculos, ordenarlos en la bandeja y con un tenedor pincharlos para que no hagan una burbuja de aire. Bien cocinados, quedan crujientes y deliciosos!

Y en una próxima entrada (solo Dios sabe cuando) caras sucias o tortitas negras, porque la verdad merecen un post aparte! 

Otoño y medio…

Hoy comienza el otoño oficialmente (la primavera del otro lado del mundo), pero en China ya estamos festejando el Medio Otoño. Siempre tan adelantados!!!

Tuvimos 3 días feriados, pero hoy domingo es día laborable. De alguna manera la paz volvió a mi cuerpo extraño. Durante varios días he estado teniendo “mal cuerpo”, y nunca mejor dicho. Angustia, ansiedad, sentimientos raros… No estoy enferma, y aunque los males de Antoinette me afectan no solo emocionalmente, ella solo estaba estreñida, quizás esta vez un poco más que otras veces, pero también es cierto que estamos en un proceso de control de esfíngeres y a Antoinette le está costando mucho desprenderse de sus cosas. Le hablamos, le explicamos, la alentamos… Pero debe haber algún gen negado que es más fuerte que cualquier explicación racional.

No está en mis planes sacarle el pañal, de hecho en la escuela no tienen problema. Ella va y vuelve con el pañal seco. He decidido no hablar más sobre ella con BW cuando ella está presente, porque no sé que tanto entiende. Y aunque hable en sentido figurado, cada vez que BW y yo charlamos ella se altera.

Encontrar un momento para hablar con BW es muy complicado, no solo por una cuestión de tiempo, sino porque “hablar” no es precisamente el fuerte de BW. Él tiene mucho talento para escuchar. Ponernos de acuerdo es harina de otro costal, y los dos lo atribuimos a la cuestión cultural.

Estos días festivos, con Antoinette irritada en los sentidos de la palabra, estreñida a tal punto de tener diarrea, el estrés mental me hizo cuestionarme todo este método natural que tenemos de resolver las cosas. Y mañana voy a pedir un turno con una pediatra extranjera en el Hospital Americano de Shanghai para que me recete algún laxante. Muy en contra de lo que piensa BW, no pienso esperar a que nos llame la pediatra de Hong Kong y si la pediatra de Shanghai me puede orientar un poco sobre el orden en que tenemos que hacer los estudios médicos (aunque requieran anestesia general -el terror de BW-), me voy a poner manos a la obra con eso. Incluso con la frenectomía labial y lingual.

El tiempo no pasa, arrasa. Y ese sentimiento de arrastrar el tiempo infinito, se me tornó en una sensación en que el tiempo me lleva a la rastra.

Hoy domingo, con un vendaval fortísimo, íbamos las dos en taxi, el taxista iba charlando sobre el tiempo, preguntándome porqué me arriesgaba a salir con alerta de tifón, porqué no llevaba paraguas, etc.; cuando la mira a Antoinette por el espejo retrovisor y le pregunta sin pausa “¿Entiendes chino? ¿Cuántos años tienes?”, Antoinette se incorporó inmediatamente en el asiento y le señaló 3 con los dedos de la mano, de la manera en que los chinos cuentan los números. Me quedé un rato aturdida, no porque entienda chino, sino porque entendió lo que el taxista preguntaba, incluso cuando era difícil para mi, por su acento, entender o seguir la conversación. Él la alagó un rato, diciéndole lo bonita que era y luego le preguntó ¿Adónde vas?, y ella le respondió en chino “con mamá”. El taxista le preguntó si yo era su mamá y ella respondió en holandés “ja”. El hombre entendió la respuesta, diciendo que el podía entender un poco de inglés, por ejemplo “si” y “no”.

Cuando llegamos al banco, se quiso sacar el piloto de lluvia, y se acercó a unos chicos bastante mayores que ella que estaban jugando. Se entretuvo un rato mirándolos, y luego, cuando fue nuestro turno, se vino conmigo, porque le gusta hacer esas cosas que solo en China podemos hacer. Yo sostengo su mano, mientras ella empuña la lapicera y así completamos los formularios, firmamos, etc. Le indico los números que hay que presionar y ella recibe los comprobantes y los guarda en su cartera.

Pasamos por el supermercado, donde ella compra cosas “para papá”. Y volvimos raudas a casa, con lluvia y viento. Bordeando la isla, el agua llega casi a la calle, no se veía la playa.

Ojalá refresque después de la lluvia. Esta semana que comienza será intensa, tendremos 8 días laborables corridos, y luego una semana de feriado por la fiesta nacional. A BW le cuesta desconectarse del trabajo, pero una semana de vacaciones nos vendrá bien a los 3. No tenemos ningún plan, y eso ya suena a buen -buen no, excelente- plan.

Estos 3 días pasados, al estreñido estrés le sumé mi herperquinesia, y me puse a hacer cientos de cosas juntas: funny pillows para Antoinette, las fundas anti-líquidos para el sofá, ordené los juguetes, fui cosiendo los grayny squares que andaban sueltos y Antoinette los usa de patinetas. Y a medida que cosía iba tejiendo los cuadros con los colores que faltaban. Hice desayunos, almuerzos, meriendas y cenas, aunque BW preparó la cena y el té un par de veces. Hice las compras en 3 supermercados diferentes. Limpié, lavé, ordené, y recién anoche pude dormir un poco mejor, después que Antoinette parece haberse liberado de la mayor parte de su estreñido problema.

Mañana, Dios mediante, retomaremos las rutinas. Antoinette irá al jardín, cosa que le gusta y mucho! La semana pasada la directora del jardín publicó unas fotos en su cuenta personal de Wechat (el whatssap chino) y reconozco que se me subió la mostaza a la cabeza, pero también entiendo la realidad donde vivimos, donde todo el mundo le saca fotos a Antoinette sin pedir permiso, y al menos en este caso me pude descargar las fotos para guardármelas y tener recuerdos de esos momentos que ella no está conmigo, aunque estoy a  5 minutos de distancia esperándola.

Antoinette poniéndole onda a la clase de música. You rock babygirl!!! 

Eso que te quita el sueño…

Antoinette estás fascinada con unas piezas de goma eva que se usan para poner en el suelo. Las tenemos hace mucho tiempo, y estaban desde siempre en su rincón de juegos. Pero el día que las sacamos de las cajas y BW la ayudó a ensamblarlas, se volvieron mágicas.

Desde entonces son el rompecabezas que no se cansa de armar y desarmar! Las apila y hace carrera de obstáculos, las escala, se para en la cima de su pila mágica y salta.

Se ha metido a la cama con sus piezas de goma eva. Primero las ordenó y se acostó encima. Después las apiló en un rincón y se armó un tobogán por donde deslizarse. Estamos a oscuras, pero eso no es un impedimento para que ella eche a volar su imaginación.

Todos los días tenemos una pequeña guerra de territorio, yo quiero pasar la aspiradora, y para ella el orden perfecto es: todas sus piezas de goma eva desparramadas por doquier.

Les hice lugar en un rincón del sofá, donde las suelo poner para pasar la aspiradora. Y ella espera atenta que termine de limpiar una parte, para ir sacando y ordenando una por una sus piezas de goma eva hasta que estén desparramadas por toda la sala.

Ahora trataré de convencerla de que las dejemos a un lado de la cama y nos pondremos a leer algo, hasta que nos quedemos dormidas.  

Buscando inspiración…

Happymess!!! 
Antoinette’s Books 
Chinese Red Spicy Pepper 
Smaland Girl – Swedish wooden handcraft
 
Matrioshka – Russian Nesting/Nested Dolls 
Bobing Chinese Table Game 
Cinnamon Roll 
Color
Waiting for a Chinese little princes
Spices for Xiamen Style Noodles 
Wild Yellow Flower 
Lemons
Tea bottles
Lucky Cat
Colorful
Apples
Salak
Pears
Doraemon 
Healthy Morning Snack
Waiting in line for coffee
Blueberry Danish 
Watermelon 
Chinese Snacks 

La cuenta de los días…

Y llegó el día en que Antoinette me dice “bye bye” -adiós- con la mano y se va con la Teacher’s assistent -la maestra ayudante-.

Antoinette tiene una nueva persona en su pequeña vida, y esa persona es muy especial para ella. Lejos quedaron los tiempos en que la maestra era el centro del universo. Los niños tienen esa mágica forma de ser, que se va moldeando, y aún el espíritu más aventurero, cae rendido en los brazos del “afecto”.

Alex es una chica china, con una dosis extra de paciencia, y aunque todo tiene un porque, pues para Antoinette Alex es muy familiar -es china, podría ser alguna de mis alumnas con la cual Antoinette solía jugar, podría ser Li o June, las señoras que la cuidaban cuando iba a trabajar- lo cierto, es que es la primera vez que Antoinette comparte “este afecto” con otros peques, porque Alex necesita ayudar a todos los niños por igual.

Antoinette llega y le da un abrazo, aunque por supuesto, las mañanas son un poco borrascosas para nosotras por el bendito maldito reflujo. Y ya nos pasó que Alex la tomó en brazos, y sin querer le apretó la barriga, y Antoinette vomitó todo el desayuno 🙁 Pero eso es algo que nos ha pasado cientos de veces incluso a BW y a mi. Sacarla de la silla alta, después de comer, hacer que sienta vértigo y zaz! Paciencia, mucha paciencia. Tranquilizarla, cambiarla y volver a alimentarla.

Pero que Alex esté ahí, la hace sentir segura, le da confianza, le permite explorar, descubrir y sentir cosas nuevas, fuera del ámbito de su casa. Puede interactuar con otros peques, mejorar sus habilidades sociales, que es lo que la pediatra puso a la cabeza de la lista.

Por supuesto, su padre sigue siendo su persona favorita por excelencia. Y aunque la cosa ha mejorado muchísimo, todavía tiene sus ratos de “desborde” cuando BW está en casa. A veces no quiere que se siente a la mesa a cenar, otras veces quiere que la tome en brazos y le permita ver que hay en los lugares donde ella no puede alcanzar por sí misma.

Está infinitamente cariñosa, nos da abrazos que quitan el aire, y no nos pierde de vista un segundo. Se entretiene con sus cosas, y ahora estamos en la etapa de investigar la luz y sus efectos. Corre las cortinas para ver como se extienden los rayos de luz en la sala. Le divierte ver su sombra. Ordena millones de veces sus cosas, en un orden especial, ese orden que solo ella entiende.

No falta nada para el Festival de Medio Otoño, y entonces llegarán esos preciosos días que tanto añoramos. Las últimas tormentas eléctricas de lo que ha sido el verano van pasando, y aunque nos dejan entre el bochorno húmedo, son un espectáculo digno de ver. Las nubes comienzan a aparecer justo detrás de los cerros, y van tiñendo el cielo. A lo lejos se ven los reflejos del sol sobre el mar verde, pero el viento no tardará en arrastrar las nubes hasta haber cubierto por completo el cielo. Entonces lloverá como nunca, entre relámpagos y truenos.

Las horas no me alcanzan, no he terminado de ordenar la casa. Se me escurre el tiempo entre atender a Antoinette, llevarla a la escuela, esperar por ella, la comida, la ropa, las compras, la gente nueva que se va sumando a nuestra vida, las nuevas actividades, etc. He ido comprando cosas de segunda mano, y poco a poco voy acondicionando la casita china.

De unos chicos que se mudaban a otra casa, armé el cuarto de visitas. De una chica irlandesa que volvía a casa, compré los estantes para los libros y los juguetes de Antoinette. También un par de muebles para poner cosas de la cocina. Y el caos todavía reina, pero como siempre digo, estamos juntos, y es realmente lo que cuenta!!!

Y sigo tejiendo en cada ratito libre que me queda, mientras espero a Antoinette suelo tomarme un té y tejer. Las chicas de la cafetería suelen rellenarme la taza de agua caliente varias veces, las bondades del té verde, que te permite seguir disfrutándolo aún cuando ya solo sabe a agua.

Me queda un largo camino… pero todo empieza con el primer paso:) 

La vida china en fotos…

A veces son demasiadas emociones juntas… 
El mercado de frutas y verduras. El edificio que se ve atrás (en el medio) es donde vivimos, en el penúltimo piso. Son varias torres iguales separadas por jardines y calles. Más atrás se ven las torres en construcción. 
La religiosa siesta. 
Zumos de frutas tropicales muy cerca de la escuela de Antoinette.
Xiamen
Falta nada para el Festival de Medio Otoño, hay pasteles de luna por todos lados. 
El estante de zapatos en la escuela de Antoinette. 
Antoinette pachucha… 
Labor terapia para los males virulentos… Como que la “H” no cabe en el lugar de la R.

Otro otoño en China…

Otro otoño en China. Nuestro primer otoño en Xiamen. Y hoy, al querer abrir la ventana por la mañana,me quedé enredada entre en las cortinas. Un viento distinto me atrapó, pero con un aroma familiar: el de la cosecha, con un dejo dulzón ahumado de la quema de rastrojos.

A veces la vida es dulce, y te despierta del sosiego con una sensación de cobijo. Por las noches refresca, pero no hace falta más que una manta ligera para darle calor al alma.

Y por las madrugadas, cuando BW se despide, me queda la cama imperial a mis anchas. Me gusta buscar el calor que dejó sobre el colchón, y allí me acurruco, y me vuelvo a quedar dormida con ese aroma tan familiar que esconde su almohada.

La vocesita de Antoinette me despierta, pero solo me vuelve la conciencia cuando apoyo los pies en el piso frío. Estoy viva pienso. Me escurro el pelo de la cara y le sonrío a Antoinette que me sigue balbuceando cosas sin pausa. Solo atino a preguntarle: ¿Querés la leche? Y ella responde muerta de risa: “Ja”.

Aprieto el botón de la pava eléctrica, y me voy al baño. Me miro en el espejo como si no me reconociera y pienso en el orden práctico de las cosas que tengo que hacer. Antoinette me llama. Le respondo. La pava chilla. Y de repente después de escucharse el “trac” del interruptor de la electricidad, todo se vuelve un silencio sublime.

Antoinette me vuelve a llamar. Le respondo de la cocina. Empiezo a escuchar la música de sus dibujos preferidos, después su risa, la información llega a mi cerebro una por una, pero con mucha intensidad. Se me cruzan imágenes. Y recuerdo un ejercicio que hacíamos con mi amiga A. cuando intentábamos dormirnos después de un día donde habíamos experimentado cientos de cosas, y la cabeza parecía que fuera a explotar.

Pienso en A. que ahora está en la UNAM en México haciendo una maestría de indumentaria. Miro los imanes del refrigerador que hizo y me los trajo la última vez que me vino. Pensar en ella me llena el alma, es tan creativa, tiene tanto color y tiene esa capacidad innata que Antoinette pareciera tener de apreciar texturas.

El pelo de Antoinette me cautiva, se ve tan linda por la mañana con esa maraña en la cabeza. Y yo me pregunto, que ve, cuando se mira al espejo una y otra vez. Se para frente al vidrio de la cocina, y hace gestos y ademanes, y responde como si alguien imaginario le hiciera preguntas. Después lo despide diciendo “bye bye”. Vuelve al espejo para asegurarse de que su visita imaginaria se fue, y como si fuera poco lo vuelve a despedir con una sonrisa enorme y agitando la mano.

Desayunamos, nos reímos, hoy no vamos a la escuela porque estamos (las dos) virulentas. Ayer tampoco se quedó, porque ni bien llegó vomitó, y lo mejor fue volvernos a casa, racionar las comidas, no sobrecargar el estómago, hidratarse, y darle tiempo al organismo que batalle con los nuevos virus que vamos recogiendo en el jardín.

Fue solo dos días al jardín, el primer día se quedó dos horas y media, y todos en general lo pasaron bastante mal, porque había un par de peques que durante ese tiempo no pararon de llorar a los gritos, patear la puerta, etc. El segundo día, eran otros niños, solo uno tuvo una pequeña pataleta, pero después no pudo resistirse a jugar con los otros.

El tercer día volvieron los llantos, pero como Antoinette vomitó, no nos quedamos. Todo el mundo dice que la adaptación les toma un mes. Yo creo que cada peque es distinto, y que Antoinette solo se querrá quedar si hay algo que le gusta mucho o le interesa. Pero quizás me equivoque. Lo cierto es que no les queda otra.

Es otoño en China, y tengo esperanzas. Aunque el calor se haya llevado todas mis energía.