Navidad en Xiamen

Hubo un año en que con mi papá, hicimos las Navidad de los pobres, estábamos los dos solos, con pocos ánimos de festejo, pues ese año, un mes antes, mi abuela había fallecido. Cabe resaltar que con mi papá todo sabe más rico, pero sin embargo, de esa navidad recuerdo, que lo que cocinamos estaba delicioso. No había árbol de navidad, ni decoración, solo una fuente con comida y una charla amena sobre temas navideños (navidades anteriores, costumbres de navidad, etc).

Desde entonces guardo ese respeto sagrado por lo sencillo, pero también me hace ilusión darle ese toque especial de “festejo” para que Antoinette vaya construyendo sus recuerdos.

Esta navidad, es nuestra primera navidad en Xiamen, los 3 juntos. Habíamos vuelto por la mañana de Hong Kong, así que estábamos cansados. Antes de irnos, dejé la compra lista, así cuando volviéramos no habría necesidad de salir de casa. En China no se celebra la Navidad, así que era día laborable.

Antoinette vomitó en el avión, y eso me angustió bastante. Cuando llegamos a casa quiso dormir la siesta, y durmió por un montón de horas. Al parecer le hizo bien, porque se despertó con las pilas recargadas y de buen humor.

BW encendió las luces del árbol, y compró en youtube un par de películas de Navidad para Antoinette. Pusimos una mesa sencilla, yo preparé una sopa de calabaza e hice pan casero. BW había comprado pan dulce y distintos tipos de fiambres y quesos, para comer “bread”, que es como le llama él al sándwich común de toda la vida. Decoramos con una guirnalda de luces, y una manzana, que en China simboliza la “noche buena”, o “calma”, que sería la traducción literal.

Cenamos, y después fue todo disfrute. Antoinette estaba atenta a Papá Noel, y el 25 por la mañana encontró sus regalos en el árbol.

Desde este rincón del mundo les quiero desear una feliz Navidad! Que se renueven las esperanzas, y que todo sea con mucha dicha. Un abrazo muy fuerte para todos, y gracias infinitas por acompañarnos siempre! 

Adaptación

Nos ha costado, y aunque no podemos decir, aún, que estamos 100% “asimilados” con el lugar, su entorno, sus peculiaridades, y todo lo demás, parece ser que finalmente Xiamen empieza a tener cara de “nuestro lugar” (temporario, como siempre, como lo es todo en esta vida al fin y al cabo).

Ya entiendo un poco más la isla, sus horarios, sus costumbres, sus rituales. Ya se me hace más predecible (en el buen sentido de la palabra), lo que puede llegar a pasar. Ya puedo decir que entiendo como funciona, y ya no me siento tan “extraña/extranjera” como antes.

Antoinette sigue adaptándose a la nueva escuela, y los 3 seguimos adaptándonos a vivir juntos otra vez, poco a poco cada uno va encontrando su lugar, y creo que esto último es lo que más cuesta.

Y esta, es mi primera mañana sola en Xiamen, desde que llegamos. BW en el trabajo, Antoinette en la escuela, y yo tratando de hacer de esta casa un hogar. Aunque ya todo está donde debería estar, todavía me quedan un par de cosas dando vueltas, sin lugar fijo, y me pone de mal humor andar chocándomelas a cada rato.

Hasta podría susurrar que tengo una amiga, y que de una manera más sensible, me ha ido mostrando el lado bueno de Xiamen.

S. es kazaja, y ha estudiando administración (en chino) en la Universidad de Xiamen, terminó su maestría el año pasado, así que lleva varios años viviendo en la isla. No solo habla mandarín, sino que también habla la lengua de Amoy, que es como los nativos llaman a la isla. Como tiene los rasgos típicos de las mujeres de Asia Central, los chinos piensan que es de alguna minoría, y por ende es china.

Hablamos todos los días en el wechat (el equivalente al whatssap), y cuando podemos nos armamos algún plan para hacer cosas de chicas. S. es de ese tipo de personas que hacen quinientas cosas a la vez, y le cuesta mucho estar quieta.

El sábado pasado quedamos de encontrarnos a la hora del té, a veces solemos ir a alguna casa de té, pero esta vez queríamos ir a una tiendita cerca de la Universidad de Xiamen, donde una señora que es manicura. S. es musulmana, pero ha sido criada por una familia liberal. Esto no quita que sea bastante recatada, y que sin importar de qué país, su novio también sea musulmán. S. carga un bolso azul enorme, que tiene bordada una imagen de Estambul, se la trajo su novio (que es turco), y a veces me da la sensación de que en ese bolso guardo todo lo que tiene, y más, porque a veces mientras lo revuelve saca cosas y me regala (un lapiz labial de manteca de cacao, un perfume que compró en el freeshop, una revista para niños en ruso para Antoinette, etc).

S. siempre me cambia los planes, pero no me molesta, porque como ya la conozco, ir con ella siempre es una aventura. Antes de tomar el taxi la llamo, para ver donde nos encontramos y me pide hablar con el taxista para explicarle donde. El taxista me lleva, y yo no tengo idea a donde. De repente frena frente a unos edificios viejos, en una intersección entre la parte vieja de la isla y la universidad. Me bajo del taxi, la vuelvo a llamar y me pide que la espere.

De repente la veo venir corriendo, con su bolso azul, me explica que allí vive su novio, y que vayamos a tomarnos un café turco en un barcito donde se juntan todos los turcos que viven en Xiamen. Allá vamos y no me decepciona. Como siempre, el lugar y la gente tienen encanto.

En una esquina, al final de un callejón, y casi debajo de la autopista está el barcito turco. Hay muchos hombres extranjeros, pero ninguno occidental, todos hablan idiomas que mi oído no reconoce, y al ver a S. todos la saludan. Adentro está lleno, además todo el mundo fuma, así que decidimos sentarnos afuera, casi en la calle, porque en esta parte de la isla, las callejuelas son muy angostas y las veredas mínimas. Como las sillas no son muy cómoda, el dueño del café decide sacar un sillón a la vereda para que nos sentemos.

S. necesita tener el control de las cosas, y como yo estoy acostumbrada a tener el control y el estrés que eso implica, me relajo la dejo hacer. Le habla en turco al dueño y le pide dos cafés. También hay cosas dulces, así que nos acercamos a la vitrina de los dulces, y el mozo, un chico chino que habla inglés, nos va diciendo el sabor de los cupcakes. S. me mira horrorizada cuando escucha que son de zanahoria y calabaza. Le explico que son ricos, que casi no se siente el sabor porque seguramente tiene clavo, canela y otras especias. Al final decidimos pedirnos uno de café, y nos sorprende, al probar, que la crema de cobertura sea sabor a limón. Ella insiste en que todos los cupcakes son “raros”.

El café estaba delicioso, hasta que S. sin consultarme me echa media jarra de leche cruda en la taza. S. le pone leche a todo, hasta el té verde lo toma con leche. El tiempo pasa entre risas, y decidimos que es hora de ir a la manicura.

Nos tomamos un autobús, y nos deja frente a la oeste de la universidad. Caminamos entre puestitos de feria, y en una galería vieja encontramos la tiendita de la señora que “hace” las manos.

S. la conoce de siempre, y la señora se ríe, porque como S. se come las uñas, es a la única persona que le pinta solo las uñas de los pies. La señora insiste en ponerle uñas postizas, pero S. le retruca que no le gusta comer plástico. La charla es amena, y la señora le da un montón de consejos y trucos chinos para dejar de comerse las uñas.

Hablamos de la vida, y la señora nos cuenta que su familia es campesina en una aldea rural del interior de China, que pronto (para las vacaciones del año nuevo chino) podrá ir a visitarlos. Comentamos los precios de los boletos de tren y cuando salen a la venta. Tiene un hijo al que ve solo una vez al año, durante las vacaciones. Su familia está compuesta por su hijo único, su esposo y sus suegros. Ellos cuidan del niño y sobreviven del cultivo de hortalizas, ella con su trabajo gana dinero para ahorrar, para cuando su hijo tenga que ir a la universidad, etc. Lo que la señora nos cuenta, no nos es ajeno, para muchísimas personas en China esta es su realidad.

Con mucha paciencia la señora pinta mis uñas cortas en rojo, y las uñas de los pies de S. en fucsia chillón. Hablamos sobre nuestras familias, nos mostramos fotos, deducimos los parecidos, compartimos. El tiempo pasa tan rápido que llega la hora de despedirnos, nos damos un abrazo las tres y nos dedicamos un “que todo vaya tranquilo”.

Ya en la calle con S. nos tomamos un taxi, que la dejará primero a ella en la casa de su novio, mientras yo continúo viaje al extremo sur de la isla.

Cuando ya estoy sola en el taxi, pienso en mi amiga serbia, una vez me dijo “siempre aparece alguien/algo y te rescata”. Poco a poco voy saliendo de mi madriguera fría, oscura, y se siente bien poder disfrutar de la compañía de otras personas, compartir otras vidas. Aunque vuelva a casa a lidiar con las mismas cosas, aunque me siga quejando de lo mismo, algo me hace pensar que hay esperanzas y que estos pequeños momentos agradables son los que componen la felicidad. 

St. Michael’s Catholic Cemetery – Hong Kong

De camino al Sanatorio, pasamos por la zona de cementerios que está justo frente al Hipódromo en el barrio llamado Happy Valley en la isla de Hong Kong. Los cementerios siempre me han gustado, quizás, porque en mi pueblo, forma parte de la vida cotidiana de las personas.

Mi pueblo es muy pequeño, así que decir que el cementerio está en las afueras, no indica nada, pues está muy cerca. Tiene un arco en la entrada, y sobre el una cruz, todo pintado de blanco. Luego hay una especie de camino/entrada hasta la capilla ardiente, donde está la imagen de la Virgen de los Dolores. A la vera del camino hay unos pinos frondosos, y entre pino y pino un banco de piedra. También están algunos de los panteones familiares del pueblo, entre ellos el de mi familia. Una especie de monoambiente, donde están los cofres de nuestros seres queridos (mis abuelos, bisabuelos y tíos). Los ataúdes están cubiertos por mantillas bordadas que hay que mantener limpias, así que una vez por semana, alguien de mi familia, se ocupa de visitar a nuestros muertos y hacer el mantenimiento del panteón.

Cuando se abre la puerta de entrada del panteón, lo primero que se ve es la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, con los brazos extendidos, dejando escapar los rayos de sol a través de los vidrios de vitro. También impacta el olor, una mezcla de “encierro” con humedad, bastante penetrante. Pero basta cambiar el agua y las flores para que el aroma ceda.

En mi pueblo no es común incinerar a los muertos, y los velorios/funerales son en las casas de familia. Generalmente las personas tienen una obra social, donde están también previstos los gastos de un funeral.

Después de velar el cuerpo durante 24 horas, algunos deciden pasar por la iglesia del pueblo, puede haber una misa de cuerpo presento o no, o simplemente pasar por la calle frente a la iglesia, donde se escucharán las últimas campanadas, que tienen en particular, sonar bastante pausadas entre sí.

A pocas horas del deceso, la propagadora parroquial, suele poner música de Chopin y hacer el anuncio, o los anuncios, depende de los arreglos de la familia.

En el pueblo, el cementerio, es parte de la vida misma, por eso cuando vine a China me sorprendió que hubiera tantas maneras de llevar adelante un funeral, que los cuerpos sean incinerados, y que las urnas sean depositadas en las montañas, lugares que se consideran sagrados. Me sorprendió que para la mayoría la palabra “muerto” en chino, sea un tabú, y que al número cuatro -en chino-, por “sonar” bastante parecido a la palabra “muerte” lo consideren de mala suerte. A tal punto que en el edificio donde vivo, no hay cuarto piso, ni 14º, ni 24º…

En Ningbo, solía ver un camión que llevara un ataúd, rodeando a este una orquesta tocando música y una persona en particular encendiendo cohetes o petardos. Todos los deudos lo seguían en diferentes coches, y llevaban un pañuelo blanco en la cabeza. Ya en Zhangzhou, vi un grupo de gente caminando con unos trajes que parecían disfraces y acompañaban a un coche, que llevaba un ataúd (supongo que irían al incinerador).

Será por todo esto, que los cementerios, más que miedo me causan respeto (por el dolor ajeno, que se dice), pero también mucha curiosidad. En Hong Kong lo más llamativo, es que en la misma zona están el cementerio hindú, el judio, el budista, el protestante, el que se llama formalmente Hong Kong Cemetery, el de los Parsis y el San Miguel, más conocido como Sait Michel Catholic Cemetery.

El Cementerio Católico de San Miguel es uno de los más antiguos de Hong Kong, y fue fundado en el año 1848. Y como la mayoría de los cementerios antiguos, contiene un montón de información e historia. Las fotos solo las he tomado “de paso”. Es lo que se puede ver desde la calle.

Creo que en todas las culturas, tenemos la necesidad de ese momento de conexión con nuestras creencias o antepasados, de ahí que existan diferentes rituales. Ese instante es que uno piensa en los que ya no están físicamente, pero que uno siente la necesidad de pensar que nos siguen acompañando. Aunque a veces, por la distancia, no nos quede otra opción que mirar el cielo.

Hicimos una linda caminata, BW siempre caminando rápido y atento a su GPS interno, yo colgada en mi mundo, distrayéndome a través de las fotos, pensando en tantas cosas al mismo tiempo, y siguiéndolos a mi ritmo. Con la cabeza en todas partes.

Si tienen la oportunidad de visitar Hong Kong, no se pierdan sus cementerios y templos. Contienen muchísima historia desde los tiempos coloniales, pasando por la guerra del opio y la invasión japonesa. El origen del cementerio católico es bastante parecido al origen del cementerio de Recoleta en Buenos Aires, un montón de gente que muere a consecuencia de una epidemia (malaria en el caso de Hong Kong).

Hong Kong en diciembre…

Llegamos justo a la hora del té, nos alojamos en un hotel diferente, bastante económico y muy céntrico. BW se puso de mal humor cuando vio que todo era diminuto: la habitación, el baño, el ascensor, etc. Pero los empleados eran muy amables, y todo parecía muy familiar. Yo, que estoy acostumbrada a alojarme en hostales, y a “hacer buenas migas” con la gente del lugar, me sentí en mi salsa. El lugar me gustó. Y a Antoinette le encantó. Ya entendimos que nada de llevar juguetes, ni de comprar nada, pues la cría la pasa genial jugando con todos los papeles y cosas que juntamos (tickets de avión, publicidades de papel que nos dan en la calle, etc). 
En el lobby del hotel tenían ya montado el árbol de navidad, rodeado de muchos regalos. Y Antoinette jugó con ellos cada vez que pudo. 
Después de dejar muestras cosas en la mini-habitación, bajamos a tomar un té en el restaurante del hotel. Podríamos haber preparado el té en la habitación, pero BW quería salir. Mientras Antoinette jugaba con sus papeles, nos pedimos un té y nos pusimos a leer los periódicos. Al rato el mozo nos convidó con una sopa de hongos silvestres (wild mushroom soup) que estaba riquísima, y que además nos levantó el ánimo. 
A BW se le abrió el apetito y decidimos cenar ahí mismo, había una amplia oferta de pastas, y no nos decepcionó. Luego salimos a caminar, con la idea de tomarnos otro té y comer algo dulce o pasar por un quiosco (7 eleven) y comprarnos todas esas golosinas que nos gustan y en China no hay, a modo de postre. 
BW recordó que en la Time Square, justo en la esquina, había un puesto que vendía waffles calentitos y caminamos hasta allí. Mientras BW esperaba su turno, con Antoinette nos acercamos a la decoración de navidad del shopping Lane Crawford, que es enorme!!! Abrigadas, escuchando música navideña y con el rico olor a vainilla que desprendían los waffles recién hechos… 

Antoinette quedó fascinada con la decoración, el ambiente era muy ameno, y la música te hacía formar parte del escenario. 

 Costó bastante convencer a Antoinette de volver al hotel, porque al día siguiente teníamos que levantarnos muy temprano. Pero poco a poco emprendimos la retirada, y volvimos al hotel, nos metimos los tres en la cama y comimos nuestras golosinas mientras mirábamos dibujitos animados:) 

Llegó el día…

O mejor dicho, llegó esa tarde, en que BW puso música de Navidad y desempolvamos el árbol. Antoinette estaba fascinada y entre bailes y saltos, me alcanzaba los adornos para ir colgándolos del árbol. Después, por su cuenta, quería colgar una cuenta de perlas doradas, lo intentó muchas veces hasta que tuvo que llamar al padre para que la ayude.

En Argentina, cada 8 de diciembre se arma el arbolito y se coloca el pesebre sin el niño, que aparecerá junto con los regalos el 24 por la noche, o el 25 por la mañana. De ahí que en mi pueblo tengamos la costumbre de preguntar “¿Qué te trajo el Niño?, refiriéndonos al Niño Dios o al Niño Jesús.

En cada ciudad o provincia argentina, las personas tienen diferentes costumbre. Pero cuando pienso en la Navidad, pienso en la Navidad de mi pueblo, cuando era chica.

En Argentina tenemos navidad en verano, ya durante las vacaciones. Y las fiestas se extienden entre la Navidad, el Año Nuevo y los Reyes, para terminar el jolgorio de los carnavales y después llega ese tiempo de introspección que trae la cuaresma, 40 días antes de Pascuas.

Estas son las celebraciones más importantes, la familia viene de lejos, las visitas, un montón de cosas lindas y también de estrés (o de cosas menos lindas).

A la distancia, y no solo en el tiempo, llegó esa época del año en que se renuevan las esperanzas, y a nosotros en particular nos toca en un período de transición, con lo cual merece la pena hacer un “stop” y disfrutar de nuestra familia de 3.

Así que la idea es escuchar música más calma, hacer comidas ricas, mirar películas juntos y de a poquito hacer de este, diciembre, un mes especial.

Por lo pronto Antoinette después de armar el árbol se transformó en mariposa…  Ella sigue en su proceso de metamorfosis y poco a poco se va transformando en una personita más y más especial 🙂

Sinterklaas en Xiamen

Sinterklaas o San Nicolás, es para los niños holandeses, lo que Papá Noel para los peques en Argentina. Pero con la diferencia de que en Holanda, San Nicolás llega en barco a vapor, desde España, junto a su sirviente llamado Piet o Pedro, a finales de noviembre, justo un par de semanas antes del 6 de diciembre.

San Nicolás llega a algún puerto de Holanda, donde lo espera un caballo blanco llamado Amerigo y muchas personas que van a recibirlo. Se pasea por las calles saludando a los niños, y es entonces cuando comienza la cuenta regresiva para la noche del 5 de diciembre.

La noche del 5 de diciembre estará plagada de canciones -tipo villancicos-, dulces, unas galletas típicas y chocolate. Y por supuesto, San Nicolás solo le trae regalo a los peques que se hayan portado bien.

Esta es la primera vez que Antoinette participa de la fiesta de San Nicolás junto a otros niños, ya que antes solo había recibido regalos en casa. Pero esta vez fue diferente, pues en Xiamen la comunidad holandesa es bastante grande, y tratan de seguir sus tradiciones, reuniéndose para el Día de la Reina, o como en esta ocasión, celebrando Sinterklaas para los más pequeños.

Los padres debían comprar un regalo para el niño o niña, y escribir un “poema” o unas palabras para que San Nicolás leyera al momento de entregarle el regalo. Sinterklaas llegaría puntual a las 5 de la tarde, por lo cual había que estar a tiempo.

Cuando llegamos había mucha expectativa, cada vez que alguien golpeaba la puerta, los peques prestaban mucha atención. Antoinette se puso a jugar con los globos así la espera se le hacía más corta.

Y cuando finalmente Sinterklaas llegó Antoinette dedujo que era Papá Noel 🙂

San Nicolás y Pedro, eran dos compañeros de trabajo de BW, que como se puede apreciar en la foto, también son super altos, y disfrazados así parecían mucho más altos aún, los peques estaban maravillados. Todo parecía muy real 🙂 Y cuando San Nicolás dijo a sentarse y esperar su turno para el regalo todos se fueron derechito a su lugar.

San Nicolás tomó su libro, y fue llamando uno por uno a los peques para entregarles su regalo, previo preguntas de rigor 🙂

La verdad que se hizo bastante largo, pero según BW así es como lo peques aprenden a esperar pacientemente. Él se encargó de entretener a Antoinette mientras esperaba su turno.

BW es el encargado de comprar los regalos de San Nicolás, y él mejor que nadie sabe que tipos de cosas le gustan a Antoinette, así que le compró una caja de legos (extra bloques nunca vienen nada mal) y PEGATINAS -stickers-, que fueron LEJOS el mejor regalo para Antoinette. Está fascinada con sus pegatinas.

La primera vez que BW me habló sobre San Nicolás, me llamó la atención que este viniera de España y tuviera un sirviente-esclavo negro que cargue los regalos. Supongo que cuando toda la leyenda se gestó, algo de todo esto no estaba fuera de lugar. Ahora conociendo un poco más sobre el tema, y como BW creció con esto, puedo entender un poco más de que va la cosa…

San Nicolas existió realmente, nacido en Patara (Licia) lo que actualmente es Turquía, llegó a ser obispo de Myra (capital de Licia), cuando el imperio cayó en mano de los musulmanes, sus restos fueron trasladados a Bari (Italia), que en aquel momento se encontraba bajo el imperio español. De ahí que San Nicolás viene de España. Aunque la leyenda actual dice que San Nicolás viene de Alicante (España).

A San Nicolás lo acompañaba un criado moro, que con el tiempo se transformó en una persona blanca con la cara pintada. Y como Pedro, el ayudante de Sinterklaas, suele bajar por la chimenea, pues está lleno de hollín. Todo esto según BW.

Este año hubo toda una discusión sobre Pedro, llegó incluso a Naciones Unidas. Algunas personas piensan que Zwarte Piet (Pedro el Negro) ya no cabe en la historia -por cuestiones racistas y todo el tema de la esclavitud-, otros piensan que es parte de una tradición holandesa muy importante y así debe seguir.

Mi opinión personal, es la que aplico en casa. A los niños hay que explicarles todo, y Pedro representa a un esclavo (no a un hombre blanco lleno de hollín), y eso lo explica las argollas que lleva en las orejas. Y la esclavitud está mal. No porque ser un esclavo es trabajar sin salario, sino por todo lo que implicó la esclavitud en la historia de la humanidad. Desde que la iglesia se siente a discutir si los negros tienen o no alma, hasta los que compraban a estas personas. Y aunque mi suegra diga que estas personas eran negociadas por gente de su propia raza y cultura, los que los compraban no lo hacían para darles una vida mejor, si no todo lo contrario.

Y entonces me viene a la mente Nelson Mandela, alguien que supo e hizo muchísimo sobre este tema:

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”

Y aunque para muchos este sea un tema sin importancia, creo que si en algo hemos dado un paso adelante como personas, es en la posibilidad de hablar sobre las cosas, de plantearlas, de cuestionarnos. Y si alguien se puede sertir menospreciado por este tema, está bien que lo manifieste. Y si otros piensan que esto es parte de su cultura y se trata solo de una leyenda que no puede afectar en sentido negativo a nadie, también está bien que tenga el derecho y la libertad de expresarlo. Porque yo me crié durante esos años, donde estaba prohibido hablar sobre los desaparecidos o los militares, y eso lo único que generó fue odio y resentimiento. Así que poder hablar sobre todo, siempre con mucho respeto claro, creo que nos hace mejores personas.

Y esto fue un poco del primer Sinterklaas para Antoinette 🙂 

Viajar

Último llamado para el vuelo con destino a… 
Siempre me ha gustado viajar, hacer listas para los viajes, hacer las valijas, preparar la mochila, emprender la aventura de cruzarme con un montón de cosas diferentes, con personas que no conozco, estar en un lugar determinado por unos días, y caminar y maravillarme con esas cosas típicas y cotidianas de cada lugar. 
Ver a las personas, conocer sus hábitos, donde se reúnen determinados colectivos a determinada hora, la gente que trabaja en las oficinas, la gente que vuelve a casa después del trabajo, las horas pico, las caras de viernes en la calle, las caras de lunes en el metro… 
Siempre que visitamos una ciudad me gusta ir al supermercado y recorrerlo de punta a punta, ver que curiosidades o novedades tiene. Muchas veces no compro nada, solo miro, toco, huelo… Me gustan los mercados callejeros, los puestos de feria, los mercados nocturnos, las tiendas de cosas lindas…  
Me gustan las fotos, las postales, los recuerdos, las artesanías típicas, la comida en la calle, el té de cada lugar… 
Desde que somos una familia de tres, poco y nada hemos viajado por placer, pero lo cierto es que hemos tratado de disfrutar al máximo cada viaje, incluso cuando sabíamos que el motivo del viaje podía no ser motivo de felicidad, incluso cuando todo es cuesta arriba… 
Y Antoinette disfruta mucho de viajar, de todas esas sorpresas (y no tan sorpresas) que le esperan durante el viaje. Pero por sobre todas las cosas, disfruta de que estamos lo 3 juntos, y por supuesto pendientes de ella. 
Cuando uno viaja la perspectiva del tiempo es diferente, se rompen las rutinas, y a la vez te hace valorar esas cosas de la vida cotidiana, que a la distancia, te saben tan tuyas, y de tu familia. 
Y uno se va haciendo un lugarcito en el mundo que lo rodea, prepararse para las esperas en los aeropuertos, encontrar justo ese asiento en un rincón especial, cerca de una ventana desde donde podemos ver a los aviones carretear. Sacar ese libro que hace rato quiero leer y no tengo tiempo, o ganas. Sacar mi bordado, y bordar con un ojo mientras con el otro miro como Antoinette se descostilla de risa escondiéndose del padre, que con su santa paciencia la persigue por todo el aeropuerto en Xiamen, que no es tan grande, pero que imagino es enorme para Antoinette. 
Y miro a las personas, las que están nerviosas, las que se relajan, se abstraen y se olvidan cosas. Me gusta le gente, que después de leer el diario -periódico- de algún país, lo deja en algún lugar para que otra persona lo pueda leer u hojear si no se entiende el idioma. En el aeropuerto, mientras esperamos me acerco a los puestos de revista y curioseo las revistas de interiores, las de jardines y plantas. Se me rompe el corazón cuando leo que Wang Lee-hom ha encontrado al amor de su vida, y en la portada de varias revistas abraza a una chica diciendo que Wang baba y Wang mama están muy felices con Lee Jinglei.  Saco fotos de las noticias del corazón y las comparto con mis alumnas y amigas chinas. 
Antoinette quiere mirar los pasaportes una y otra vez, al menos acepta sentarse, y bajo la atenta mirada de BW, los mira uno por uno, hoja por hoja. 
Finalmente nuestro avión llega, y hay que empezara a abordar. Antoinette se despide de su cochecito, y ya se conoce la rutina, una de las azafatas lo mete en una bolsa gigante y le promete a Antoinette que la estará esperando en arribos. A Antoinette le cuesta desprenderse de sus cosas, y a regañadientes acepta, al mismo tiempo que BW le explica que tiene que guardar el perro en la mochila y darle la mano. 
Ya en el avión tenemos rutinas, a veces merendamos, otras veces jugamos con pegatinas, y otras veces nos maravillamos mirando por la ventilla… 
No sé si encontraremos a una solución a todos nuestros problemas, pero mientras la buscamos, seguiremos creciendo juntos, como cuando emprendimos esta aventura de ser una familia de 3. Y no importa donde, lo más importante siempre será: estar juntos.  

Diciembre

Llegó diciembre, y trajo un poco de esperanza. Antoinette está ilusionada con la navidad, y aunque no habla, está muy claro que le gustan los adornos navideños, las luces y los regalos. Sigue sorprendiéndose con el mundo que la rodea, y su curiosidad es inagotable.

Hemos ido al pediatra, y parece que encontramos una escuelita que se puede adaptar a lo que necesitamos. Y queda super cerca!!!

Cuando recién nos mudamos, y viendo que la primer escuela no iba a funcionar, empezamos a ver otras opciones. En aquel momento, las opciones eran ya bastante limitadas, y aunque había encontrado activa una página de una “Learning House Montessori”, muy cerca de donde vivimos, cuando los contactamos nos dijeron que el programa era solo en chino, que podríamos volver a llamar en octubre para ver si tenían programa en inglés y plaza.

El tiempo pasó, encontramos la escuelita cristiana, a Antoinette le gustó, y aunque había que ir y venir en taxi todos los días, era lo que habia.

Esta mañana quería llamar al colegio internacional, para ver que chances teníamos de que cuando Antoinette cumpliera los 4, pudiera ir. Siempre aclarando todo, y haciéndoles saber que Antoinette tiene que asistir a sus terapias si o si. Y mientras buscaba el número, se me cruzó el número de la Casa Montessori. Así que llamé.

Cuento corto: Hablamos, y luego fuimos a visitar la casa, que es muy bonita y limpia. Pocos peques. Lindo ambiente. Antoinette curioseó un poco, y ahora vamos a ver si iniciamos el proceso de adaptación. Igual que siempre, solo 3 horas por la mañana. Es mucho más caro, pero ajustándose un poco, se puede.

Mañana viernes, por la tarde, Antoinette puede participar de una actividad de juegos y música, de 3 a 4 de la tarde. Y desde el próximo lunes puede ir una hora por día, para conocer a la maestra. Ojalá funcione.

Seguimos haciendo actividades en casa, cuidamos las plantas, ella se entretiene con sus cosas mientras yo hago las mías, pero también sería bueno que pueda jugar un rato con otros peques de su edad. A ver que tal resulta!