Contando estrellas…

Hoy recibí un mensaje de mi mejor amiga china, diciendo que nuestro jefe, Wu laoshi, había muerto en un accidente. Me embargó una tristeza infinita, y por un momento me llené de recuerdos, de la primera vez que entré a su oficina, y me impresionó su amabilidad y don de gente.

Wu laoshi era un chino del norte, alto, robusto como un roble, muy diferente al prototipo que todos imaginamos o conocemos de un hombre chino. Hablaba con voz pausada, y su acento norteño era inquebrantable.

Todos lo admirábamos muchísimo, porque siempre estaba embarcado en algún asunto interesante, yéndose a Estados Unidos para hacer una maestría, haciendo ejercicio a diario para mantenerse saludable, escribiendo algún libro, etc.

La primera vez que nos vimos, lo primero que me preguntó fue si había comido y me preparó té, me habló sobre su familia, y cuando nos despedimos me dio dinero. Mi amiga, que también era mi jefa, me explicó que al día siguiente era feriado, y que lo mejor era aceptar el dinero así podía comprar lo que hiciera falta esa misma noche. Con el tiempo entendí, que los chinos tienen otro concepto del dinero, muy diferente al nuestro, y siempre le estuve agradecida, no por el dinero, sino por el gesto. Por preocuparse por una persona que apenas conocía.

Pasaron los años, y muchísimas veces almorzamos juntos en la cantina de la universidad. Muchas veces almorzábamos en silencio, y solo intercambiábamos sonrisas. Y creo que lo apreciaba, porque aunque hubiera mesas vacías, siempre se acercaba y me preguntaba si podíamos compartir la mesa.

Se que hay un lugar especial para las personas como Wu laoshi, y me sabe tremendamente injusto, que una persona tan buena como él, tan dedicado, se haya ido así, sin más, dejando a su esposa y a su único hijo de 14 años, sin consuelo.

Y hoy, sigo contando estrellas, porque cada vez que mire al cielo, se que en alguna de esas estrellas que brillan resplandecientes, está la sonrisa contagiosa de ese hombre generoso, que me supo dar una cálida bienvenida, a ese lugar, que por algunos años, fue nuestra casa.

Hasta siempre Wu laoshi…