Antoinette: 28 meses

 El sueño de la Mariposa – 莊周夢蝶
“昔者莊周夢為蝴蝶,栩栩然蝴蝶也,自喻適志與,不知周也。俄然覺,則蘧蘧然周也。不知周之夢為蝴蝶與,蝴蝶之夢為周與?周與蝴蝶則必有分矣。此之謂物化”  Zhuangzi – Filósofo chino. 
“Zhuangzi dreamed he was a butterfly” (莊周夢蝶) “Once Zhuangzi dreamt he was a butterfly, a butterfly flitting and fluttering around, happy with himself and doing as he pleased. He didn’t know he was Zhuangzi. Suddenly he woke up and there he was, solid and unmistakable Zhuangzi. But he didn’t know if he was Zhuangzi who had dreamt he was a butterfly, or a butterfly dreaming he was Zhuangzi. Between Zhuangzi and a butterfly there must be some distinction! This is called the Transformation of Things. (Burton Watson)

Watson le llama la transformación de las cosas, pero yo prefiero los argumentos de Borges en su ensayo “Una nueva refutación del tiempo”: Zhuangzi soñó que era una mariposa, y al despertar no sabía si era Zhuangzi que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa que estaba soñando que era Zhuangzi. Si nos atenemos a la doctrina idealista resulta evidente que mientras Zhuangzi soñó que era una mariposa existían para él la serie de los estados mentales constitutivos del sueño únicamente, y en los cuales él era una mariposa. La fijación del sueño de Zhuangzi en el período feudal de la China, o de cualquier suceso en determinada cronología, dirá Borges, resulta arbitraria; ella no aparece referenciada en las percepciones del sueño. En otro pasaje del mismo texto Borges abunda en la idea: «El universo, la suma de todos los hechos, es una colección no menos ideal que la de todos los caballos con que Shakespeare soñó -¿ uno, muchos, ninguno ?- entre 1592 y 1594». Porque nuestra vida diurna, como la de los sueños, consta de percepciones, lo que es válido para la última lo es también para la primera. Ergo, las cronologías, el tiempo, no son más que una construcción del hombre, en última instancia una ficción, y lo único real sería el instante.

En el instante que tomé la foto con la cámara de BW, Antoinette tenía 28 meses y estaba profundamente sumida en su sueño, el sueño de los niños, el sueño de la inocencia. El sueño que les hace parecer que todo es posible, todo es tan pero tan real: los monstruos, San Nicolás, Papá Noel. Todo está mezclado, la realidad y los sueños, y a la vez olvidan las cosas superficiales y las cosas importantes se les graban a fuego en algún lugar que todavía el ser humano no pudo materializar. Pero supongamos que es el alma. 

Llevamos varios días durmiendo mal, con los horarios cambiados, algo pasa, no sabemos que. Se despierta llorando, yo la consuelo, dejamos el velador prendido, se vuelve a dormir. Se despierta a cualquier hora y quiere dormir en horarios extraños. 

Fuimos a una de las fiestas de la escuela y ella bailó y jugó con los chicos hasta el cansancio, la fiesta terminó, ella lo entendió perfectamente, entonces se despidió de todos y como si supiera perfectamente a donde iba nos dijo adiós con la mano e intentó irse. Le resultó gracioso que la detuviera, y entre mimos le puse su chaqueta y la amarré en su coche donde va metida en el polar. 

No puedo pensar en el tiempo, cada día es tan intenso, cada instante es tan intenso, que pierdo la noción del tiempo. Ella es otra persona y eso lo entiendo perfectamente, pero ella es la persona que más me duele. Las dos estamos sumidas en una simbiosis que no sé hasta que punto es sana. 

Me lo ha dicho muchas veces Li, me lo ha dicho muchas veces BW, minutos antes de abrir la puerta cuando llego a casa, ella camina hacia la puerta y me llama, en su medio chino “mamma mamma”. Y yo cuando me voy acercando a casa, puedo sentir que me llama y me desespero. ¿Será esto el apego? 

Leyendo a Watson encontré el poema de Zhuangzi, y entonces me acordé que lo había leído en el ensayo de Borges. Y para mi, leer ese poema, es como describir a Antoinette. A esa personita que todo el día va de acá para allá, y que desde que nació me hizo perder la noción del tiempo. Entonces cuando volví de trabajar, y me la encontré con alas de mariposa -que le había regalado L. para navidad-, no pude evitar recordad el poema, recordar a Borges, y pensar que la vida era ese instante, tan acertado como lo explica Borges, y … there is no time, just this instant. Antoinette no es como yo, es diferente, ella no es realista, ella es feliz en su burbuja, y aunque sé que es parte de su inocencia, porque aún es tan chiquita, tengo el presentimiento que ella será así toda su vida. Y eso me alivia, porque mi realismo y mi oscuridad nunca me permiten disfrutar y entonces solo el hecho de pensar que Antoinette si va a disfrutar mucho de todo -o quizás es simplemente mi deseo- me alienta a pensar que todo va a estar bien, independientemente de que yo esté o no. 

Porque cuando miro estas fotos, siento una curiosidad enorme por saber que piensa, tengo ganas de meterme en su mundo y ver como es, que colores tiene, que olores hay … 

 Pintando con acuarelas
Cuando el arte traspasa el papel
Navidad
Con la música a todas partes
Antoinette es muy especial para mi, pero también es muy especial para muchas personas, y yo quiero estar ahí para protegerla, porque su sueño es demasiado bonito. 
Y entonces vuelvo a leer el ensayo de Borges y lo comparto (Porque Borges era ciego, pero podía ver mucho más que los ojos con la vista más perfecta): “Admitido el argumento idealista, entiendo que es posible —tal vez, inevitable— ir más lejos. Para Berkeley, el tiempo es “la sucesión de ideas que fluye uniformemente y de la que todos los seres participan” (Principles of Human Knowledge, 98); para Hume, “una sucesión de momentos indivisibles” (Treatise of Human Nature, I, 2, 3). Sin embargo, negadas la materia y el espíritu, que son continuidades, negado también el espacio, no sé con qué derecho retendremos esa continuidad que es el tiempo. Fuera de cada percepción (actual o conjetural) no existe la ma­teria; fuera de cada estado mental no existe el espíritu; tampoco el tiempo existirá fuera de cada instante presente. Elijamos un momento de máxima simplicidad: verbigracia, el del sueño de Chuang “Tzu (Herbert Allen Giles: Chuang Tzu, 1889). Éste, hará unos veinticuatro siglos, soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mari­posa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. No con­sideremos el despertar, consideremos el momento del sueño; o uno de los momentos. “Soñé que era una mariposa que andaba por el aire y que nada sabía de Chuang Tzu”, dice el antiguo texto. Nunca sabremos si Chuang Tzu vio un jardín sobre el que le parecía volar o un móvil triángulo amarillo, que sin duda era él, pero nos consta que la imagen fue subjetiva, aunque la suministró la memoria. La doctrina del paralelismo psicofísico juzgará que a esa imagen debió de corresponder algún cambio en el sistema nervioso del soñador; según Berkeley, no existía en aquel momento el cuerpo de Chuang Tzu, ni el negro dormi­torio en que soñaba, salvo como una percepción en la mente divina. Hume simplifica aun más lo ocurrida. Según él, no existía en aquel momento el espíritu de Chuang Tzu; sólo existían los colores del sueño y la certidumbre de ser una mariposa. Existía como término momentáneo de la “colección o conjunto de per­cepciones” que fue, unos cuatro siglos antes de Cristo, la mente de Chuang Tzu; existían como término n de una infinita serie temporal, entre n — I y n + I. No hay otra realidad, para el idea­lismo, que la de los procesos mentales; agregar a la mariposa que se percibe una mariposa objetiva le parece una vana duplicación; agregar a los procesos un yo le parece no menos exorbitante. Juzga que hubo un soñar, un percibir, pero no un soñador ni siquiera un sueño; juzga que hablar de objetos y de sujetos es incurrir en una impura mitología. Ahora bien, si cada estado psíquico es suficiente, si vincularlo a una circunstancia o a un yo es una ilícita y ociosa adición, ¿con qué derecho le impondre­mos después, un lugar en el tiempo? Chuang Tzu soñó que era una mariposa y durante aquel sueño no era Chuang Tzu, era una mariposa. ¿Cómo, abolidos el espacio y el yo, vincularemos esos instantes a los del despertar y a la época feudal de la historia china? Ello no quiere decir que nunca sabremos, siquiera de manera aproximativa, la fecha de aquel sueño; quiere decir que la fijación cronológica de un suceso, de cualquier suceso del orbe, es ajena a él, y exterior. En la China, el sueño de Chuang Tzu es proverbial; imaginemos que de sus casi infinitos lectores, uno sueña que es una mariposa y luego que es Chuang Tzu. Imaginemos que, por un azar no imposible, este sueño repite puntualmente el que soñó el maestro. Postulada esa igualdad, cabe preguntar: Esos instantes que coinciden ¿no son el mismo? ¿No basta un solo término repetido para desbaratar y confundir la historia del mundo, para denunciar que no hay tal historia?

      Negar el tiempo es dos negaciones: negar la sucesión de los términos de una serie, negar el sincronismo de los términos de dos series. En efecto, si cada término es absoluto, sus relaciones se reducen a la conciencia de que esas relaciones existen. Un estado precede a otro si se sabe anterior; un estado de G es contemporáneo de un estado de H si se sabe contemporáneo. Contra­riamente a lo declarado por Schopenhauer[2] en su tabla de verdades fundamentales (Welt als Wille and Vorstellung, II, 4), cada fracción de tiempo no llena simultáneamente el espacio entero, el tiempo no es ubicuo. (Claro está que, a esta altura del argu­mento, ya no existe el espacio.)
      Meinong, en su teoría de la aprehensión, admite la de objetos imaginarios: la cuarta dimensión, digamos, o la estatua sensible de Condillac o el animal hipotético de Lotze o la raíz cuadrada de — I. Si las razones que he indicado son válidas, a ese orbe ne­buloso pertenecen también la materia, el yo, el mundo externo, la historia universal, nuestras vidas.
      Por lo demás, la frase negación del tiempo es ambigua. Puede significar la eternidad de Platón o de Boecio y también los dile­mas de Sexto Empírico. Éste (Adversus mathematicos, XI, 197) niega el pasado, que ya fue, y el futuro, que no es aún, y arguye que el presente es divisible o indivisible. No es indivisible, pues en tal caso no tendría principio que lo vinculara al pasado ni fin que lo vinculara al futuro, ni siquiera medio, porque no tiene medio lo que carece de principio y de fin; tampoco es divisible, pues en tal caso constaría de una parte que fue y de otra que no es. Ergo, no existe, pero como tampoco existen el pasado y el porvenir, el tiempo no existe. F. H. Bradley redescubre y mejora esa perplejidad. Observa (Appearance and Reality, IV) que si el ahora es divisible en otros ahoras, no es menos complicado que el tiempo, y si es indivisible, el tiempo es una mera relación entre cosas intemporales. Tales razonamientos, como se ve, niegan las partes para luego negar el todo; yo rechazo el todo para exaltar cada una de las partes. Por la dialéctica de Berkeley y de Hume he arribado al dictamen de Schopenhauer: “La forma de la apa­rición de la voluntad es sólo el presente, no el pasado ni el por­venir; éstos no existen más que para el concepto y por el enca­denamiento de la conciencia, sometida al principio de razón. Nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro: el pre­sente es la forma de toda vida, es una posesión que ningún mal puede arrebatarle… El tiempo es como un círculo que girara infinitamente: el arco que desciende es el pasado, el que asciende es el porvenir; arriba, hay un punto indivisible que toca la tan­gente y es el ahora. Inmóvil como la tangente, ese inextenso punto marca el contacto del objeto, cuya forma es el tiempo, con el sujeto, que carece de forma, porque no pertenece a lo co­nocible y es previa condición del conocimiento” (Welt als Wille und Vorstellung, I, 54). Un tratado budista del siglo V, el Visud­dhimagga (Camino de la Pureza), ilustra la misma doctrina con la misma figura: “En rigor, la vida de un ser dura lo que una idea. Como una rueda de carruaje, al rodar, toca la tierra en un solo punto, dura la vida lo que dura una sola idea” (Radhakrish­man: Indian Philosophy, I, 373). Otros textos budístas dicen que el mundo se aniquila y resurge seis mil quinientos millones de veces por día y que todo hombre es una ilusión, vertiginosamente obrada por una serie de hombres momentáneos y solos. “El hombre de un momento pretérito —nos advierte el Camino de la pureza— ha vivido, pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del momento presente vive, pero no ha vivido ni vivirá” (obra citada, I, 407), dictamen que podemos comparar con éste de Plu­tarco (De E apud Delphos, 18): “El hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana.”

      And yet, and yet…
 Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espan­toso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El ‘mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciada­mente, soy Borges.”        

File:Zhuangzi-Butterfly-Dream.jpg
foto tomada de Google