Flores

La verdad, las flores nunca me habían llamado mucho la atención. Yo soy más del verde, así que las platas que cuidamos en casa son: bambú, potus, lazos… Plantas bastante resistentes, pero que también hacen su aporte, purificando el aire de la casita donde vivimos.

Cada vez que mis alumnos me regalaban ramos de flores, con lo caros que son, yo solía recordarles, que prefería que me regalen plantas, porque las puedo conservan más tiempo, y porque son más eco-friendly que los arreglos florales envueltos en cientos de papeles, con lazos y purpurinas, perfume artificial y todas esas cosas que después hay que tirar a la basura.

Y mis plantas, son mis plantas, y para mi tienen el mismo valor que tiene una mascota para sus dueños. Son parte de mi día a día, y Antoinette lo ha ido absorbiendo, y es muy cuidadosa con ellas.

En mi casa siempre hubo flores, pero las cultivábamos para llevarlas al cementerio: claveles, crisantemos, gladiolos, calas, etc.

Sin embargo, a través de la fotografía, empecé a ver/mirar las flores de otra manera. Y con un poco de reticencia, he logrado, cada viernes, comprar un par de flores. De algunas no sé el nombre en español, así que hay pocas posibilidades de que vaya a recordar el nombre en chino.

Pero en las últimas semanas, las flores han ido ocupando un lugar en nuestra casa. Ya sea en la ventana de la mini-cocina, o sobre la mesa del comedor. Poquitas flores. En floreros hechos de frascos reciclados. Con agua fresca cada mañana.

En el barrio tenemos una pequeña florería, que una vez por semana, tiene flores frescas. Así que viernes de por medio, compramos un ramito de algo…

Y desde hace un par de viernes -también- participamos en Instagram del Floral Friday. Una iniciativa de Emily del blog The Startup Wife.

Así que si alguien tiene ganas de ver fotos lindas, sacar fotos lindas, disfrutar de una rica taza de té mientras la luz de la tarde entra por la ventana de la manera justa, ya sabe que puede sumarse a este proyecto.