Otro invierno en China …

El invierno llego para quedarse, y creo que lo hará por muchos meses -como lo hace habitualmente-. En Ningbo tanto el verano como el invierno son extremos, o hace muchísimo calor o el viento gélido te congela el alma:( Igual prefiero el invierno al verano:)

Mi nueva vecina también ya llego y podemos hablar italiano:) Ojala que no se vaya, porque anoche no estaba tan contenta. Me trajo recuerdos de mi primera noche aquí, pero yo vine sin ninguna expectativa, así que a mi Ningbo me sorprendió para bien:) Y en rigor de verdad, pues venia a China, no me había imaginado ni el primer mundo ni nada, ya tenia bastante con el primer mundo de Menem en Argentina y sus consecuencias. Yo solo tenia curiosidad y muchísimas ganas de aprender cosas nuevas.

El distrito donde vivo ha cambiado mucho desde que llegue, se ha llenado de complejos o urbanizaciones -unas ya finiquitadas, otras en plena construcción-. Están a punto de terminar la linea del Metro, y cada vez hay mas extranjeros dispuestos a quedarse.

De hecho ahora tenemos una cafetería para la comunidad, ademas de los servicios propios de un negocio gastronómico organizan actividades, hay clases de ingles y chino gratis, hay un grupo de tejido que se reúne todos los domingos por la tarde, hay una pizarra donde uno puede pegar ofrecimientos o pedidos, y en nombre de la comunidad poco a poco va logrando algunas cosas, lo que demuestra que realmente la unión hace la fuerza.

Antoinette suele dormirse sus buenas siestas en la cafetería, ya que nos gusta ir en el horario que no hay nadie, solo esta la señora que cocina cheesecakes o carrot cakes:)

Podemos estar tranquilas por un rato, leer o ver revistas, en el segundo piso hay legos para los peques y otros juegos, pero nos gusta el primer piso porque esta el calor y los aromas de la cocina. Podría pasarme horas mirando a la señora que cocina, corta las nueces con tanta paciencia o dibuja zanahorias de crema con una habilidad extraordinaria:)

             

Domingo por la mañana …

Son las 08.07 del domingo 16 de enero de 2011. Afuera nieva, pero nada detiene la rutina de cada una de las personas que transitan por la calle. La nuestra tampoco, rutina dulce y placentera de darle el desayuno a mi hija a las 6 de la mañana y ver como entre sonrisitas y bostezos, le brillan los ojitos al mirarme mientras la saco de su bolsa de dormir. Calentita, y con su particular olor de bebe, se aferra con sus manitos a mi ropa y salimos del dormitorio para comenzar nuestro día. Después de tomar su mamadera, duerme en mis brazos mientras leo, y  cerca de las 8, cuando se vuelve a  despertar, nos acercamos curiosas a la ventana para averiguar porque no escuchamos cantar a los pajaritos. Parece que la nieve si ha interferido en sus rutinas, y hoy no nos deleitan con su trinar, pero le susurro en el oído a Antoinette, que no se preocupe, que seguro mañana vuelven, ella me mira seria, con la mirada fija, y sus cachetes colorados … pero después de unos segundos no puede resistir a la mirada de mama, y vuelve a sonreír y a hacer todos esos soniditos que solo ella puede hacer, y que su padre cree poder traducir. El aroma a café invade la casa, y este es sin lugar a dudas, el mejor invierno de mi vida …