Notas de un viaje…

Este ha sido para Antoinette, su primer viaje largo. Su primera vez en los Países Bajos. Siempre había pensado que solo la pondría en un viaje así en caso de necesidad extrema, al menos hasta que “entienda”. Y esa es una de las razones, por las cuales no he vuelto a Argentina aún. Supongo que el próximo año, ya con 4 cumplidos, podremos organizar un viaje acorde a nuestras necesidades, y a nuestro ritmo.

Hay una idea, bastante extendida, de que los peques se adaptan a todo. Y en parte estoy de acuerdo, pero por otro lado, y aunque es muy bueno viajar, creo que somos los adultos los que ponemos a los niños en esas situaciones. Y ellos, en su inocencia, teniendo cerca a sus padres o cuidadores, emprenden todas nuestras locuras.

Antoinette desde siempre, y por su reflujo, duerme prácticamente sentada. Así que ese no sería un problema, dormir un poco en su asiento, y otro poco en nuestros brazos. Aunque está acostumbrada a viajar, y ya se conoce de memoria todos los pasos a seguir en los aeropuertos, desde enfocar a la cámara en el control de migraciones, hasta pasar solita extendiendo los brazos por la puerta de seguridad; esta vez no era un vuelo corto (Hong Kong – Amsterdam 12 horas de vuelo).

Los días no nos coincidían para hacer un vuelo directo desde Xiamen a Amsterdam, así que hicimos nuestra primera escala en Hong Kong. Pensamos que lo más conveniente sería viajar de noche, así la cría podría dormir y que el viaje no se le hiciera eterno.

A eso de las 6 de la tarde nos tomamos un taxi al aeropuerto de Xiamen, y ahí tomamos un vuelo a Hong Kong, que por supuesto salió demorado. Estaba previsto para las 7 de la tarde, pero finalmente despegó pasadas las 9 y media de la noche.

Había que abordar el vuelo a Amsterdam pasada la medianoche, así que fue llegar a Hong Kong y transferirnos a la puerta de donde saldría nuestro próximo avión.

El vuelo de Xiamen a Hong Kong se nos hizo corto, ni bien subimos le dieron a Antoinette una bolsa que incluye lápices, libros para pintar, pegatinas, etc. Con esto se distrajo los casi 50 minutos que dura el vuelo.

Cuando llegamos a Hong Kong tratamos de que camine y corra todo lo que quiera, para gastar energías, y poder reponerlas durante el viaje. Sabíamos que “la mañana china”, se le haría un poco eterna en el avión, así que le habíamos llevado cosas para entretenerse.

Al subir al avión con destino a Amsterdam, nos alegró ver a otras familias. Algunas incluso, con recién nacidos. Algunas con más de 2 peques. Antoinette se angustia un poco cuando los bebés lloran, pero si los ve y ve que los padres o cuidadores los atienden, se calma rápido. Algún día voy a comentar como se comunica Antoinette, siempre me ha llamado la atención como se hace entender. Ella llama a los peques “baobei” (宝贝), esto no sabemos a quien se lo escuchó (porque nosotros utilizamos la palabra “baobao” 宝宝 para referirnos a los bebés), pero desde que lo aprendió lo usa con la pronunciación exacta. En  chino “baobei” significa tesoro, y está relacionado al  valor monetario de las joyas. Y por extensión del “valor”, “tesoro”, también se usa para llamar a los bebés, o los más peques de la casa. Muchos señalan que sería una palabra inventada por aproximación a la fonética de bebé en inglés: baby. Pero lo cierto es que la palabra existe, y si buscan su significado encontrarán que “baobei” refiere a: bebé, tesoro, cariño, etc.

Durante este vuelo, BW quedó separado de nosotras por el pasillo. Pero si está dentro del campo de visión de Antoinette tampoco es un problema. La ubicamos en el asiento de la ventanilla, y pronto llegó otra bolsa con pegatinas y libros para pintar, unos auriculares muy bonitos para niños, y por supuesto la comida. Con esto se entretuvo hasta que se quedó dormida. Dormimos varias horas, y nos despertamos en lo que sería la mañana china, a mitad de viaje, y ya casi estábamos sobrevolando el cielo europeo después de haber dejado el siberiano. Ahí quiso que el padre la tomara en brazos, y trató de volver a dormir pero no pudo.

Cerca nuestro había una familia con una peque de la edad de Antoinette, que daba gusto escucharla hablar (en holandés), super despabilada, hasta que la mamá entró en acción y entendimos el porqué de la cría. Había turbulencias así que nos recordaron abrochar el cinturón, la peque que iba parada en el pasillo, no se quería sentar. La madre se levantó, la revoleó en el aire y quedó estampada en el asiento, donde a grito pelado, la ciñeron (literalmente) con el cinturón de seguridad. Durante media hora, la peque gritó con todas sus fuerzas “is te strak” -está muy ajustado-, y a cada grito tenía un desesperado “baobei” de Antoinette. Antoinette habrá pensando que la estaban matando, y no se calmó hasta que alguien de la tripulación vino a decirle a la madre que “ya la podía soltar” (literalmente).

Yo suelo “sacarme” (enojarme), mucho más que BW, pero siempre explico todo con lujo de detalles, porque estoy segura que Antoinette entiende. Y esto es algo que constantemente le reitero a BW, que cada vez que él está con ella, y por alguna razón se tiene que ir, tiene que explicarle. El hecho de que no hable, no quiere decir que no entienda, y que por ende si no sabe que pasa, se angustie. Máxime cuando no se puede expresar. Debe ser muy frustrante. Qué le guste o no la explicación es harina de otro costal, a veces nos responde “ok”, y otras veces negando con la cabeza dice “ah ah”, que es como dice “no” ahora (alguna que otra vez también le suma el dedo índice moviéndolo de lado a lado en signo de negación). Pero la idea general es trasmitirle seguridad.

Y entre turbulencia y turbulencia, llegamos a Amsterdam a las 7 de la mañana del jueves. La diferencia de temperatura entre el otoño holandés y el de Xiamen, es de aproximadamente 20 grados, así que el frío se hizo sentir rápido.

Volver a la “civilización”, cada uno en su mundo, la gente respetando el espacio personal del otro, personas de todas las razas y colores en armonía, sin miradas raras ni gestos o comentarios desubicados. Que lo piensen y no lo digan es otra cosa.

El aeropuerto ya está decorado para las fiestas y llegar cuando los negocios están abriendo, y se siente ese olor tan especial a café y a pan caliente, es indescriptible.

Y después de recoger nuestras maletas, aún sorprendida porque de los pasaportes de BW y Antoinette solo miraron la foto, sin poner ningún sello, y a mi solo me preguntaron porque no tenía permiso de residencia en Holanda (a lo cual respondí porque no vivo acá) y de que después de sellar el mio, me desearan una “buena estadía” (sin siquiera saber por cuánto tiempo me quedaba o si tenía ticket de regreso); nos dirigimos hacia el estacionamiento donde nos esperaba el coche, con la flamante silla para Antoinette. 
En China prácticamente no se usa la silla para el coche, de hecho no es obligatorio, y es muy común ver a los peques sentados incluso en la falda del conductor/a. Así que esta era una experiencia nueva para Antoinette, y no sabíamos como iba a reaccionar. La silla era de la misma línea que de su cochesito (carriola), con lo cual pensamos que sería cómoda/conocida. Por suerte no tuvimos ningún problema, y se adaptó super bien, incluso durmió varias siestas. 
Amsterdam nos recibió con lluvia y frío, pero al día siguiente pudimos disfrutar de un día frío y soleado, para finalmente lidiar con la niebla cuando nos tocó pegar la vuelta (volver). 
Al viaje de vuelta, tengo que reconocer que le tenía miedo, sobre todo porque nos pusimos en camino al aeropuerto a las 9 de la mañana. Pensé que sería eterno. A las 12 y media ya estábamos abordando nuestro vuelo de vuelta a Hong Kong. Tenía un humor de perros, pues el policía de migraciones se puso a hacer preguntas estúpidas y BW se distrajo, porque claro, las preguntas no eran a mi, sino a él sobre mi, y en un descuido estampó el sello de salida en una página limpia (habiendo cientos de lugares disponibles, incluso donde la semana anterior habían estampado el ingreso), una de las 3 últimas páginas limpias que me quedan en el pasaporte. Es decir que ahora tengo solo 2 páginas limpias, y espero con esto poder renovar el próximo año mi residencia en China. Estaba tan enojada, que le hice tirar a BW todas las cosas que le habían encargado sus compañeros, incluso dos cajas de fórmula (esto merece un post aparte). Me acordé de todos sus parientes, y le hubiera partido algo en la cabeza sino fuera porque me hubieran detenido y hubiera perdido el vuelo. 
Y vuelta a la rutina del avión (pegatinas, libros para colorear, películas, música, juegos, comida, etc), y aunque viajé super incómoda, tengo que reconocer que Antoinette durmió la mayor parte del tiempo, y eso se agradece. Llegamos a las 7 de la mañana a Hong Kong y nuestro vuelo a Xiamen era a las 10 AM. Así que desayunamos, y dejamos que Antoinette jugara a sus anchas. 
Si tuviera que hacer un balance, cosa que no me gusta en absoluto, por eso digo: si tuviera… Tengo que reconocer que el viaje estuvo muy bueno, que pudimos hacer un montón de cosas, y que Antoinette disfrutó mucho. Que lo que menos me gusta son los efectos del jet lag en Antoinette, que esta mañana por ejemplo, se sentía descompuesta. Pero reconozco sus síntomas, porque cuando estoy muy cansada me siento igual. La llevamos recuperándose de un resfrío, que no se ha ido del todo. Y aunque tratamos de mantener los horarios chinos, nos fue imposible. Así que su pequeño cuerpo está un poco confundido. 
Esto ha quedado hecho un “rollo”, pero no quería dejar pasar ningún detalle. Para cuando sea vieja y no me acuerde (o no me quiera acordar) de nada 🙂 Este viaje era muy importante para BW y para Antoinette. Y si lo es para ellos, por supuesto lo es para mi. 

Domingo en Rotterdam

Casi una semana en Holanda, una semana de locos, levantándonos a las 4 de la mañana y yéndonos a dormir a las 8 de la noche. Teníamos 3 días hábiles para hacer un montón de trámites, y teníamos un fin de semana para compartir con la familia y participar del memorial del papá de BW. 
Tratamos de estirar al máximo posible cada minuto, y Antoinette pudo pasar bastante tiempo con su Oma. Y el domingo conoció a prácticamente toda la familia de BW, solo faltaban 2 primos, pero el resto estaban todos. 
Nos habían dejado el coche aparcado en el aeropuerto en Amsterdam, así que de ahí nos fuimos directo a Rotterdam, y el domingo el memorial fue en La Haya. Caminamos bastante, porque había muchos trámites para hacer, pero es mejor dejar el coche estacionado en algún estacionamiento y caminar, y caminar, y caminar. Lo bueno de esto, es que amerita de vez en cuando, tomarse algo calentito, comer algo rico, para reponer energías. 
Como arrancábamos muy temprano por la mañana, teníamos la ciudad para nosotros, y aunque hacía bastante frío, sobrevivimos!
BW nació y se crió en Rotterdam, y la conoce como la palma de su mano, yo apago todas las luces y lo sigo. Durante esos días atravesamos varias veces la Estación Central de trenes, pues estacionábamos el coche justo detrás. 
La Estación Central, aunque todavía está en obras, no deja de ser llamativa. Las personas se vuelven diminutas, se absorben en el diseño del edificio. 
Rotterdam es una mezcla de edificios antiguos y modernos, con mucha cultura: museos, obras de teatro, etc. 
Hay muchísimos lugares donde comprar comida de paso (mucha comida asiática), donde tomarse un chocolate o café, o simplemente donde sentarse a comer unas ricas papas fritas. 
La ciudad se está preparando para las fiestas (San Nicolás, Navidad y Año Nuevo), hay mucho color por todos lados. 
Un montón de cosas interesantes para ver, unas tiendas super lindas de craft, un montón de cosas ricas para comer (aunque a mi me bastan unos paquetes de roomboter stroopkoeken con unas tazas de té English de Pickwick), la gente es muy agradable, casi todo el mundo habla inglés y te dan charla. 
Antoinette disfrutó un montón, y creo que nos tomará unos días terminar de procesar tanta información para los sentidos. Una ciudad muy bonita y muy “caminable” 🙂  (el tráfico y encontrar lugar donde aparcar es harina de otro costal!)