Rosa China

En la habitación de mis padres solía haber una ventana de estilo colonial, con los postigos pintados de color amarillo. Recuerdo haber pasado muchas siestas de mi infancia mirando por esa ventana. Como no me gustaba dormir, mi mamá negociaba conmigo prestarme sus cosas (maquillajes, esmaltes de uña, alajeros, etc), para que me quede con ella sin hacer ruido. En el pueblo, solo los niños “singobierno” tenían la libertad de correr o jugar en las horas donde la mayoría de los adultos descansaba.

La ventana amarilla daba a un huerto. El huerto estaba lleno de plantas de pomelo y una enorme planta de banana. El jardín estaba en el extremo final, y tenía un par de plantas de rosas que mi abuelo cuidaba con mucha dedicación. Este jardín de rosas, era la vista del dormitorio de mis abuelos.

Desde la ventana amarilla se podían ver los amaneceres más lindos, me gustaba entreabrir los postigos y ver como asomaba el sol. Justo frente a la ventana, había una planta de “rosas chinas” rojas, como la de la foto, que en las mañanas de verano solía amanecer humedecida de rocío. Los rayos de sol se escurrían entre las ramas cubiertas de flores y poco a poco iluminaban completamente la habitación.

A veces me da la sensación de no haber dormido nunca, pues tengo recuerdos muy vividos donde la mayoría de los habitantes de mi casa, estaban durmiendo. Y era una casa donde no se dormía mucho, todos madrugaban, sin embargo yo, sigo teniendo esa sensación de esperar que amanezca, de esperar que alguien se levante para poder levantarme.

Las siestas eran eternas, y yo esperaba absorta, pintada como una puerta, a que alguien se levantara para salir corriendo a disfrutar de la tarde. Generalmente era mi abuelo el primero en levantarse, media hora de siesta le bastaban, así que podía ir a despertar a mi abuela, que con toda la paciencia del mundo me sacaba el kilo de maquillaje que me había embadurnado, con la ayuda de sus cremas  “sapolan” y “tortulan”. Después de charlar un rato con mi abuela en la cama, y encremada de pies a cabeza, nos levantábamos a merendar.

Mi hija me remonta a mi infancia, aunque no tenemos muchas cosas en común, generalmente es BW el que se sorprende de que a su hija le gusten las mismas cosas que a él, o que haga las mismas cosas que él hacía cuando era chico, como jugar con la saliva, o quizás a mi no me dejaban. Yo he tenido una madre muy amiga del NO! Pero de las cosas que tenemos en común con Antoinette, “encremarse” es una de sus favoritas. Cuando queremos distraerla con algo, le damos una crema, y ella se encarga del resto. Crema en las piernas, en los brazos, con la punta del dedo índice, y extrema concentración.

La semana que viene empiezan las clases, y yo estoy SUPER NERVIOSA. Me viene a la memoria mi papá, que no quería que yo fuera al jardín. Tendrá apenas 3 años, y la idea es que vaya solo 3 horas por la mañana. Me quiero relajar y hacer las cosas a la manera de BW, pero creo que no va a funcionar, no es mi esencia.

Le pregunté si se tomará el día para acompañar a Antoinette a la escuela, y me preguntó “¿Por qué?” jajaja Le conté que el día que empecé la escuela, fue toda mi familia a acompañarme. Parece que a él no, su mamá fue, lo dejó en la puerta de la escuela y listo.

Él inscribió a Antoinette en la escuela, y por supuesto no preguntó nada, porque la información que le dieron para él fue más que suficiente. Él no necesita saber minuto a minuto que va a hacer Antoinette. Yo si.

Le dieron una carpeta llena de papeles, y ya me los leí todos -mínimo- diez veces. Lo mismo de siempre, todo es responsabilidad de los padres, pero sugiere no darles dulces para la hora del aperitivo y recomienda fervientemente que lleven “comida para el cerebro” (?).

Estoy en la disyuntiva de que BW venga o no a acompañarnos, porque ella lo trata como asistente, y si no le gusta la idea de quedarse, se le va a pegar como una lapa al padre. Y como diría mi abuela, vamos a ir los tres a mostrar la hilacha jajaja Tengo un día más para pensar.

Se nos terminan las vacaciones, pero tenemos muchos motivos para celebrar el tercer cumpleaños de nuestra hija 🙂

Hibiscus rosa-sinensis: rosa china, la cayena, rosa de China, cuc arda, hibisco, papo, San Joaquín, pacífico, cardenales o flor del beso, es un arbusto perennifolio de la familia de las Malváceas, originaria de Asia oriental. Se cultiva como planta ornamental en los trópicos y subtrópicos. Las flores se usan para abrillantar zapatos y para el cuidado del pelo en algunas zonas de la India. Es la flor nacional de Malasia (Bunga raya en malayo). Es también flor de la ciudad colombiana de Barranquilla y del estado venezolano de Zulia.