La hora del té

Para muchos la hora del té, es tipo 5 de la tarde. Para otros, a las 3. Para mi no hay una hora exacta, cualquier momento del día es bueno para reponer energías con una taza de té.

Generalmente me levanto cuando BW cierra la puerta, por supuesto me despierto con su despertador a las 5 de la mañana, pero como el marido no se lleva bien con las mañanas, y anda por la casa como un elefante en un bazar, prefiero dejarlo solo, con sus espacios, con sus tiempos.

No debería criticarlo, porque es un santo. Literalmente. En todo el sentido de la palabra. Solo diré que mi hepersencibilidad matutina a los olores, hace que nuestras mañanas sean incompatibles. Cuando BW se levanta de la cama, lo primero que hace es preparar el café, bien fuerte, como para levantar a un muerto. Y luego se mete al baño y se da una ducha con su jabón líquido, que me hace contar los segundos hasta escuchar el ruido de la puerta cerrarse, y entonces corro como una paseída al baño, para abrir la ventana y  que se ventile.

Entonces comienza “mi mañana”. Yo suelo tomar café, pero a media mañana, casi nunca en el desayuno. Mis mañanas siempre comienzan con té o mate cocido, desde que tengo uso de razón. Así que lo primero que hago, es poner el agua a hervir, y después me preparo un termo té negro, que suele acompañarme mientras hago mis quehaceres.

Mis días están llenos de “tea time”, de los “cinco minutos” de La Virginia. Y como aún no me he podido comprar un mueble para ordenar mis bártulos del té, los guardo como tesoros en unos baúles abajo de la mesa.

Cuando estoy triste (o mejor dicho, tengo rabia!) tomo té, cuando estoy contenta, también.

La cultura del té es tan vasta y variada, que se que no me va a alcanzar la vida para aprender o experimentar todo. Pero cada vez que visitamos un lugar, yo no me puedo ir, sin investigar un poco los rituales de su té.

Cuando estamos en Hong Kong, los lunes por la tarde, tenemos un rato libre para nosotras. Aunque tengo que reconocer que soy yo, la que orquesta los planes. Y Antoinette ya comienza a rebelarse jajaja Le dan berrinches antes de subirse al taxi, o no se quiere bajar del taxi y la tengo que bajar con ayuda del taxista jajaja Por supuesto que lo hacemos todo con humor, ya saben que las cosquillas nunca fallan.

Este lunes pasado, nos arriesgamos un poco y fuimos a otra parte del archipiélago. Es un lugar bastante conocido por nosotras, pero se que si se lo hubiese planteado a BW, me hubiera dicho que mejor no. Pero allá fuimos las dos, y nos perdimos un poco en unos mercado callejeros de Prince Edward, con la finalidad de comprar un poco de lana merino para tejerle un chaleco.

Había buscado información por internet, y las explacaciones de como llegar al lugar no me resultaron muy claras, pero no perdíamos nada (más allá de perdernos). Y nos recompensaríamos con un buen té en el Hotel The Peninsula.

Antoinette había dormido una buena siesta, así que salimos un poco tarde. Le pregunté al primer taxista si nos llevaba a Kowloon, y me miró como si fuera Jack el destripador. Entonces le pedí que nos acercara hasta una calle donde los taxistas de Kowloon, esperan para volver a la península.

Llegamos a Prince Edward y empezamos a recorrer, en busca del edificio donde se supone estaba la tienda de lanas. Finalmente lo encontramos después de perdernos un rato en un mercado de mascotas y plantas.

Teníamos el tiempo en contra, y la hora volaba. Compramos la lana que necesitábamos, y emprendimos nuestro viaje al Hotel. En The Peninsula, sirven el té hasta las 7 de la tarde, pero la realidad es que a las seis y media, ya te miran medio raro.

Nosotras llegamos a las 6 en punto!!! Y nos acomodamos en una mesita, Antoinette por supuesto quería ir a explorar todo. Pero logré convencerla de que nos tomáramos un té, a cambio de prestarle mis lanas.

El lugar es muy bonito, es una pena que no haya podido sacar buenas fotos. Ya poco y nada quedaba de luz, y la gente comenzaba a irse. Al rato que nosotras llegamos, comenzaron a encender las velas. Y entonces la hora del té se termina, y comienza la hora del cocktail.

En Hong Kong hay cientos de lugares donde tomarse un té o un café, pero el The Peninsula, es uno de los pocos lugares donde lo sirven al estilo inglés (colonial).

 Ellos tienen sus propios blends, y por la tarde sirven el Afternoon Tea, de todas maneras uno puede pedir el tipo de té o café que desee.

Al sentarse te traen el menú, y uno puede elegir el servicio dependiendo de la cantidad de personas. Como es abundante, solo pedimos para una persona. Había lo clásico: sándwiches, scones con mermelada de frutilla y crema, y unos dulces.

La gente es sumamente amena, pero no te agobian como en otros lugares. El ambiente es muy relajado y tranquilo, y se nota que la mayoría de las personas eran residentes de la isla, aunque había algún que otro turista. Todo el mundo estaba muy distendido charlando, y poco a poco se fueron despidiendo.

Es un lugar sumamente recomendable, así que si visitan Hong Kong, no se pueden perder la hora del Té en este famoso hotel: The Peninsula.

El Hotel fue fundado en el año 1938 apróximadamente, y fue destruido en gran parte, durante la invasión japonesa. Sin embargo, fue reconstruido y no ha perdido su encanto. El hotel también ofrece un servicio de avistaje de la isla en helicóptero, cosa que nunca haremos jajaja No me gustan los helicópteros!

Y después de nuestro rico té, volvimos a Causeway Bay con unos chocolates amargos para BW, que no salía de su asombro cuando le contamos donde estábamos:)

También nos trajimos un poco de té en hebras para seguir disfrutando de esta experiencia en casa:)

Estos macarones rellenos con una crema de limón bastante dulce y ácida, son IMPERDIBLES!!!