Viajar

Último llamado para el vuelo con destino a… 
Siempre me ha gustado viajar, hacer listas para los viajes, hacer las valijas, preparar la mochila, emprender la aventura de cruzarme con un montón de cosas diferentes, con personas que no conozco, estar en un lugar determinado por unos días, y caminar y maravillarme con esas cosas típicas y cotidianas de cada lugar. 
Ver a las personas, conocer sus hábitos, donde se reúnen determinados colectivos a determinada hora, la gente que trabaja en las oficinas, la gente que vuelve a casa después del trabajo, las horas pico, las caras de viernes en la calle, las caras de lunes en el metro… 
Siempre que visitamos una ciudad me gusta ir al supermercado y recorrerlo de punta a punta, ver que curiosidades o novedades tiene. Muchas veces no compro nada, solo miro, toco, huelo… Me gustan los mercados callejeros, los puestos de feria, los mercados nocturnos, las tiendas de cosas lindas…  
Me gustan las fotos, las postales, los recuerdos, las artesanías típicas, la comida en la calle, el té de cada lugar… 
Desde que somos una familia de tres, poco y nada hemos viajado por placer, pero lo cierto es que hemos tratado de disfrutar al máximo cada viaje, incluso cuando sabíamos que el motivo del viaje podía no ser motivo de felicidad, incluso cuando todo es cuesta arriba… 
Y Antoinette disfruta mucho de viajar, de todas esas sorpresas (y no tan sorpresas) que le esperan durante el viaje. Pero por sobre todas las cosas, disfruta de que estamos lo 3 juntos, y por supuesto pendientes de ella. 
Cuando uno viaja la perspectiva del tiempo es diferente, se rompen las rutinas, y a la vez te hace valorar esas cosas de la vida cotidiana, que a la distancia, te saben tan tuyas, y de tu familia. 
Y uno se va haciendo un lugarcito en el mundo que lo rodea, prepararse para las esperas en los aeropuertos, encontrar justo ese asiento en un rincón especial, cerca de una ventana desde donde podemos ver a los aviones carretear. Sacar ese libro que hace rato quiero leer y no tengo tiempo, o ganas. Sacar mi bordado, y bordar con un ojo mientras con el otro miro como Antoinette se descostilla de risa escondiéndose del padre, que con su santa paciencia la persigue por todo el aeropuerto en Xiamen, que no es tan grande, pero que imagino es enorme para Antoinette. 
Y miro a las personas, las que están nerviosas, las que se relajan, se abstraen y se olvidan cosas. Me gusta le gente, que después de leer el diario -periódico- de algún país, lo deja en algún lugar para que otra persona lo pueda leer u hojear si no se entiende el idioma. En el aeropuerto, mientras esperamos me acerco a los puestos de revista y curioseo las revistas de interiores, las de jardines y plantas. Se me rompe el corazón cuando leo que Wang Lee-hom ha encontrado al amor de su vida, y en la portada de varias revistas abraza a una chica diciendo que Wang baba y Wang mama están muy felices con Lee Jinglei.  Saco fotos de las noticias del corazón y las comparto con mis alumnas y amigas chinas. 
Antoinette quiere mirar los pasaportes una y otra vez, al menos acepta sentarse, y bajo la atenta mirada de BW, los mira uno por uno, hoja por hoja. 
Finalmente nuestro avión llega, y hay que empezara a abordar. Antoinette se despide de su cochecito, y ya se conoce la rutina, una de las azafatas lo mete en una bolsa gigante y le promete a Antoinette que la estará esperando en arribos. A Antoinette le cuesta desprenderse de sus cosas, y a regañadientes acepta, al mismo tiempo que BW le explica que tiene que guardar el perro en la mochila y darle la mano. 
Ya en el avión tenemos rutinas, a veces merendamos, otras veces jugamos con pegatinas, y otras veces nos maravillamos mirando por la ventilla… 
No sé si encontraremos a una solución a todos nuestros problemas, pero mientras la buscamos, seguiremos creciendo juntos, como cuando emprendimos esta aventura de ser una familia de 3. Y no importa donde, lo más importante siempre será: estar juntos.  

Notas de un viaje…

Este ha sido para Antoinette, su primer viaje largo. Su primera vez en los Países Bajos. Siempre había pensado que solo la pondría en un viaje así en caso de necesidad extrema, al menos hasta que “entienda”. Y esa es una de las razones, por las cuales no he vuelto a Argentina aún. Supongo que el próximo año, ya con 4 cumplidos, podremos organizar un viaje acorde a nuestras necesidades, y a nuestro ritmo.

Hay una idea, bastante extendida, de que los peques se adaptan a todo. Y en parte estoy de acuerdo, pero por otro lado, y aunque es muy bueno viajar, creo que somos los adultos los que ponemos a los niños en esas situaciones. Y ellos, en su inocencia, teniendo cerca a sus padres o cuidadores, emprenden todas nuestras locuras.

Antoinette desde siempre, y por su reflujo, duerme prácticamente sentada. Así que ese no sería un problema, dormir un poco en su asiento, y otro poco en nuestros brazos. Aunque está acostumbrada a viajar, y ya se conoce de memoria todos los pasos a seguir en los aeropuertos, desde enfocar a la cámara en el control de migraciones, hasta pasar solita extendiendo los brazos por la puerta de seguridad; esta vez no era un vuelo corto (Hong Kong – Amsterdam 12 horas de vuelo).

Los días no nos coincidían para hacer un vuelo directo desde Xiamen a Amsterdam, así que hicimos nuestra primera escala en Hong Kong. Pensamos que lo más conveniente sería viajar de noche, así la cría podría dormir y que el viaje no se le hiciera eterno.

A eso de las 6 de la tarde nos tomamos un taxi al aeropuerto de Xiamen, y ahí tomamos un vuelo a Hong Kong, que por supuesto salió demorado. Estaba previsto para las 7 de la tarde, pero finalmente despegó pasadas las 9 y media de la noche.

Había que abordar el vuelo a Amsterdam pasada la medianoche, así que fue llegar a Hong Kong y transferirnos a la puerta de donde saldría nuestro próximo avión.

El vuelo de Xiamen a Hong Kong se nos hizo corto, ni bien subimos le dieron a Antoinette una bolsa que incluye lápices, libros para pintar, pegatinas, etc. Con esto se distrajo los casi 50 minutos que dura el vuelo.

Cuando llegamos a Hong Kong tratamos de que camine y corra todo lo que quiera, para gastar energías, y poder reponerlas durante el viaje. Sabíamos que “la mañana china”, se le haría un poco eterna en el avión, así que le habíamos llevado cosas para entretenerse.

Al subir al avión con destino a Amsterdam, nos alegró ver a otras familias. Algunas incluso, con recién nacidos. Algunas con más de 2 peques. Antoinette se angustia un poco cuando los bebés lloran, pero si los ve y ve que los padres o cuidadores los atienden, se calma rápido. Algún día voy a comentar como se comunica Antoinette, siempre me ha llamado la atención como se hace entender. Ella llama a los peques “baobei” (宝贝), esto no sabemos a quien se lo escuchó (porque nosotros utilizamos la palabra “baobao” 宝宝 para referirnos a los bebés), pero desde que lo aprendió lo usa con la pronunciación exacta. En  chino “baobei” significa tesoro, y está relacionado al  valor monetario de las joyas. Y por extensión del “valor”, “tesoro”, también se usa para llamar a los bebés, o los más peques de la casa. Muchos señalan que sería una palabra inventada por aproximación a la fonética de bebé en inglés: baby. Pero lo cierto es que la palabra existe, y si buscan su significado encontrarán que “baobei” refiere a: bebé, tesoro, cariño, etc.

Durante este vuelo, BW quedó separado de nosotras por el pasillo. Pero si está dentro del campo de visión de Antoinette tampoco es un problema. La ubicamos en el asiento de la ventanilla, y pronto llegó otra bolsa con pegatinas y libros para pintar, unos auriculares muy bonitos para niños, y por supuesto la comida. Con esto se entretuvo hasta que se quedó dormida. Dormimos varias horas, y nos despertamos en lo que sería la mañana china, a mitad de viaje, y ya casi estábamos sobrevolando el cielo europeo después de haber dejado el siberiano. Ahí quiso que el padre la tomara en brazos, y trató de volver a dormir pero no pudo.

Cerca nuestro había una familia con una peque de la edad de Antoinette, que daba gusto escucharla hablar (en holandés), super despabilada, hasta que la mamá entró en acción y entendimos el porqué de la cría. Había turbulencias así que nos recordaron abrochar el cinturón, la peque que iba parada en el pasillo, no se quería sentar. La madre se levantó, la revoleó en el aire y quedó estampada en el asiento, donde a grito pelado, la ciñeron (literalmente) con el cinturón de seguridad. Durante media hora, la peque gritó con todas sus fuerzas “is te strak” -está muy ajustado-, y a cada grito tenía un desesperado “baobei” de Antoinette. Antoinette habrá pensando que la estaban matando, y no se calmó hasta que alguien de la tripulación vino a decirle a la madre que “ya la podía soltar” (literalmente).

Yo suelo “sacarme” (enojarme), mucho más que BW, pero siempre explico todo con lujo de detalles, porque estoy segura que Antoinette entiende. Y esto es algo que constantemente le reitero a BW, que cada vez que él está con ella, y por alguna razón se tiene que ir, tiene que explicarle. El hecho de que no hable, no quiere decir que no entienda, y que por ende si no sabe que pasa, se angustie. Máxime cuando no se puede expresar. Debe ser muy frustrante. Qué le guste o no la explicación es harina de otro costal, a veces nos responde “ok”, y otras veces negando con la cabeza dice “ah ah”, que es como dice “no” ahora (alguna que otra vez también le suma el dedo índice moviéndolo de lado a lado en signo de negación). Pero la idea general es trasmitirle seguridad.

Y entre turbulencia y turbulencia, llegamos a Amsterdam a las 7 de la mañana del jueves. La diferencia de temperatura entre el otoño holandés y el de Xiamen, es de aproximadamente 20 grados, así que el frío se hizo sentir rápido.

Volver a la “civilización”, cada uno en su mundo, la gente respetando el espacio personal del otro, personas de todas las razas y colores en armonía, sin miradas raras ni gestos o comentarios desubicados. Que lo piensen y no lo digan es otra cosa.

El aeropuerto ya está decorado para las fiestas y llegar cuando los negocios están abriendo, y se siente ese olor tan especial a café y a pan caliente, es indescriptible.

Y después de recoger nuestras maletas, aún sorprendida porque de los pasaportes de BW y Antoinette solo miraron la foto, sin poner ningún sello, y a mi solo me preguntaron porque no tenía permiso de residencia en Holanda (a lo cual respondí porque no vivo acá) y de que después de sellar el mio, me desearan una “buena estadía” (sin siquiera saber por cuánto tiempo me quedaba o si tenía ticket de regreso); nos dirigimos hacia el estacionamiento donde nos esperaba el coche, con la flamante silla para Antoinette. 
En China prácticamente no se usa la silla para el coche, de hecho no es obligatorio, y es muy común ver a los peques sentados incluso en la falda del conductor/a. Así que esta era una experiencia nueva para Antoinette, y no sabíamos como iba a reaccionar. La silla era de la misma línea que de su cochesito (carriola), con lo cual pensamos que sería cómoda/conocida. Por suerte no tuvimos ningún problema, y se adaptó super bien, incluso durmió varias siestas. 
Amsterdam nos recibió con lluvia y frío, pero al día siguiente pudimos disfrutar de un día frío y soleado, para finalmente lidiar con la niebla cuando nos tocó pegar la vuelta (volver). 
Al viaje de vuelta, tengo que reconocer que le tenía miedo, sobre todo porque nos pusimos en camino al aeropuerto a las 9 de la mañana. Pensé que sería eterno. A las 12 y media ya estábamos abordando nuestro vuelo de vuelta a Hong Kong. Tenía un humor de perros, pues el policía de migraciones se puso a hacer preguntas estúpidas y BW se distrajo, porque claro, las preguntas no eran a mi, sino a él sobre mi, y en un descuido estampó el sello de salida en una página limpia (habiendo cientos de lugares disponibles, incluso donde la semana anterior habían estampado el ingreso), una de las 3 últimas páginas limpias que me quedan en el pasaporte. Es decir que ahora tengo solo 2 páginas limpias, y espero con esto poder renovar el próximo año mi residencia en China. Estaba tan enojada, que le hice tirar a BW todas las cosas que le habían encargado sus compañeros, incluso dos cajas de fórmula (esto merece un post aparte). Me acordé de todos sus parientes, y le hubiera partido algo en la cabeza sino fuera porque me hubieran detenido y hubiera perdido el vuelo. 
Y vuelta a la rutina del avión (pegatinas, libros para colorear, películas, música, juegos, comida, etc), y aunque viajé super incómoda, tengo que reconocer que Antoinette durmió la mayor parte del tiempo, y eso se agradece. Llegamos a las 7 de la mañana a Hong Kong y nuestro vuelo a Xiamen era a las 10 AM. Así que desayunamos, y dejamos que Antoinette jugara a sus anchas. 
Si tuviera que hacer un balance, cosa que no me gusta en absoluto, por eso digo: si tuviera… Tengo que reconocer que el viaje estuvo muy bueno, que pudimos hacer un montón de cosas, y que Antoinette disfrutó mucho. Que lo que menos me gusta son los efectos del jet lag en Antoinette, que esta mañana por ejemplo, se sentía descompuesta. Pero reconozco sus síntomas, porque cuando estoy muy cansada me siento igual. La llevamos recuperándose de un resfrío, que no se ha ido del todo. Y aunque tratamos de mantener los horarios chinos, nos fue imposible. Así que su pequeño cuerpo está un poco confundido. 
Esto ha quedado hecho un “rollo”, pero no quería dejar pasar ningún detalle. Para cuando sea vieja y no me acuerde (o no me quiera acordar) de nada 🙂 Este viaje era muy importante para BW y para Antoinette. Y si lo es para ellos, por supuesto lo es para mi. 

Pomelo Honey Tea (te de pomelo con miel) o Youzi Cha (柚子茶)

El invierno pasado, cuando fuimos a Beijing, nos hospedamos en un hostel que está a escasos metros de la Ciudad Prohibida –que según ChinoChano ahora está prohibido llamarla así, y su nombre oficial es Museo del Palacio Imperial-. Este pequeño hostel está en medio de un pintoresco hutong, y más allá de la calidez del lugar, lo que más me gusta es la gente que trabaja allí.
Recuerdo que llegamos a Beijing con la primera gran nevada –artificial- del año, a principios de noviembre, y el trayecto desde el aeropuerto al centro de la ciudad fue realmente una postal, todo estaba absolutamente cubierto de un espeso manto blanco. Ni que decir lo que fue la Gran Muralla J, impagable!
El hecho es que cada día, después de hacer los recorridos turísticos habituales, volvíamos al hostel congelados. Y nada mejor que sentarse en la sala de estar, en sus cómodos sillones y disfrutar de una taza de café o te caliente, leyendo algún libro u hojeando revistas de diseño.
A mi el te me gusta muchísimo, en todas sus variedades, y estoy en el país del te, y no me refiero solamente al te verde, sino a todas las variedades de te –te como infusión- que se les pueda ocurrir, y muchas de ellas están estrechamente ligadas a la medicina tradicional china. Y ya me gustaría ser Ines Berton y recorrer el mundo en busca de los mejores te J
Y así fue como en este hostel probamos por primera vez el “pomelo honey tea” (te de pomelo con miel) o “youzi cha” (柚子茶). No es un simple te de pomelo, ya que los que estamos acostumbrados a tomar mate sabemos que podemos saborizar la yerba con cascaras –secas o frescas- de limón o naranja, este te requiere un proceso más elaborado.
Nosotros acá lo compramos en el supermercado –no es barato-, pero buscando mas información sobre sus propiedades, encontré un blog naturista super interesante que explica como prepararlo –incluye receta-. En la etiqueta del frasco del te que frecuentemente compramos también explica que se puede untar en el pan como mermelada, pero nunca he probado esto.
La cáscara y pulpa de pomelo que se utilizan para elaborar este te, pertenecen a una variedad de pomelo típica de esta región. Son unos pomelos enormes, sin mucho jugo, carnosos, y en el supermercado también podemos conseguir bandejitas con los gajos ya pelados y listos para comer.
En mi pueblo hay muchísimas plantas de pomelo, pero los que abundan son los pomelos amarillos comunes, muy dulces por cierto. Esta variedad de pomelo también tenemos y la llamamos “pomelo sidra”. Su cáscara es super gruesa.
En fin, el blog del que les hablaba se llama Simply Senz y lo tengo enlazado, así que pueden visitarlo para más detalles. También hay enlazado otro blog llamado Chinese honey pomelo fruit en el que pueden encontrar un poco más de información sobre esta variedad de pomelo y donde se cultiva en China.
Nosotros, todas las noches antes de ir a dormir nos tomamos una taza de “pomelo honey tea”, y a BW –ahora que hace frío- le gusta echarle un chorrito de ginebra J

Sala de estar del hostel de Beijing
(Foto tomada de Google Imágenes)