Festival de Zhongyuan

Las fotos que se publican en esta entrada, no son mías, las encontré en el ordenador de BW, y “creo” que fueron tomadas
por su mamá en Hong Kong y Guangdong. Sin embargo, me las apropié y edité porque me venían “como anillo al dedo” 
para este post. Esta foto fue tomada en algún templo de la ciudad cantonesa de Guangzhou, y desconozco el nombre de la deidad que se venera. 

Estamos en el séptimo mes del calendario lunar chino, y según la creencia popular este es el “mes de los fantasmas” -espíritus/ánimas-. Aparentemente durante este tiempo, se abren las puertas del inframundo, y todos los espíritus andan dando vuelta entre nosotros.

Por supuesto, a esta creencia popular hay que sumarle ciento de supersticiones al respecto: no permiten a los niños salir solos a la noche, para que no sean poseídos por los espíritus; recomiendan no ir a nadar a los ríos o al mar, para no ser arrastrado por los espíritus al inframundo, etc. 
Todo esto, hasta el décimo quinto día del séptimo mes, que es cuando se celebra el Festival de Zhongyuan, o Festival de los Fantasmas Hambrientos. Entre el norte y el sur de China, esta festividad varía entre uno o dos días. Pero, aparentemente, este año sería el 21 de agosto. 
En la cultura china hay dos festividades relacionadas a los muertos, una, que se conoce como Qingming -limpiar/barrer las tumbas- donde se ofrenda a los ancestros o antepasados. Y esta segunda festividad, en donde son ofrendados todos los espíritus. 
Por ejemplo, si una persona muere muy joven, sin dejar descendencia, lo lógico sería, que sus deudos (hermanos, padres, amigos, etc) lo ofrendaran en Zhongyuan, porque en Qingming generalmente se ofrenda a los padres y abuelos fallecidos (ancestros y antepasados). 
Durante el Festival de Zhongyuan, se ofrenda con quemas de incienso, y en algunas regiones de China queman papel o dinero falso, incluso diferentes artesanías hechas de papel o de papel mache. Ayer por la tarde, antes de la tormenta y lluvia torrencial que cayó, la humareda mezclada con el calor y la humedad era sofocante.

Si la intuición no me falla, esta foto fue tomada en Hong Kong, en una de esas tiendas que venden estas artesanías hechas de cartón para quemar en los funerales o en las ofrendas para los espíritus. Las casitas de cartón me encantan! 
A eso de las 3 de la tarde, se juntaron las vecinas que suelen bailar por la tarde con los abanicos, vestidas con prendas rojas, e hicieron danzas con platillos de metal, antes de hacer la quema. También ofrendaron comida, arroz y frutas. 
Esta es una costumbre/ritual budista, que los taoístas también conmemoran, y aparentemente en la comunidad internacional se celebra el día 15 de agosto del calendario occidental. 
Más ofrendas para quemar, réplicas de latas de coca cola, de comida de KFC, y de cuanto uno se pueda imaginar, y a gusto y piacere de los espíritus. Se supone que lo que se quema era del gusto del finado. 

Después de las ofrendas, suelen encender velas y lámparas (en algunos lugares los hacen flotar en los ríos) para que la luz guíe a los fantasmas en su regreso. 
Ahora vivimos en el sur de la isla, donde los nuevos edificios emergen entre las casas típicas de campo. Desde la ventana de la cocina puedo ver, que casi todas las casas tienen un altar para hacer sus ofrendas, e incluso hay un templo bastante viejo. 
Este es un altar para ofrendar, en algún templo de Hong Kong. 

El domingo, desayunábamos con BW en la cocina, y me comentaba que más temprano habían demolido algunas casas. Y un rato más tarde ya estaban moviendo tierra en camiones. Y por la tarde llegaron las topadoras para nivelar el terreno. Seguramente edificaran mas torres, y perderemos la vista de la playa. Cosa que no me preocupa, después de pensar en la sensación que debe sentir una persona -sobre todo los mayores- cuando tiene que abandonar su casa, aunque haya compensación económica. 
En mi casa del pueblo, también teníamos un altar para venerar a nuestros muertos. Prendíamos velas, rezábamos, poníamos flores. A veces tengo la sensación de que esas cosas son necesarias, para hacer la vida más liviana, ligera. Dejar en un rincón de la casa esa parte de uno, que de no haber, o uno anda con ese “vacío” infinito -como si fuera un hueco-, o cargándolo como una mochila pesada. 

Lógicamente es una cuestión cultural. También pienso en la cara de BW si un día encuentra un altar en la casa jajajaja